Sobre Mester de Narradores de la Academia Dominicana de la Lengua

El grupo Mester de Narradores de la Academia Dominicana de la Lengua reúne a varios narradores y narradoras, dedicados a la producción y a la promoción de la literatura de la República Dominicana.

El colectivo es coordinado por el destacado escritor Manuel Salvador Gautier. Está integrado además por Ángela Hernández, Rafael Peralta Romero, Emilia Pereyra, Ofelia Berrido y Miguel Solano.

El grupo Mester de Narradores participa en actividades literarias como paneles, conferencias y en otros eventos destinados a promover y difundir la literatura dominicana.

En este blog encontrarán textos de los integrantes del grupo Mester de Narradores de la Academia Dominicana de la Lengua y temas relacionados con la narrativa.
Gautier Gana Premio Nacional Feria del Libro


El destacado escritor Manuel Salvador Gautier ganó, el pasado mes de mayo de 2011, del Premio Nacional Feria del Libro Eduardo León Jimenes 2011, otorgado por Grupo León Jimenes.


La obra galardonada se titula “Dimensionando a Dios”, y versa sobre una interesante y poco estudiada etapa de la vida de Juan Pablo Duarte, libertador de la República Dominicana.


“Estoy escribiendo desde 1986, pero nunca pensé que obtendría este premio. Muchas gracias a todos y especialmente a los miembros del jurado”, expresó el prolífico narrador.



El libro de Gautier explora el viaje realizado por Juan Pablo Duarte a Barcelona de 1829 a 1831.


El veredicto fue dado por un jurado compuesto por los reconocidos intelectuales Jeannette Miller, Adriano Miguel Tejada y José del Castillo, quienes destacaron la calidad de la obra, la cual sobresalió ante 55 títulos que compitieron por el premio.


Según el veredicto la obra de Gautier destacó “por su calidad literaria y su excelente ritmo narrativo, que explora, utilizando la realidad histórica y la ficción, la conexión de Juan Pablo Duarte con Barcelona y los movimientos libertarios de la época que dan forma al pensamiento histórico del Padre de la Patria”.


Al acto, celebrado en la Sala de la Cultura del Teatro Nacional Eduardo Brito, asistieron ejecutivos del Grupo León Jimenes, funcionarios del Ministerio de Cultura, así como escritores, poetas, literatos y un público amante de la cultura.


Escritora habla sobre “El Yo del escritor en la creación novelística”

Academia Dominicana de la Lengua recibe a Ofelia Berrido como Miembro Correspondiente

La Academia Dominicana de la Lengua, mediante un acto solemne, dio ingreso formal a la escritora Ofelia Berrido como Miembro Correspondiente de la misma con la Conferencia -ensayo “El Yo del escritor en la creación novelística”.

La autora de “El sol secreto” fue presentada al público presente por Federico Henríquez Gratereaux, quien en una bella semblanza habló de las cualidades del nuevo miembro y sobre la dicha que tienen aquellas personas que encuentran su verdadera vocación.

La participación de Henríquez Gratereaux resultó interesante y muy amena. De inmediato Ofelia Berrido dictó la conferencia en la cual planteó su propuesta con las siguientes palabras: “El Yo del escritor planteado al desnudo y con profundidad, entregado totalmente al acto de creación y accediendo en tales condiciones a niveles superiores de conciencia y a los más profundos pozos del inconciente es el principal responsables de una obra intensa, rica y permanente porque plantea a través de ese Yo el Yo Universal, el hombre y la mujer de hoy y de todos los tiempos. . ."

El Director de la Academia, Bruno Rosario Candelier, quien le entregó a la novelista el pergamino que la acredita como académica, expresó que en atención a sus meritos lingüísticos y literarios, su aporte al desarrollo de la novela dominicana y su labor cultural a favor de nuestras letras la Corporación convino en nombrar a Ofelia Berrido individuo suyo en la clase de Miembro Correspondiente.

Le dieron la bienvenida los Académicos Miembros de Número: Víctor Villegas, González Tirado, y José Henríquez y entre los Miembros correspondientes Manuel Salvador Gautier y Emilia Pereyra y Roxana Amaro y Darío Bencosme.

La lingüista Roxana Amaro, con su reconocido don de la palabra, condujo el evento, mientras un público, compuesto por escritores, amante de las letras, amigos y contertulios, disfrutó del acto, y al término del mismo todos compartieron juntos en el patio interior de la Casa de las Academias.


El escritor Peralta Romero gana premio El Barco de Vapor

El escritor Rafael Peralta Romero fue declarado ganador del premio El Barco de Vapor de novela infantil, patrocinado por la Fundación SM y que tiene una dotación de 200 mil pesos.

Los señores Eduardo Guerra, gerente general, y Luis Miguel Aguas, director editorial de la editorial SM, entregaron al escritor Peralta Romero la estatuilla correspondiente en un acto realizado en la quinta Dominicana, de la zona colonial de Santo Domingo.

La obra ganadora es “De cómo Uto Pía encontró a Tarzán”, que cuenta la historia de un adolescente que salió de su pueblo a encontrarse con Tarzán, el famoso personaje creado por Edgar Rice Burrough, a quien encontró en una residencia para ancianos.

El libro de Peralta fue escogido entre 52 que participaron en el certamen, de las cuales quedaron como finalistas: “Los invisibles y los terrenales”, de Patricia Acra, y “Los cazadores de nubes”, de Ramón Gil.

Las dos novelas finalistas serán publicadas y presentadas al público en el mes de abril en el marco de la celebración de la XII Feria Internacional del Libro.

Al recibir el premio, Peralta Romero pronunció un discurso en el que resaltó el impulso del premio El Barco de Vapor, que ha realizado dos versiones en República Dominicana, a la creación de novelas infantiles, un género “tradicionalmente preterido” y que hasta hace poco tiempo provocó escaso interés entre los escritores dominicanos.

Dijo que recibe el galardón “con justificado alborozo y con el convencimiento de que se trata de un indudable reto como escritor, y muy particularmente acentúa mi compromiso con la literatura infantil”.

El escritor se refirió a la responsabilidad que tiene la literatura infantil en el desarrollo social de una nación y consideró que plantearlo parece una utopía, “pero no lo es, si se toma en cuenta el papel del lenguaje en el desarrollo de la personalidad y de las aptitudes del individuo para establecer las debidas relaciones con la colectividad”.

“La influencia de la educación en los primeros años de vida del niño resulta determinante para toda la existencia del mismo. La formación de dominicanos: correctos, pensantes, educados y sociables deberá conllevar acciones realizadas a partir de los primeros años de vida de esos nuevos ciudadanos”, declaró.

Dijo además que la lectura es la vía más idónea para iniciar a un individuo desde la niñez en la práctica de la comunicación, y para eso se produce la literatura infantil. “De ahí que no me parezca nada utópico asociar la literatura infantil con las posibilidades de cambios de una sociedad”.

Afirmó, de igual modo, que mucho menos se considerará utopía si se pondera juiciosamente la función de la literatura en el desarrollo de las competencias lingüísticas de los pequeños. “Niño que no lee o que no le leen, no logrará el desarrollo pleno de sus facultades intelectivas, dado que las competencias lingüísticas constituyen el eje central para desarrollar las demás competencias”.

Peralta citó el juicio del lingüista Pedro Salinas, quien ha considerado que “La persona se posee a sí misma en la medida en que posee su lengua”, y agregó al respecto que quien no maneja adecuadamente su lengua no puede poseer el mundo exterior.

Destacó la importancia de la imaginación en el desarrollo intelectual del niño y recomendó que la escuela aplique más los recursos que permitan al niño imaginar e inventar.

Peralta destacó que en el país se está escribiendo literatura para niños, y que se desarrollan “esfuerzos para alcanzar la autosuficiencia en cuanto a producto literario destinado a nuestros niños, construido con materiales de aquí e inteligencia de aquí”.

Proclamó la necesidad de que padres y maestros ofrezcan a los niños la oportunidad de jugar con las creaciones literarias, divertirse con ellas. “Y percatarnos todos de la importancia de la fantasía para los pequeños”.

El intelectual, profesor de la Facultad de Humanidades de la UASD, reclamó que los maestros asuman la promoción de la lectura “como un asunto de ética” y lo justificó en la afirmación “de la capacidad lectora depende la adquisición de los demás conocimientos, y de la educación depende el cambio en los individuos y en la sociedad”.

Insistió en que “sin el desarrollo de las competencias comunicativas, es imposible que el individuo alcance capacidad para conocer, actuar e interactuar en los diferentes contextos y situaciones”.

27 de marzo de 2009.


Escritor Peralta Romero presenta novela de Rafael Darío Durán

Con el diablo en el cuerpo: Una novela llena de fascinación y encanto


Por Rafael Peralta Romero


Diferenciar entre un personaje de ficción y el personaje de real existencia ha provocado muchas horas de reflexión y estudios entre los especialistas de la creación literaria. Todo ello, a pesar de que desde el punto de vista formal, persona y personaje son conceptos bien diferenciados.

Las personas somos todos los seres humanos, no importa la constitución física o síquica, no importa su condición social o económica ni tampoco importa dónde haya nacido o vivido. Las personas, por demás, tenemos fecha de nacimiento y cédula de identidad y estamos sujetas a las leyes naturales, las cuales imponen entre otras acciones: nacer, crecer, relacionarse, alimentarse, reproducirse y desaparecer.

Se ha creído que los personajes son puro invento de los creadores literarios, que los personajes sólo existen en los cuentos, las novelas, el teatro y en las producciones cinematográficas. Eso se ha creído con aparente lógica, porque como se ha dicho, los personajes se han hecho a imitación de las personas.

Pero no siempre los narradores las tienen todas consigo al momento de trazar los caracteres de un personaje, porque la invención de sujetos ficticios con suficiente vida y sentimientos no resulta trabajo tan fácil, y no pocos teóricos de la literatura se han referido a la conformación de personajes como una tarea altamente compleja.

Por ejemplo, Pío Baroja ha considerado al respecto lo siguiente: “Para mí, en la novela y en todo arte literario, lo difícil es inventar, más que nada inventar personajes que tengan vida…”.

Parecerá entonces, que la sustancia principal para la conformación de los personajes literarios habrá que buscarla en las calles, en los parques, en las fábricas, en los bares, en los mercados, en los caminos, en los conventos, en los recintos militares y en cualquier lugar donde se mueve la gente.

La vida presenta con frecuencia sujetos reales que se tornan en seres que parecen de fantasía, que adoptan actitudes y formas de ser que los tipifican como auténticos personajes, cual si fuesen producto de la creación, de la fecunda imaginación de un autor literario.

El quehacer político es abundante en este tipo de figuras, que sobresalen de su marco por los comportamientos que asumen, los cuales le imprimen determinados niveles de extravagancia, la que a su vez conduce a confundir a esa persona real con un ser sacado de la imaginación.

Tenemos en nuestra historia política a personas cuyos caracteres no permiten diferenciarlas de los personajes creados.

Lo cierto es que son los hechos ocurridos en su vida, su constitución sicológica, su concepción de la vida, del amor, su relación con los demás seres humanos, su ambición o su desinterés, su generosidad o su egoísmo, su inteligencia o su torpeza lo que determina que una persona real se convierta en personaje apto para el tratamiento literario, para ser aprovechado por quienes se dedican a contar historias dignas de ser leídas y provocar emociones.

Pero no sólo los políticos son a menudo materia prima para los creadores literarios. Muchos seres marginales, cuya vida se ha limitado a los movimientos fisiológicos de su organismo, se prestan también para roles destacados en la literatura de ficción.

De modo que podemos encontrar personajes en las casas humildes como en las mansiones opulentas, en los prostíbulos como en los conventos, en las universidades como en las galleras, entre los agricultores como entre los sacerdotes, entre los guardias como entre los guerrilleros, entre los patronos como entre los trabajadores.

Estas apreciaciones vienen a propósito de que Rafael Darío Durán nos ha convocado para presentar su nueva novela “Con el diablo en el cuerpo”, la cual está basada en la vida de una persona real a la que el autor le ha descubierto la condición mítica, es decir cuya vida resulta una materia prima procesada para el desarrollo de una historia de ficción contable, novelable y filmable.

Porque, definitivamente, ha habido personas, y sigue habiendo, ante cuyos perfiles, la capacidad inventiva de un escritor puede resultar insuficiente. Ahí es, precisamente, que el novelista pone a prueba su talento para discriminar entre hechos y personajes que encierran valor, que resultan buenos materiales para elaborar su obra, y los que equivalen a pajas o materiales de desecho.

Con ésta, su tercera novela, Durán ha demostrado un adecuado manejo en este discernimiento. Sus oídos, sus ojos, su sensibilidad lo han conducido hacia un tema que estaba ahí, esperando un autor que le diera la forma definitiva de una novela.

Y él lo ha hecho de la mejor manera, porque ha sabido combinar la importancia de un hecho con el manejo de la técnica narrativa, porque ha sabido imprimir sentido literario a la vida de una persona y porque ha sabido infundir vida a los demás personajes que acompañan al personaje principal a fin de que la historia culmine eficazmente.

Durán hace lo que José Ortega y Gasset ha considerado que tiene que hacer quien desee embarcarse en la trabajosa aventura de componer una novela. Dice Ortega:

“En suma, el novelista, si se quiere, tiene que copiar la realidad, pero en ésta hay estratos superficiales y estratos a que aún no había llegado nuestra mirada. Es un buen novelista quien posee perspicacia bastante para sorprender estos estratos profundos y gracia suficiente para copiarlos”.

Rafael Darío Durán ha encontrado el componente activo de su obra en la vida accidentada de la cantante cubana La Lupe, que estuvo en la cima de la popularidad y del bienestar económico, para caer en el abismo y en el más horrendo olvido, debido al vicio.

Como toda diva, fue prisionera de su necesidad de reafirmación por medio de la adulación y en su caso, también del sexo desordenado. Resalta en la vida de esta mujer, además, su estilo desafiante, lacerante, alocado, que llegó hasta molestar al poder político.

Para recrear la vida de la Lupe, nacida en Santiago de Cuba, cuya voz inundó intensamente radios y velloneras de nuestro continente como pregonera de sentimientos y pasiones en los que el erotismo alcanzó su máxima expresión, Durán, como meticuloso orfebre, como entusiasta inventor, recurre a la creación de otros personajes que resultarán más que útiles, indispensables.

Porque eso sí, todos los personajes en esta novela cumplen un rol, sin el cual la obra quedaría torcida.

Es el caso de Josua, mecanógrafo de oficio, quien decide abandonar su país, República Dominicana, (además de su hijo y esposa) con destino a Cuba, con el interés de encontrarse con el escritor Ernest Hemingway, a quien idolatra.

Piensa ver a Hemingway en la finca Vigía y ofrecerle sus servicios como mecanógrafo. El viaje se realiza en el momento en que los expedicionarios del 14 de Junio de 1959 recién acaban de llegar al país con el fin de derrocar a la dictadura de Trujillo.

En La Habana, Josua conoce a una hermosa mulata, llamada Mireya, estudiante de medicina y jinetera por necesidad. Además, de un taxista, Julio Escarramán, que será quien lo pondrá en contacto con el oficio de fotógrafo, creando las condiciones para llegar hasta La Lupe.

Intenta aproximarse al escritor, pero sus amigos parecen ocultar un terrible secreto y con evasivas no le ofrecen la ayuda necesaria para su objetivo. Visita La Bodeguita del Medio, con la falsa creencia de que era el lugar que frecuentaba Hemingway, quien en realidad tomaba tragos frecuentemente en el bar Floridita. Su búsqueda fracasa y finalmente decide ir directamente a la finca Vigía a pedir una entrevista.

Josua comienza a frecuentar un bar llamado La Red, donde conoció, a través de Mireya, a una mulatita que cantaba todas las noches. Su nombre: Victoria Yoli Raymond, mejor conocida como La Lupe, que aunque era de Santiago de Cuba, residía en La Habana. Recién separada de su esposo, la cantante entabla una relación con Josua, quien termina idolatrándola y amándola de forma enfermiza.

A través de Josua, el lector va mirando el meteórico ascenso de La Lupe y también su estrepitosa caída. Aunque sus encuentros amorosos son más frecuentes y apasionados, La Lupe insiste en que no lo ama. Josua se conforma con verla y prestarle asistencia personal.

Las desgracias van en cadena: se cae de una ventana y queda paralítica, se incendia el apartamento donde vive y debe ir a vivir a un asilo. Luego viene el milagro de la conversión religiosa de la antigua devota de la santería.

Tras veinte años sin ver a su familia, Josua decide retornar al país lleno de dolor por la muerte de la Lupe, pero en el avión conoce a una artista en ascenso y en una escala en Santo Domingo, pero no sabremos si él decidirá llegar a su casa o aceptar la propuesta de la cantante para que sea su fotógrafo personal.

La novela de Durán no sólo cuenta la historia de esta cantante borracha y atormentada, seducida por los vicios, sino que éste es el pretexto para el autor radiografiar, por ejemplo, el fenómeno de la emigración, que marca a miles de familias en todos los países del mundo, la curiosidad del ser humano por conocer otros destinos, vivir nuevas experiencias, no obstante las consecuencias emocionales que esto arrastra.

La coprotagonista Josua, y sus familiares (abuelo, abuela y padre) son un ejemplo de este fenómeno socio-económico. Josua no es sólo la encarnación de esa ansia de emigrar del ser humano, sino de un hombre sin personalidad, un fanático seguidor de íconos y de cuestiones inverosímiles.

Una novela basada en hechos reales es una obra de arte y es una obra de sociología. La novela de Durán toca, con visión interpretativa y gusto de creador literario, asuntos que están a la vista, pero que precisan de una visión y una capacidad de abstracción que permitan una valoración precisa y justa sobre los mismos.

Es lo que hace Durán respecto del exilio cubano en los Estados Unidos. La transformación que se produce en los colaboradores del régimen de Fidel Castro cuando pasan a formar parte del exilio constituye un fenómeno provocativo, incitador del juicio especulativo. Aquel personaje llamado Julio Escarramán, quien orientó a Josua a su llegada a La Habana, es un buen ejemplo, como lo maneja Durán, de este aserto.

La vida íntima del pueblo cubano, con sus estrecheces y su ingenio para sobreponerse a las mismas y los efectos del bloqueo económico a que el gobierno norteamericano somete a ese pueblo, encuentran cupo también en esta novela, basada en un personaje de la farándula, pero que trasciende las delectaciones de los sentidos y las trivialidades propias del tipo de gente que protagoniza la obra.

De manera general, los hechos que van ocurriendo en el país desde la Gesta de 1959 (cuando se inicia la novela), el tiranicidio, el gobierno de Juan Bosch, la Revolución de Abril y la invasión norteamericana de 1965, el ascenso de Joaquín Balaguer al poder y la llegada del segundo gobierno del PRD, forman parte de la atmósfera política en que se desarrolla la historia.

De modo que no me queda más que reiterar lo expresado en el texto incluido en la contratapa de la obra que hoy circula con el sello de editorial Gente:

“Con el diablo en el cuerpo” es una novela realista, por cuanto parte de situaciones reales, protagonizadas por sujetos reales. Paradójicamente, los personajes reales han arrastrado a los ficticios, necesitados por el autor para construir, o reconstruir, una historia terriblemente dramática y profundamente rasgante. Se trata de la vida excepcional de la Lupe… tan característica y tan digna de narrarse.

Rafael Darío Durán recrea la existencia accidentada de la cantante cubana, y lleva al lector con ella hasta la cima de la popularidad y del éxito, para que éste la vea descender al abismo moral y rodar por el más horrendo olvido. Víctima de la fama, el vicio y la adulación, Lupe asumió un estilo artístico desafiante y lacerante que llegó a molestar a Fidel Castro, lo que sin duda añadió un toque de fatalidad a su azaroso vivir.

La Habana, Caracas, Nueva York y Santo Domingo sirven de marco a una narración desbordante de pasión y lirismo en la que los hechos políticos soportan el trasfondo de una historia que interesa y conmueve, por la forma en que presenta las interioridades del alma humana. “Con el diablo en el cuerpo” es una novela repleta de fascinación y encanto.

*Texto de la disertación del escritor Rafael Peralta Romero para presentar la novela “Con el diablo en el cuerpo”, de Rafael Darío Durán. 26-11-2008.



Emilia Pereyra ingresa a la Academia Dominicana de la Lengua

La narradora pondera el valor de la palabra



Al ingresar formalmente a la Academia Dominicana de la Lengua, como miembro correspondiente, la escritora y periodista Emilia Pereyra ponderó el valor de la palabra y expresó que su empleo debe ser realizado con sentido de la responsabilidad.


“Asumo que trabajar con la palabra es un privilegio, un compromiso y una gran responsabilidad. La palabra es poderosa. Puede construir o destruir. Puede causar esplendor, traumas o inmundicias, y a menudo se utiliza sin que se ponderen sus efectos”, manifestó tras ser recibida, con una conferencia sobre su obra, presentada por el presidente de la institución, doctor Bruno Rosario Candelier.

En su exposición, titulada “Testimonio de mi creación”, Pereyra manifestó que la literatura, campo en el que ejerce ampliamente la libertad, ofrece infinitas posibilidades para la creación, para construir y reconstruir realidades y mundos imaginarios.

Resaltó el valor de la lectura, que le ha ofrecido la posibilidad de adquirir conocimientos legados por la cultura y la extraordinaria oportunidad de ampliar los horizontes existenciales e intelectuales, por lo cual la recomienda.

En tanto, Rosario Candelier recibió a la escritora azuana con una disertación, que tituló “Emilia Pereyra: Una narradora original y contundente". Candelier expresó que ella “es una de las narradoras fundamentales de las letras dominicanas contemporáneas”.


“Prevalida de una sensibilidad empática, poseedora de un fecundo talento narrativo y dueña de una voz original, recrea con esmerado estilo, a través de escenas y caracterizaciones ejemplares, los hallazgos de su fina intuición trasvasados al tramado de sus cuentos, relatos y novelas mediante los cuales ausculta el interior de sus criaturas imaginarias y perfila el sentido de tramas y anécdotas en una fresca visión novelística”, agregó.

Manifestó que el trabajo literario de Pereyra refleja la fina intuición que la distingue y la honda capacidad de observación de la idiosincrasia cultural dominicana. “Su narrativa revela que sabe perfilar y valorar lo que nos define y conforma”, añadió.

Pereyra ha ejercido el periodismo informativo, interpretativo y de opinión en importantes diarios dominicanos y ha sido ejecutiva de varios medios de comunicación.

En 1998 su obra “Cenizas del querer” figuró entre las diez semifinalistas del premio Planeta, uno de los galardones más importantes otorgados a novelas escritas en lengua española. Ha publicado además las novelas “El Crimen Verde” y “Cóctel con frenesí” y el libro de cuentos “El inapelable designio de Dios”. Además, el libro “Rasgos y figuras”, conjunto de perfiles biográficos previamente publicados en el diario Hoy. Algunos de sus cuentos han sido traducidos al inglés y al italiano.

17 de octubre, 2008.

Valoración sobre novela de la escritora Emilia Pereyra

Una narradora original y contundente



“Si somos capaces de auscultarnos, podremos dotar

de profundidad nuestros textos y personajes
”. Emilia Pereyra


Por Bruno Rosario Candelier


Conformación de historias, motivos y argumentos

Emilia Pereyra es una de las narradoras fundamentales de las letras dominicanas contemporáneas. Prevalida de una sensibilidad empática, poseedora de un fecundo talento narrativo y dueña de una voz original, recrea con esmerado estilo, a través de escenas y caracterizaciones ejemplares, los hallazgos de su fina intuición trasvasados al tramado de sus cuentos, relatos y novelas mediante los cuales ausculta el interior de sus criaturas imaginarias y perfila el sentido de tramas y anécdotas en una fresca visión novelística.


Con su indudable encanto personal y su probado acierto novelístico, Emilia Pereyra se ha ganado un alto pedestal en las letras nacionales. Poseedora de un carisma acrisolado en la forja de dones admirables y la plasmación de atributos conquistados con tesón, disciplina y estudio, su obra refleja la fina intuición que la distingue y la honda capacidad de observación de la idiosincrasia cultural dominicana. Su narrativa revela que sabe perfilar y valorar lo que nos define y conforma. En mi antología de autores interioristas, escribí sobre Emilia Pereyra: “Nació en Azua de Compostela, donde se forjó su vocación literaria. Desde muy joven formó parte del Círculo de Estudios Literarios Azuanos (Ciela). Licenciada en Comunicación Social por la UASD, ejerce el periodismo, la docencia y la consultoría de Relaciones Públicas. Columnista de un diario nacional, locutora, conferencista y narradora, ha obtenido galardones literarios por su creación narrativa. Autora de El Crimen Verde y Cenizas del Querer. Tiene una fuerza imaginativa engarzada a la Naturaleza con fresco aliento trascendente, remozante y creativo. En su pulcro manejo del lenguaje revela fluidez, precisión y verismo con una ternura expresiva y un valor humanizante. Sabe compenetrarse emocional, intelectual y sensorialmente con el objeto de su atención, logrando una narración densa y caudalosa con belleza poética y valores interiores. Miembro del Ateneo Insular en Santo Domingo, donde reside, labora y hace vida social y cultural” (1).

El contenido de sus ficciones se engarza al estamento socio-cultural de nuestros barrios urbanos populares. Emilia Pereyra tiene bien claro que una cosa es la realidad; otra, la propia existencia y, desde luego, el empalme de las condiciones individuales a una circunstancia vital no siempre cónsona con los ideales que internamos en la conciencia y el ordenamiento que la estructura social implanta en un medio histórico determinado. El novelista con conciencia del entramado social y cultural, como el ejemplo de Emilia, sabe que al enfocar la realidad no puede inventarla ni dulcificarla sino percibirla y describirla para dar un testimonio creíble de la historia que enfoca su ficción.

Emilia Pereyra pondera la energía creativa, que posee con alto potencial para canalizar sus obsesiones y angustias, así como los sentimientos y actitudes más auténticos de la condición humana. Cuando se está inmerso en el proceso creativo, todo incide en la conformación del producto literario o artístico: lecturas, películas, vivencias, intuiciones, observaciones, reflexiones y recuerdos, que coadyuvan en la caracterización de personajes, la descripción de ambientes y la recreación de escenas y momentos en la narración de anécdotas y peripecias. Como experta narradora, Emilia Pereyra vive, piensa y escribe novelísticamente. Vivir novelísticamente significa asumir el Mundo y cuanto acontece en el medio circundante como fuente de historias novelescas, al tiempo que su sensibilidad y su talante se aúnan al caudal de vivencias y obsesiones, al manadero de recursos inconscientes y conocimientos y, por supuesto, a la alforja de la imaginación, el lenguaje y la cultura para construir y encauzar, en los hechos, personajes y ambientes, la veta de temas y motivos que elabora para nutrir la vivencia estética con la cual adereza su ficción.

Como narradora y periodista, Emilia Pereyra valora el talento creador y la disposición para plasmar, mediante el arte de la palabra, lo que concita y estimula su sensibilidad. En su formidable estudio sobre el Interiorismo, nuestra destacada novelista consignó: “Todo creador tiene un impetuoso torrente interior que se ve en la necesidad de exteriorizar. Eso lo sabe y lo siente quien crea. Mientras pueda permitir que su savia más profunda fluya libremente, probablemente su aporte sea mayor, más verdadero y más sincero y, por tanto, más trascendente. Trabajando se presentan las ideas y se estimula la imaginación. Sin imaginación no existe literatura. La imaginación es una gran matriz que provee argumentos, estructuras y estilos. Es una especie de mayéutica. Es un parto cotidiano, una gestación permanente” (2).

Con su concepción de que la novela, en su esencia genérica, ha de reflejar el sentido de la vida y la existencia humana, Pereyra opta por los valores que le dan fundamento a la sociedad. Lejos de privilegiar las superficiales maneras experimentales, su narrativa se arraiga en las propuestas estéticas, clásicas y modernas, que enfatizan la dignidad humana y procuran la superación de las condiciones que desdicen de una existencia cónsona con el ideal de crecimiento y desarrollo, razón por la cual pone su mirada en las manifestaciones degradantes de la condición humana para que el lector tome conciencia de las expresiones indeseables de la realidad nefasta.

La narradora se propuso testimoniar las condiciones de vida de individuos humildes de los ambientes populares para que el lector infiera, de su existencia y conducta, su propia reflexión. Se trata de seres que a veces tienen la convicción de que nacieron con un destino fatal y, a su parecer, la misma vida le niega la posibilidad o la oportunidad para superar ese desafortunado sino. El hecho de situar en ambientes sórdidos, miserables y mezquinos, ubicados en parajes marginales de la gran urbe, ofrece una magnífica oportunidad para conocer el interior de esa realidad nefanda y apreciar la situación de atraso, ignorancia y penuria con las cavilaciones interiores de sus personajes ficticios. Se trata de sujetos de los sectores populares que viven rumiando su infortunio y descontento y, quizás, deambulan desorientados, tristes y solitarios.

El desarrollo de la conciencia es la meta suprema en la vida humana. Todo tiene una causa y todo tiene un efecto. Ya lo dijo Leucipo de Abdera, el pensador presocrático de la Antigüedad griega: “Nada sucede por azar. Todo sucede por razón o necesidad”. Somos nosotros, con nuestras acciones, actitudes y conceptos, quienes sembramos la semilla de nuestra felicidad o el rumbo de nuestra desgracia. Los personajes delineados por Emilia Pereyra dan la impresión de que carecen de sueños y metas, abatidos por sus obsesiones y delirios, como manifestación de sus condiciones materiales, conforme sus expresiones conductuales y afectivas, que la narradora canaliza pertinentemente.

Cinco vertientes temáticas enfoca y despliega nuestra distinguida narradora en Cóctel con frenesí (3):

1. La vertiente dominante de lo viviente en su expresión sensible. Desde el inicio de la narración de esta singular novela, la narradora nos atrapa con su lenguaje contundente, plasmado en expresiones firmes y elocuentes mediante oportunos trazos sensoriales, ágiles y precisos, sobre el perfil de sus personajes. Atenta a la faceta viva de la realidad, Emilia sabe aprovechar sus dotes de periodista, a las que suma su talento novelístico, para captar la vertiente sensorial de lo existente, de la que privilegia su faceta luminosa y el sentido de la vida, que su sensibilidad, porosa a lo viviente, ausculta y expresa:

Ajeno a cuanto acontecía en la esquina colmada de pregoneros vociferantes y sudorosos, el hombre encorvado siguió caminando con paso lerdo. Sus manos temblorosas, ásperas, se posaban como volubles mariposas sobre su rostro desencajado. El viento agitaba sus cabellos. Mediodía. El Sol espectacular del trópico se desparramaba sobre la ciudad. Rayos calientes. La brisa azotaba con furia las vestimentas de los transeúntes. Burundi, el hombre pequeño y esmirriado, no advertía el torrente de vitalidad esparcido a su alrededor, la vida, esa cotidianidad tumultuosa y bullanguera, se deslizaba ante sus ojos cansinos e indiferentes. A veces surgía en su cara una mueca, una dolorosa sonrisa (p.7).

Cerca de las tres de la tarde recogió las baratijas, botó la bolsa en un pequeño muladar y caminó. El Sol era intenso y ardía demasiado. Sol tropical; Sol rotundo. Rato después caía sobre la ciudad una lluvia implacable. Durante tres horas estuvo lloviendo sin amainar ni un momento. Santo Domingo era un lago nauseabundo. La gente se guarecía bajo los toldos de las tiendas. Esperaba ansiosamente que dejara de llover. En las aguas pestilentes flotaban cáscaras de frutas, papeles, pedazos de madera y cartón, zapatos viejos, ropas inservibles y cacharros. Las imprecaciones estallaban en las calles y avenidas (p. 8).

2. La vertiente sociográfica de la realidad en su expresión doliente. La novela constituye un reflejo de la realidad social que le reporta al novelista el caudal de aventuras y pasiones para articular una ficción. La narradora contrasta la doliente miseria de su protagonista con el esplendor de la Creación al delinear su figura y su accionar:

No retornó a la casucha en los días siguientes. Burundi moraba en plena calle mojando su cuerpo con el rocío del amanecer, emborrachándose con el final del crepúsculo, con la llegada de las noches. Dormía en los contenes, al lado de las puertas metálicas o en los rellanos de las escaleras. Se despertaba gritando, recordando con lucidez su última pesadilla (p. 24).

3. La vertiente gratificante de lo natural con su esplendor radiante. A la narradora le fascina la realidad natural. Dueña de una sensibilidad estética y una sensibilidad cósmica, la belleza del Mundo le despierta el sentimiento de admiración y gozo que la Naturaleza genera en los espíritus sensibles y que la autora engarza al estado emocional del actante del relato. En todos los capítulos el esplendor sensorial de lo viviente subyuga la sensibilidad de la narradora, índice del sentido estético y el sentido cósmico de su talante lírico:

Burundi estaba compungido. Se alejaba y pensaba. Recogía los retazos del pasado. Ya la tarde agonizaba. El cielo era azul violeta, matizado con alargadas vetas amarillas. Un soberbio espectáculo de la Naturaleza (p. 42).

El ocaso encontró a Burundi frente a las aguas del mar Caribe, de espaldas a la avenida George Washington, por donde se deslizan velozmente relucientes automóviles y vehículos destartalados. No lo embriagó la vista del Sol moribundo, hundiéndose en el agua serena, al final de la tarde. Al contrario, el acontecimiento le pareció aburrido y hasta vulgar. Le había visto tantas veces que no alcanzaba a explicarse por qué algunos conductores se detenían a observarlo, con evidente complacencia, como si se tratara de un hecho insólito. Con rudeza, se pasó las manos por los cabellos. Sintió, de inmediato, un ligero dolor en el cráneo. Su boca se crispó por un momento y luego tomó su forma natural. Sus ojos se fueron humedeciendo. Sentado, con la cara apoyada sobre una roca porosa, todavía vuelto hacia las aguas oscilantes, percibió cómo la brisa secaba sus mejillas. Las manos del viento le hacían caricias mientras, a su derecha, las ramas de una palmera se balanceaban (p. 25).

4. La vertiente sugestiva de los rasgos ambientales populares. Con una recreación de la realidad sociográfica, antropológica y psicológica en sus diversas expresiones socioculturales en que viven sus personajes novelescos, los describe en sus manifestaciones menos condignas de la condición humana, al tiempo que testimonia lo que perciben sus sentidos:

La voz de Ana Belén, al ritmo de “Derroche”, se imponía por momentos, en el salón atiborrado de murmullos y ruidos de platos. Burundi haló una silla y se sentó. Apoyó el brazo derecho sobre una mesa pequeña, cubierta con un mantel de cuadros rojos. En el centro, descansaban la vinagrera vacía, el salero de cristal y el pote de salsa de tomate. Detuvo los ojos en un espejo grande y un poco empañado. Se encontró con una imagen desagradable. Se acarició la barbilla, el bigote mal trazado y se mesó los cabellos. Parecía otro.

Echó una ojeada al local. A su derecha, frente a una docena de tazas relucientes, tres hombres discutían sobre política. Un moreno -ojos claros, boca ancha- descargó un puñetazo sobre la mesa. Los platos y los vasos saltaron provocando un estruendo que lo enervó. Un mozo los llamó discretamente al orden. Poco a poco, Burundi se fue desplomando, sentado ante la mesa cubierta con el mantel ornamentado. (p. 35).

5. La vertiente caracterizadora de personajes y tipos populares. Esta narrativa perfila y expresa la dimensión singular de tipos y personajes de la realidad sociográfica dominicana mediante la caracterización de los rasgos típicos de los sujetos de la ficción, con la disposición de las antenas sensoriales de una sensibilidad abierta y caudalosa, como la de Emilia Pereyra, por lo cual puede testimoniar el escorzo de la existencia que hiere y encabrita la sensibilidad:

¡La calle! ¡Otra vez la calle! Burundi estaba mejor afuera, respirando tranquilamente. Allí nadie lo miraba a los ojos. Todos iban o venían ocupados en sus propios afanes, viviendo sus mezquindades, sus alegrías y sus quimeras. Él marchaba como todos. Se mezclaba con la masa abigarrada y multiforme, que casi llenaba la acera. Sus ropas se confundían con las de los demás y no sentía, como otras veces, que llamaba la atención. Tenía los ojos pequeños, la nariz achatada, los labios gruesos, el cuerpo pequeño y el pelo crespo. En suma, era un hombrecito de apariencia normal. Anodino, amargado y arisco.

De repente se dobló. Lo que sentía no era un malestar físico. La enfermedad se le alojaba en el terreno pantanoso de su alma. Extendía sus tentáculos en las profundidades más recónditas de su ser y lo debilitaba (p. 39).

El realismo de los relatos de Emilia Pereyra es directo, sustanciado y vertical, tamizado por el registro fidedigno de una sensibilidad compasiva y empática, como la de la prestante narradora azuana. La suya es una mirada franca, luminosa y dulce que irradia ternura en su actitud de compenetración con la dura realidad de sus personajes. La suya no es una mirada fría y distante, sino la de una mujer que se hace copartícipe, desde su sensibilidad y su conciencia, con lo que sufren y experimentan los participantes del relato. De ahí la vitalidad y el verismo de estas narraciones contundentes.

Formalización de recursos, técnicas y estilos narrativos

Emilia Pereyra tiene una concepción humanizante de la literatura. Con una cosmovisión centrada en el desarrollo integral de la persona, asume la palabra para edificar y ennoblecer su visión de la vida, que encauza en su dimensión estética y simbólica con un alto sentido de su naturaleza y su función. No asume la comunicación como pretexto para el figureo social sino para plasmar su visión de la vida y su concepto de la existencia. Vive el sentido profundo de la narración y el periodismo. Y ama el cultivo de los valores intelectuales, morales, estéticos y espirituales. En ella la novela es un medio de testimonio y de presencia. Un ejercicio de creatividad y talento. Y su mejor aliado de la más honda apelación de la conciencia. A Emilia la apela el sentido de la vida y el significado de cuanto acontece en el Mundo.

En la obra de Emilia Pereyra, la narración es metáfora de una reflexión sobre el discurrir de la existencia humana, el más alto valor de su jerarquía axiológica. Para ella el sentido de una acción, la repercusión de un cuadro social, el trasfondo de un gesto o una actitud, constituyen expresiones deícticas de lo que la vida postula y proyecta. Reflejos son, por tanto, lo mismo sus sorprendentes descripciones que sus retratos narrativos, de una apelación mayor, cónsona con la concepción que funda su cosmovisión humanizante o la motivación que en ella concita el cultivo de la palabra.

Cinco rasgos narrativos revelan la novelística de Emilia Pereyra:

1. Concurrencia de recursos y procedimientos narrativos confluyentes de una visión totalizadora. Llama la atención, en la narrativa de Emilia Pereyra, no sólo el contenido de su narración, sino la manera como lo cuenta, en la que confluyen su talante femenino, límpido y diáfano; su mirada gentil, auscultadora y penetrante; el tono emotivo de su lenguaje, ardiente y compasivo; y el bagaje descriptivo de su narrativa, con que resalta tipos y caracteres precisos y definidos:

-¡Límpiame los zapatos sucios! ¡Perro, límpiame los zapatos! Burundi permaneció impasible. Pocas personas circulaban en esos momentos por ese trozo de acera. Raudos vehículos se deslizaban por la calle, con sus indiferentes ocupantes. Lo cegaron los faroles de los automóviles. De repente, sintió un golpe y fue derribado por la bofetada. Ya en el suelo, el policía le pateó la espalda.

-¡Idiota, limpia mis zapatos! ¿Eres sordo? ¡Cabrón!

Se colocó en cuclillas y empezó a limpiar los zapatos polvorientos con las manos. Sus dedos toscos temblaban. Saltaban de un lugar a otro de la superficie polvorienta y se enredaban con los cordones.

-Así no, ¡maldito loco! Así no. ¡Límpialos como te dije! –expresó y sacó su lengua para mostrarle cómo debía hacerlo.

Burundi se negó.

-Es mejor que lo hagas. Si lo haces, maricón, no te llevaremos preso- expresó el otro lanzando una carcajada de burla.

Burundi lloraba en silencio, pero a los tres minutos los zapatos polvorientos estaban limpios y humedecidos por un líquido espeso. Su boca sabía a polvo de la ciudad. Los policías se alejaron riendo. Bromeaban a su costa. Burundi permaneció sentado en el suelo. Luego levantó la cabeza. Los vio, bajo la luz de una lámpara, acomodándose a la mesa de una cafetería. Se quedó un largo rato cavilando y de repente las luces se apagaron y reinó la oscuridad. Se incorporó con parsimonia, devorado por las densas sombras (p. 21).

2. Construcción de párrafos mediante frases trimembres y doble adjetivación que enmarcan el contorno variopinto de cuadros, momentos y escenas:

Ahora marchaba por la calle Arzobispo Nouel, mirando las casas de antaño. Se desplazaba a paso lento, arrastrando los zapatos destrozados. Con frecuencia se detenía. Miraba aquí o allá. Una hoja arrastrada por la brisa, una niña llorosa, unas piernas de mujer. Cualquier persona u objeto reclamaba su atención.

Durante unos segundos permaneció inmóvil y tuvo la oportunidad de mirarse detenidamente. Sus ojos recorrieron su cuerpo desde arriba hasta abajo. Su apariencia era infeliz. Llevaba pantalones raídos, camisa deshilachada y cabellos despeinados y sucios. En su boca, dientes careados y disparejos. Danzaba una expresión de hastío en su semblante. Y así caminaba, sin voluntad, cuan horroroso espantapájaros que alejaba a todo el mundo y causaba sobrecogimiento y repulsión (p. 18).

3. Contrapunto narrativo que alterna el relato central de la novela con trazos descriptivos de distensión del tema de la novela, presentados en cursiva al final de cada uno de los capítulos:

A ella, ágil y bien parada como un junco, no la detenían las envidias ni los malos deseos. Recorría los pasillos impartiendo órdenes, disponiendo, con el teléfono celular en la cuidada mano derecha. Eran las diez de la noche y no veía el momento de acabar. La esperaba una madrugada larga e intensa entre tazas de café, máquinas de edición, pantallas, controles y efectos especiales.

La tormenta Debby podía adquirir en cualquier momento categoría de huracán, era una verdadera amenaza y, sobre todo, una promesa informativa. Tenía que garantizar una cobertura efectiva y dejar claro lo que podía hacer un canal de verdad, si es que los vientos no derribaban los transmisores, posibilidad que ni siquiera ponderaba su jefe supremo, enceguecido por las lumbres del éxito y la sinrazón (p.19).

4. Narración articulada mediante una estrategia narrativa combinada con procedimientos naturalistas, existencialistas, surrealistas e interioristas para dar una visión objetiva, dramática, espeluznante e impactante del ámbito sórdido, inhóspito y cruel que vive el protagonista de esta historia:

Sus piernas lo llevaron hacia el mercado, hacia el montón de basura y nubes de hedores, que llegaban hasta su nariz chata. Sin embargo, encajaba bien en ese mundo abigarrado de lechugas y tomates, en ese espacio ruidoso de venduteras marcadas por los azotes de la vida. Su expresión antes amargada y adusta se transformó por completo. Se maravilló con lo que veía: mucho movimiento, una alegría contagiosa, una animación provocada por los aparatos de radio, que vomitaban bachatas y baladas. Lo que más lo subyugó fue el incesante trajinar de los trabajadores, sus músculos en tensión, que parecían estallar, sus bocas cariadas y sonrientes. Vendían, reían, bromeaban y manoseaban las frutas y las viandas, puestas al descuido sobre el suelo mugriento y enlodado.

El aire de la putrefacción lamía su áspera piel. Frente a él se alzaba otro muladar gigantesco, que no dejaba ver la puerta de un almacén. En el umbral de un colmado vecino, una niña semidesnuda, de ojos melancólicos, jugaba con una muñeca rota y entraba sus pies desnudos en un charco de aguas sucias. La sonrisa de la inocencia resplandecía en su rostro moreno, en sus ojos llorones (p. 41).

5. Penetración en el interior de sus personajes para auscultar, identificar y revelar sus cavilaciones con su visión omnisciente, el estado emocional y la impronta que lo real imprime en su conciencia, que entrelaza con las apariencias del mundo sensible. Cuando la narradora curcutea en el pasado de sus personajes a través de sueños, evocaciones, recuerdos, retrospecciones y otros recursos exploratorios, procura una imagen cabal de los actores del relato. Como un close up, técnica de acercamiento de cámara en filmaciones de películas, la narradora penetra en la mente de Burundi para revelar su sensibilidad:

Luego se durmió. Entonces la vio nítidamente con el rostro tachonado de arrugas, los ojos muertos e inexpresivos, la sonrisa congelada en el tiempo. Era su abuela, fallecida años atrás. Vestía un faldón morado, agitado por el viento y llevaba un pañuelo desteñido, atado a la cabeza. Su silueta regordeta, de tetas descomunales, estaba recortada contra un cielo forrado de luces. Con sus manos toscas, la vieja se tocaba las escasas cejas encanecidas. Un burro raquítico y hambriento, de poca pelambre, rebuznaba a su lado. Las árganas estaban atestadas de naranjas y guanábanas. Burundi observó los pies cuarteados y cenizos de la anciana.

-Ando cuidándote.

Voz desgarrada, de otros tiempos. La abuela Lin le mostró su dentadura, el tabaco encendido y las volutas. En ese momento, un trueno rasgó el silencio nocturno y la imagen se quebró (p. 45).

Caudal de atributos narrativos y literarios



Emilia Pereyra es una escritora consciente del oficio que realiza con el cultivo de la palabra (4). Sabe también lo que reclama el ejercicio de la escritura, cuando se ejerce con la dedicación que demanda el rigor profesional. Al respecto, nuestra distinguida novelista escribió: “Creo que está claro que si no tenemos nada dentro, que si somos un sobre vacío no podremos hacer literatura que conecte con nuestros congéneres. No se trata de reflejar fielmente la realidad como si fuésemos cámara fotográfica. Lo que distingue a un escritor de otro no es sólo su estilo, la técnica que utilice, el dominio artesanal del oficio. Mucho más importante que todo eso es que sea capaz de dotar a su obra de una experiencia humana, de una visión de la sociedad distinta, de un enfoque nuevo” (5).

En los relatos y novelas de Emilia Pereyra puedo apreciar esa experiencia humana y esa visión edificante de la sociedad.

Además, un rasgo expresivo de su caudalosa sensibilidad es su dimensión visual predominante, razón por la cual le llaman la atención los colores, las sensaciones de luz y sombra, la impresionante luminosidad de lo viviente. Y, desde luego, el aura sensual de lo existente. Por eso vibra ante el esplendor de la Creación y se amuchan sus emociones con las expresiones radiantes, luminosas, deslumbrantes de las cosas, que su fértil pluma asume, recrea, potencia y plasma.

Para sintetizar los rasgos del arte novelístico de Emilia Pereyra, ilustrados ejemplarmente en Cóctel con frenesí, presento los cinco atributos principales, caracterizadores de una novelista consumada, como es en efecto esta gallarda cultora del buen decir. Esos rasgos o caracteres narrativos son los siguientes:

1. Valoración de la dimensión humana de los protagonistas de sus historias narrativas desde la peculiar circunstancia de hechos, ambientes y escenarios de la realidad socio-cultural dominicana:

De repente, el Sol lo cegaba y se recostó de la pared. Cerró los ojos hasta que lo invadió un dolor punzante. Iba hacia un espacio oscuro y nebuloso, a una realidad muerta. Entraba en una cuenca gris, donde toda luminosidad, todo color, desaparecía. Oía el trajinar de la gente, sus voces y sus risas. Imaginaba las caras, las expresiones faciales, al chofer aburrido y solitario, concentrado en la conducción de su destartalado vehículo. Podía imaginar al viejo que lo miraba con desprecio, al vendedor de pastelitos y al pregón de helados. Su nariz se inflaba. Abrió los ojos, frunció el entrecejo y arrugó la cara.

Entonces una mirada profunda y gélida, una mirada auscultadora, se posó como un pájaro sobre sus pupilas cansadas. Burundi tuvo pánico y su cuerpo tembló bajo ese poderoso influjo. Incisivo, cortante, total, el pájaro lo venció. Él no quería ver más. Se mareaba en medio de la barahúnda vespertina, palidecía y no podía sostener la aplastante mirada de mujer (pp. 31-2).

2. Encuadre de la faceta sensorial y espiritual de lo existente en su expresión múltiple y simultánea de una escena en busca del perfil cabal y preciso de hechos, tramas y ocurrencias:



A las tres de la mañana se había entronizado un tenso silencio, casi sepulcral, sólo a veces alterado por un suave sonido, por una voz lejana. Aún no había intercambiado ni una sola palabra con la mujer. Burundi cavilaba. En los ojos negrísimos de la extraña encontró vestigios de su madre y tuvo inmensas ganas de llorar, de abandonarse a la pena, a los restos de un dolor añejo, atroz. Pero logró, con mucho esfuerzo, despejar el lastimoso recuerdo, ahuyentarlo y convertir su semblante en una máscara sin emociones (p. 51).



3. Creación de imágenes comparativas, metafóricas y simbólicas que enriquecen la presentación de personajes, cuadros y ambientes articulados a los hechos narrados para potenciar el fotograma de la realidad socio-cultural:


Burundi no sabía a dónde ir. Tampoco le importaba demasiado. No tenía la más mínima idea de cómo usar las próximas horas. El tiempo estaba colocado a sus pies como una alfombra enorme. Caminó mucho y despacio. Se detuvo en un colmado, se apoyó en el mostrador sucio y pidió un trozo de queso y pan.

Un mozalbete, de pelo encrespado y brazos huesudos, atendía a los clientes. La voz de Shakira animaba el momento. En un rincón, tres parroquianos empinaban botellas de refrescos. El dependiente bajó un frasco de ron de un tramo atiborrado de bebidas. Un borracho gritó obscenidades a una muchacha que acababa de comprar tomates y cebollas. Los clientes rieron y la mulata, de pechos generosos y trasero abundante, salió avergonzada. Burundi estaba acodado al mostrador, rígido, sin mover un músculo de la cara. El muchacho terminó de despachar al hombre y después a una mujer. Luego, mirando a Burundi, le dijo:

-¿Y usted, qué quiere? (p. 28).

4. Descripción y narración entrelazada desde la perspectiva del protagonista y el punto de vista del narrante, lo que hace posible una visión plena y rotunda de la realidad sociocultural. La narradora mira el acontecer del mundo con los ojos de su protagonista:

La calle se fue quedando vacía. Pocas personas la transitaban. Burundi echó una ojeada a las aceras, a las fachadas de las casas vetustas, a los antiguos edificios de empinadas escaleras y amplias habitaciones. No llegaba hasta él siquiera el ruido de los escasos vehículos que se desplazaban por la calle Arzobispo Nouel. Tampoco quedaba rastro de los mendigos y vendedores que cada día invadían las aceras con sus variopintas mercancías. Cada noche era como si pasara un viento fuerte que los arrancara de cuajo. Quedaban entonces las calzadas desoladas, las vías desiertas. Al día siguiente, se multiplicaban y florecían los vendedores ambulantes, los pordioseros con sus cojeras y deformidades, con sus rostros miserables y sus manos mugrientas y temblorosas (p. 49).

5. Configuración de cuadros, escenas y momentos narrativos en los que fusiona el plano real con el plano evocado para sugerir el estado de alucinación unas veces, de desesperación otras, en el que el sujeto de la narración discurre en medio de sus tribulaciones:

Cerca de las tres de la tarde recogió las baratijas, botó la bolsa en un pequeño muladar y caminó. El Sol era intenso y ardía demasiado. Sol tropical; Sol rotundo. Rato después caía sobre la ciudad una lluvia implacable. Durante tres horas estuvo lloviendo sin amainar ni un momento. Santo Domingo era un lago nauseabundo. La gente se guarecía bajo los toldos de las tiendas. Esperaba ansiosamente que dejara de llover. En las aguas pestilentes flotaban cáscaras de frutas, papeles, pedazos de madera y cartón, zapatos viejos, ropas inservibles y cacharros. Las imprecaciones estallaban en las calles y avenidas (p. 86).

En atención a su sólida formación intelectual y su firme vocación literaria, Emilia Pereyra sabe que la realidad socio-cultural ofrece múltiples opciones a quienes tienen ojos para ver y oídos para escuchar y una sensibilidad trascendente para dotar al contenido de su escritura de una dimensión honda desde perspectivas profundas y elocuentes, testimoniadas con imaginación y belleza, con sentido humanizante y trascendente y, sobre todo, con la autenticidad de quien escribe bajo la inspiración de su propia percepción y valoración del Mundo. Por eso escribió nuestra admirada narradora: “Sabiendo esta realidad, sin renunciar a la búsqueda del pasado para conocer la trayectoria y la experiencia humana, debemos tener los sentidos alertas para ver, oler, palpar, intuir, imaginar y profundizar todo lo que nos rodea. Por eso, creo que no es errado que propongamos que echemos miradas sobre nuestras vidas, que reflexionemos sobre el misticismo, el pensamiento mágico, la intuición, la soledad, la corrupción y la frivolidad imperantes y sobre otros temas” (6).

Efectivamente, temas como la soledad, la pena, el agobio que experimenta el protagonista de esta singular historia, es exactamente lo que sienten y padecen millones de hombres y mujeres, no sólo en los sectores humildes del pueblo dominicano, sino de cualquier lugar del mundo sometido a la inequidad de la explotación o la arbitrariedad de la opresión. Esas manifestaciones de la interioridad, que la narradora ausculta en sus personajes, es índice de unas precarias condiciones materiales y espirituales en sus criaturas imaginarias. La narradora se introduce en el interior de sus personajes para entenderlos en su comportamiento y sus reacciones peculiares. Sabe narrar el vacío interior, la pena y la desolación que carcomen sus vidas. Sabe ubicar el entorno material y afectivo de su ambiente circundante para profundizar en el derrotero de sus vidas. Sabe leer e interpretar la razón de actitudes y conductas. Y sabe enfocar el trasfondo de unas condiciones que reclaman un reordenamiento esperanzador de vida y entusiasmo.

En varios pasajes narrativos de esta singular novela, sobre todo en aquellos cuyo campo semántico encierran situaciones dramáticas y conflictivas, la narradora evoca referencias musicales como una forma de provocar la distensión ante el estrés y la ansiedad de sus interlocutores. La música implica la sensibilidad y la sensibilidad conduce al disfrute y la valoración de la Creación. El nivel de comprensión intelectual y estética de los personajes de Cóctel con frenesí, es rudimentario y tosco, afín a los sectores populares de nuestros obreros y chiriperos, lo que explica la alusión a bachatas y merengues en la concurrencia de hechos y ambientes. Emilia Pereyra, como buena novelista, sabe perfilar la sensibilidad de los hombres y mujeres de los ambientes populares urbanos y campesinos y sabe que la música es el vehículo artístico que llega al corazón del pueblo. En la narrativa de nuestra novelista ese aspecto se afianza gracias a la significación estética de un relato que pretende revelar la realidad en su expresión genuina y auténtica.

Los buenos narradores no explayan ni califican los hechos que narran. Simplemente muestran lo que una imaginación, curtida en la fragua de la realidad, concibe para que sea el lector quien infiera y juzgue. Emilia Pereyra presenta el panorama. Describe y narra. Enfoca y sugiere, como la buena narradora que es. La obra narrativa de Emilia Pereyra es una prueba de su alta conciencia intelectual, social y estética. La dimensión de sus relatos revela su fe en la eficacia de la palabra con su riqueza expresiva y su alcance semántico. Emilia narra para atizar un sentido, para mostrar lo que concita su sensibilidad, para fulminar lo que encalabrina su conciencia (7).

Emilia Pereyra describe y narra, no su deseo de las cosas, sino lo que percibe de la realidad con un verismo impresionante. No se trata de una narrativa acomodaticia que pretende conmutar sus anhelos con la realidad; la narradora se sabe intérprete de una expresión social, testigo notarial de lo que el mundo expresa y que la imaginación recrea con la mayor dosis de verismo para sugerir una toma de conciencia con una visión objetiva, actitud solidaria y disposición genuina.

La novela de Emilia Pereyra parece un fotograma social y epocal similar a un tratamiento fílmico con tal precisión que podemos visualizar, a través de sus palabras, el decurso de sucesos y el trasfondo de hechos y actitudes. Esa es una virtud narrativa que distingue la ejecutoria novelística de autores de la talla de Camilo José Cela, Miguel Delibes, Juan Rulfo, Alejo Carpentier, Juan Bosch y Marcio Veloz Maggiolo, cualidad que posee nuestra agraciada novelista.

Lo que Emilia Pereyra narra no es una visión romántica, modernista o surrealista de lo que la imaginación podría concebir de la realidad, sino lo que la misma realidad, tozuda y pragmática, ofrece y sugiere para la creación de una narrativa densa, vigorosa y contundente con un lenguaje afín a esa manera de ver y sentir, como la obra de esta valiosa narradora dominicana, cuyas novelas confirman el talento de esta primorosa novelista nacional.

A través de Burundi, un humilde hombre de los barrios pobres de Santo Domingo, nuestra novelista nos ofrece una visión sociográfica y estética de una realidad social actual con datos y personajes tamizados a través de una ficción rica en pormenores anecdóticos, variada en recursos compositivos, elocuente en frases hermosas y, sobre todo, reveladora de una novelista ejemplar.

La realidad siempre auspicia la gestación de los buenos novelistas que la cifran e interpretan. La de nuestro tiempo y de nuestro país nos dio la voz luminosa y refrescante de Emilia Pereyra.


Bruno Rosario Candelier


Academia Dominicana de la Lengua



Santo Domingo, Ciudad Colonial, 16 de octubre de 2008.



Esta exposición fue efectuada en la Academia Dominicana de la Lengua, con motivo del ingreso de Emilia Pereyra como miembro correspondiente.



Analizan obras de escritor Peralta Romero

La actualización de una narrativa

Por Manuel Salvador Gautier

El humor, la gracia, el uso coloquial del lenguaje, las situaciones ordinarias sacadas de contexto o extraordinarias sometidas a la trivialidad, o simplemente consuetudinarias, la adopción de técnicas modernas, el uso de un narrador en segunda persona, son algunas de las características sobresalientes del grupo de diecinueve cuentos que nos presenta Rafael Peralta Romero en su obra Punto por Punto (1). Se trata de una tercera edición de un libro que se publicó por primera vez en 1983; y hay que preguntarse por qué razón, con una demostración tan evidente de dominio del género, con la calurosa aprobación de críticos tan eminentes como José Rafael Lantigua y Joaquín Balaguer, el autor esperó nueve años, hasta 1992, para publicar su segunda obra de cuentos, Diablo Azul. Por suerte para la literatura dominicana, su producción ha sido continua desde entonces, con publicaciones que promedian tres o cuatro años entre sí, con la incursión, en 1997, en la narrativa larga con la novela Residuos de Sombras, hasta su última obra, Cuentos de niños y animales (infantil), en 2007.

Los cuentos en Punto por Punto hay que dividirlos en dos partes. La primera parte contiene dieciséis cuentos y la segunda, tres.

En los cuentos de la primera parte encontramos lo que podríamos llamar la modernización del cuento de costumbres, y la quiero llamar así, porque este tipo de cuento ha sido vilipendiado y estigmatizado, acostumbrados como estamos a menospreciar la literatura que nos precedió, sin entender que se trata de un período de la narrativa dominicana que requería la presentación de estos cuadros costumbristas, para conservar estas costumbres en nuestra memoria colectiva; son los cuentos que hicieron escritores como Néstor Caro (n. 1917-?), José Ramón López (1886-1922) y Sócrates Nolasco (n. 1884-1980), hasta que llegó Juan Bosch (1909–2001) e impuso el cuento contemporáneo con cánones y definiciones estrictas, que ahora Peralta asume y revierte. A esta manera de contar de Peralta podríamos llamarla la reivindicación del cuento costumbrista. Se trata de la exposición de un hecho-tema único con una fluencia constante en su desarrollo y la sujeción a un universo propio, y, al final, una conclusión inesperada, todo como lo requiere Bosch; sólo que en estos dieciséis cuentos de Peralta no hay un sentido de crítica social ni de enseñanza de una verdad; hay sólo la voluntad de demostrar que las costumbres de un pueblo son un tema narrativo inagotable, al que puede recurrirse una y otra vez con versiones frescas y “aggiornate”, es decir, al día. Es un criollismo que permanecerá en el tiempo mientras el hombre se aferre a su tierra y encuentre en ella motivos para cantarle. Peralta no es el único autor dominicano en estos afanes. Lo hizo también Manuel Rueda en su novela Bienvenida y la noche, en 1994, y lo seguirán haciendo otros. Esta narrativa actualiza y da un nuevo vigor, un revestimiento de renovada iniciativa, a lo que se consideraba un tipo de cuento agotado.

Estos cuentos en Punto por Punto son cortos (la mayoría no llegan a completar dos páginas) y pincelan (o caracterizan, si queremos ser menos metafóricos) a personajes de un poblado específico, Los Uberos, un nombre que suena real, aunque podría ser un Macondo del autor, un seudónimo de Miches, el poblado en la bahía de Samaná donde nació y creció éste. En ese lugar pegado al mar encontramos a la muchacha que tiene su aventura amorosa con el novio, sale encinta y, cuando la critican, dice que eso no importa porque en ese pueblo “nadie se casa”; o al sastre que fía unos pantalones al hijo de un amigo, y, para lograr que le pague, tiene que recurrir al amigo que le dice para disculparse, muy dolido por la falta del hijo: “Lo que pasa es que mi hijo fue militar”. Lo imaginativo y lo imprevisto en los cuentos de Peralta están en las implicaciones de las actitudes de sus personajes, no en un hecho final, como ocurre en Bosch y otros cuentistas contemporáneos. Esa sutileza es lo que hace la diferencia en Peralta y lo que hará que sus cuentos puedan leerse todo el tiempo con el mayor agrado, por lo que auguro varias ediciones más de la obra.

Al final, aparecen los tres cuentos que, de acuerdo a mi criterio, conforman la segunda parte. Son marcadamente políticos. Ya no estamos en Los Uberos sino en el país donde éste se encuentra, que asumimos es la República Dominicana, aunque podría ser cualquier otro país latinoamericano. Aquí, después del repaso amable por situaciones pueblerinas, el recurso del sarcasmo es una novedad que sorprende. La crítica política comienza con un retrato del Dictador preocupado por la cantidad de presos políticos que hay, lo cual le hace tomar una decisión, y del desconcierto que siente éste al soltar uno de los presos y darse cuenta que ese hombre, abusado hasta convertirlo en un guiñapo, tiene la capacidad de sobrevivir, sobreponerse y “vivir en libertad”. Es el único cuento de la obra donde hay una demostración de algo que el autor siente muy profundamente: la libertad del hombre es algo inalienable que le confiere dignidad y coraje. Y es un cuento que repercute en la conciencia de quien lo lee.

Los otros dos cuentos son juegos de la imaginación del autor, donde la parodia y la palabrería tienen un papel preponderante en la denuncia de los males que aquejan la democracia incompleta de nuestros países.

Peralta Romero, Rafael. Punto por Punto. Santo Domingo. Editorial Gente. 3ra. Edición, junio de 2008.


Los tres entierros de Dino Bidal

Novela de Rafael Peralta Romero

Por Ofelia Berrido

Con un título sugestivo que funciona cómo una buena carnada esta obra de ficción social nos brinda a través del imaginario de Rafael Peralta las realidades propias de países dominados por poderes absolutistas. Muestra la vida simple de una aldea marítima donde sus ciudadanos viven acostumbrados a la palabra cuartada, a un miedo soterrado y a glorificar un líder castrante sin cuya aprobación su vida no fuera posible. La posesión de tierra, la entrada fallida de compañías extranjeras, el poder militar, la corrupción, las creencias en lo sobrenatural -la magia, la brujería- y la existencia, convertida en esperanza, de hombres honestos como el Magistrado Lavandier son asuntos que esta obra aborda.

Se trata de una historia narrada bajo la sombra del poder de la era de Trujillo con un secretario que nos recuerda constantemente lo que ocurre en otra parte del planeta un paralelismo con otro tipo de poder que se consolida a base de la intimidación, intromisión y guerra. Es un libro de crítica social que muestra las costumbres de un pueblo. Parecería que el escritor dominicano, en general, tiene predilección por los temas relacionados a esta época oscura de nuestra historia. Quizás se trate del deseo de mantener vivo nuestro recuerdo para que las cosas no se repitan o simplemente se trate de una generación que lo vivió en carne propia o de la siguiente, tocada fuertemente por las vivencias de sus padres, familiares y amigos. En ambas, aún persiste vivo el dolor y el terror arraigado en su mente. De todas maneras igual que les ocurrió a los escritores en exilio político, los de post guerra, post dictadores y post holocausto no solo perdieron a muchos de sus seres queridos sino que perdieron años, décadas de sus propias vidas. Son seres humanos que llevan guardado en su pecho demasiado sufrimiento, demasiada frustración y demasiada rabia y tienen, deben y están en su derecho de manifestarlo.

Rafael Peralta no ha hecho una obra politizada. No se trata de una novela panfletaria, ni de mensajes, aunque hay que entender que toda obra literaria quiérase o no trae un mensaje escondido. Esta novela no está escrita a base de denuncias sino a base de una historia interesante y bien contada marcada por una prosa lozana y una lengua bien cuidada. Fue escrita de forma clara con valores ideológicos bien definidos y logrados, que entran en conflicto, sin que resulte para el lector una cátedra moralizante.

La trama de acción y la evolución de los acontecimientos se desarrollan a partir de la desaparición del peculiar personaje, Dino Bidal, ¨un hombre de pantalones que fue capaz de enfrentarse, siendo muchacho de dieciséis años a la guardia americana que invadió el país en 1916¨ y que generaba por su fama de guapo, guerrillero y hasta brujo los más disímiles sentimientos en la población del pequeño poblado.

El autor no se auxilia de la introspección y es la acción pura la que nos conduce através de la novela. Cuatro enigmas nos atrapan: la desaparición de Dino Bidal; un perro fiel que ladra y cava; la presencia de Bidal en la comisaría; y un espectáculo digno del mejor surrealismo que ocurre en el cementerio. La obra goza de una tensión interna que se mantiene, una acción emocionante y atrapadora que retiene al lector y alimenta su interés.

Narrada en tercera persona y construida en un tiempo no lineal se trata de una novela corta, apretada, pero sustanciosa donde el autor logra la precisión en torno al conflicto principal sin una palabra de más, logrando mantener la fuerza de la narración y la intriga a todo lo largo de la novela: desenredando nudos y desvelando secretos poco a poco.

El estilo de Rafael Peralta resulta ágil, llano, directo, divertido y fácil de leer, con una puntuación inteligente y una construcción que permite al lector fluir a través del texto.

Es notorio el uso de dichos propios de estas regiones y otros originales del escritor que nos dicen verdades aleccionadoras con sabor a sabiduría popular como las que veremos a continuación:

Esconder la verdad viene a ser, la mayor de las veces, como retener el agua en un recipiente perforado; o cuando Arismendi Mercedes, pescador y campesino increpa al cabo y le dice; Hable Lorenzo, carajo, que el hombre nace un día y se muere otro.

Si bien la trama no profundiza en la sicología de los personajes nos deja bien claro sus rasgos principales. Hemos de recordar que se trata de una novela de acción donde se eluden los conflictos internos para dar cabida a los conflictos sociales, pero los móviles de los personajes quedan muy claros. La caracterización resulta bien lograda dándole vida a un Dino Bidal que representa el macho que no le tiene miedo a nada y que sobrepasa todas las dificultades creando el mito de un hombre con poderes y visiones que van más allá de lo sensorial; el Magistrado, personaje de una sola pieza se convierte en humano al final de la obra cuando da señales de haberse enamorado de Leticia la hija de Bidal; una hija que a pesar de ser mujer del campo y sin educación resulta ser digna hija de su padre: seria, indomable y libre.

Hay escenas dignas de mencionarse por su peso específico, su contenido fantástico y el efecto que provocan en el lector: la lucha de Bidal con el tiburón; la escena del cementerio; aquella en la cual las campanas del reloj de la iglesia suenan coincidiendo con el momento preciso en que se canta sentencia a unos militares a los cuales se les pasa juicio; y el olor a muerto cuando Bidal cocina un hígado de tiburón como signo premonitorio del olor a muerto en los manglares.

Terminemos esta visión de esta seductora obra con unas palabras del Magistrado Lavandier, prototipo del hombre honesto creado por Peralta: Cuando el hombre siente que sus actos obedecen a las mejores intenciones y que la verdad es la estrella que conduce sus pasos, experimenta emociones que han de resultar superiores a toda otra.

(Presentado en la Academia Dominicana de la Lengua).

Coloquio sobre Los tres entierros de Dino Bidal, a propósito de la reedición de la novela. 26 de febrero de 2009


Resaltan valor literario de libros de escritor Peralta Romero

El escritor Rafael Peralta Romero presentó nuevas ediciones de dos de sus libros, en el marco de un coloquio en el que tres escritores destacaron las condiciones literarias y estilísticas de las obras, el volumen de cuentos “Punto por punto” y la novela “Los tres entierros de Dino Bidal”.

Los novelistas Manuel Salvador Gautier, Ofelia Berrido y Rafael Darío Durán presentaron exposiciones sobre las obras puestas a circular en un acto celebrado en la sede de la Academia de la Lengua, de la cual el autor es miembro correspondiente.

Gautier se refirió a la actualización de la narrativa de Peralta destacando el humor, la gracia, el uso coloquial del lenguaje, las situaciones ordinarias sacadas de contexto o extraordinarias sometidas a la trivialidad en el libro”Punto por Punto”.

Se trata de una tercera edición de un libro que se publicó por primera vez en 1983 y Gautier se preguntó “por qué razón, con una demostración tan evidente de dominio del género, con la calurosa aprobación de críticos tan eminentes como José Rafael Lantigua y Joaquín Balaguer, el autor esperó nueve años, hasta 1992, para publicar su segunda obra de cuentos, Diablo Azul”.

El destacado novelista dijo que Punto por Punto, sobre todo en la primera parte, significa “la modernización del cuento de costumbres, y la quiero llamar así, porque este tipo de cuento ha sido vilipendiado y estigmatizado, acostumbrados como estamos a menospreciar la literatura que nos precedió, sin entender que se trata de un período de la narrativa dominicana que requería la presentación de estos cuadros costumbristas, para conservar estas costumbres en nuestra memoria colectiva”.

Dijo que en los cuentos de Peralta Romero hay “ un criollismo que permanecerá en el tiempo mientras el hombre se aferre a su tierra y encuentre en ella motivos para cantarle. Peralta no es el único autor dominicano en estos afanes. Lo hizo también Manuel Rueda en su novela Bienvenida y la noche, en 1994, y lo seguirán haciendo otros. Esta narrativa actualiza y da un nuevo vigor, un revestimiento de renovada iniciativa, a lo que se consideraba un tipo de cuento agotado”.

Estos cuentos en Punto por Punto son cortos (la mayoría no llegan a completar dos páginas) y pincelan (o caracterizan, si queremos ser menos metafóricos) a personajes de un poblado específico, Los Uveros, un nombre que suena real, aunque podría ser un Macondo del autor, un seudónimo de Miches, el poblado en la bahía de Samaná donde nació y creció éste.

Los otros cuentos, dijo Gautier, “son juegos de la imaginación del autor, donde la parodia y la palabrería tienen un papel preponderante en la denuncia de los males que aquejan la democracia incompleta de nuestros países”.

Los tres entierros de Dino Bidal

De su lado, la doctora Ofelia Berrido comentó el libro “Los tres entierros de Dino Bidal”, del cual dijo que atrapa desde el título sugestivo el cual funciona cómo una buena carnada para leer una obra que presenta “las realidades propias de países dominados por poderes absolutistas”.

Comentó que la obra muestra la vida simple de una aldea marítima donde sus ciudadanos viven acostumbrados a la palabra coartada, a un miedo soterrado y a glorificar un líder castrante sin cuya aprobación su vida no fuera posible. “La posesión de la tierra, la entrada fallida de compañías extranjeras, el poder militar, la corrupción, las creencias en lo sobrenatural -la magia, la brujería- y la existencia, convertida en esperanza, de hombres honestos como el Magistrado Lavandier son asuntos que esta obra aborda”, dijo Berrido.

“Es un libro de crítica social que muestra las costumbres de un pueblo. Parecería que el escritor dominicano, en general, tiene predilección por los temas relacionados a esta época oscura de nuestra historia. Quizás se trate del deseo de mantener vivo nuestro recuerdo para que las cosas no se repitan o simplemente se trate de una generación que lo vivió en carne propia o de la siguiente, tocada fuertemente por las vivencias de sus padres, familiares y amigos”, dijo Berrido.

La escritora precisó que Rafael Peralta no ha hecho una obra politizada. “No se trata de una novela panfletaria, ni de mensajes, aunque hay que entender que toda obra literaria quiérase o no trae un mensaje escondido. Esta novela no está escrita a base de denuncias sino a base de una historia interesante y bien contada marcada por una prosa lozana y una lengua bien cuidada”.

Dijo que “Los tres entierros de Dino Bidal” Fue escrita de forma clara con valores ideológicos bien definidos y logrados, que entran en conflicto, sin que resulte para el lector una cátedra moralizante.

Ofelia Berrido expresó que Peralta Romero en su novela “no se auxilia de la introspección y es la acción pura la que nos conduce a través de la novela. Cuatro enigmas nos atrapan: la desaparición de Dino Bidal; un perro fiel que ladra y cava; la presencia de Bidal en la comisaría; y un espectáculo digno del mejor surrealismo que ocurre en el cementerio. La obra goza de una tensión interna que se mantiene, una acción emocionante y atrapadora que retiene al lector y alimenta su interés.

“El estilo de Rafael Peralta resulta ágil, llano, directo, divertido y fácil de leer, con una puntuación inteligente y una construcción que permite al lector fluir a través del texto”, dijo Berrido y recomendó una expresión del personaje Magistrado Lavandier: “Cuando el hombre siente que sus actos obedecen a las mejores intenciones y que la verdad es la estrella que conduce sus pasos, experimenta emociones que han de resultar superiores a toda otra”.

El escritor Rafael Darío Durán intervino también en el coloquio y planteó que “Los tres encierros de Dino Bidal” es una crónica sobre un horrendo y cobarde crimen, un ejemplo del poder que tenía un guardia durante la tiranía de Rafael Leonidas Trujillo Molina y de que, a pesar de la ignominia y la represión, había hombres capaces de poner en riego sus vidas en ara del ideario de la Justicia.

Dijo que desde el principio, el lector sabe que los guardias de puesto en Guaco tienen algo que ver con la desaparición de Dino Bidal y el “narrador nos da elementos suficientes para confirmar la sospecha de Leticia Bidal de que a su padre algo le pasó. Y la clave principal es el perro que Leticia le regaló a su padre, que mientras ella denunciaba junto a sus hermanas la desaparición de su progenitor, escarbaba en la arena en busca de su amo, que en ese momento era cadáver”.

Es tan intenso el relato y mortificante las curiosidad que lo envuelven que “no hay tiempo para las menudencias, para detenerse en romanticismo ni otras pendejadas”.

Al final de su exposición, Durán dijo que “ quiero decir que Rafael Peralta Romero maneja como nadie el humor y que esta novela está repleta de situaciones jocosas, pese al clima de muerte y angustia que impera a lo largo de toda la trama”.


domingo, 4 de septiembre de 2016

Sobre la obra de Solano

Aproximación analítica a la obra escritural de Miguel Solano

Por Eduardo Gautreau de Windt

Con más de 12 títulos en su haber escritural, Miguel Solano es, como él mismo lo pone en su curriculum vitae, desde el 2004, un escritor a tiempo completo. Y entre sus diversas obras hay de todo, desde lo poético, versificado, lo ensayístico, de corte pseudocientífico y lo político, hasta lo narrativo, corto y largo, infantil y para adultos. Y en este último campo, el narrativo, es que nos toca evaluar su obra, dividida en nueve -9- títulos de cuentos y tres -3- novelas.
Hago una aproximación a todo su trabajo por medio de la lectura analítica de dos volúmenes de cuentos: Memorias del Alma y Sinfonía del Águila; y de su novela Las lágrimas de mi papá.
A poco de adentrarse uno en estas obras de Solano se topa con su peculiar estilo de no escatimar nada de su vida personal ni política, para construir su narrativa. Y de promoverse a sí mismo, por medio de su obra, tanto de nombre, como en fotos de hechos reales pasados. Solano unifica sus vivencias de animal político que es, con las del hombre, desde que era niño. Y nos confunde, como lectores, poniéndonos a reflexionar sobre cuánto hay de verdad y cuánto de ficción en los que nos cuenta. Si todo narrador es un ficcionador, por el oficio, que se esconde detrás de la máscara de sus personajes, trastocando nombres, lugares y hasta fecha, para borrar así los visos de verdad vívida a que recurre como escritor, utilizando sus propias experiencias para escribir, Miguel Solano no utiliza este recurso, sino que contrariamente nos remacha la narración con nombres reales, fotos, fechas y circunstancias que puedan darnos cuenta de la verdad real detrás de la ficción, o engañarnos de tal manera que el lector pueda creer de manera total lo que él cuenta. Porque es él mismo, con su propio nombre, que funge de narrador en las tres (3) obras analizadas, y son las referencias, de lugares y nombres de familiares y amigos, de infancia y de vida, junto a las fotos que le sirven de testimonio. De ahí que su estilo sea, claramente y a ex profeso, memorístico, como muy bien intitula una de estos volúmenes. En sus obras es él el verdadero y único protagonista de todas las acciones narrativas.
Pero, dentro de toda esa verdad que nos cuenta Solano, uno consigue elementos que le hacen dudar, como, por ejemplo, su forma de nombrar los personajes de sus relatos: Mario Alberto, Alberto Emilio, Rafael Emilio, Esteban Emilio, Jorge Emilio, que ponen a uno a pensar en si es coincidencia o falta de imaginación escritural al escoger los nombres, o, por otro lado, Mónica Alcoba y Mónica Gallego, que hasta retrotraen al avezado lector a personas de la vida real y cercanas al hombre que escribe. Aunado a los reales de la política vernácula que el autor utiliza sin tapujos y a mansalva, como el de Leonel Fernández, Joaquín Balaguer y Danilo medina, por solo mencionar algunos. Y no contento con todo esto el autor nos da coordenadas precisas de donde vive y nos trastrueca los nombres de sus vecinos al agregarle epítetos como parte de sus nombres.  Todo esto en una misma obra.
En Memorias del Alma, existe un largo relato (41 páginas) de la entrevista que el autor le hiciera al Profesor Juan Bosch, en su condición de presidente del PLD. En dicho relato, alejado por completo de lo que puede ser un cuento, este juega con la realidad al colocar palabras en boca del Bosch personaje, que rayan en la ficción, rompiendo por completo la realidad real del relato:
“Cuando Leonel Fernández y Miguel Solano se juntaron crearon una poderosa fuerza victoriosa, pero es Miguel Solano quien tiene su rostro cubierto por esa luz resplandeciente que posibilita la victoria.” (Página 57).
Y el autor continúa por este derrotero, en el que obligadamente nos hace pensar si esta es su forma de ajustar cuentas y pasar factura con los protagonistas reales de los hechos políticos, por todos conocidos, o si es simplemente en burla que este, conscientemente, los usa para enriquecer su manera de escribir ficción; o sea un recurso literario, un solanismo. Así, de igual modo, recurre a otros hechos y personajes políticos para, a manera de crónicas, relatarnos hechos que quizás fueron totalmente reales, pero que en boca del autor y por su forma de narrarlos, los desnaturaliza, a propósito, jugando aviesamente con la verdad. Es que si “en la política, hay cosas que se ven y otras que no se ven”, como decía el mismo Juan Bosch, y todos sabemos de  la dosis de ficción y mentira que hay en ella, Miguel Solano, se pasea a gusto por esa irrealidad por la que él por tanto tiempo ha navegado, resultando un náufrago de la misma; triunfante, ahora, en su venganza, en el campo narrativo.
Otro aspecto importante de toda su obra escritural, incluyendo lo poético, aunque no tratemos de ello en este análisis, lo constituye su conocimiento y manejo de los temas bíblicos: Son referencias obligadas a todo lo largo de su obra. Dios, el diablo, sea como Luzbel o  ángel de luz, o sea como personaje encarnado, en un banquero, en un político o un economista, (sin alusión personal alguna) que parece a veces ser un alter ego del propio narrador, que constantemente desafía a Dios, en el relato, narrativo o lírico, retándolo en ocasiones o burlándose abiertamente. Estos acompañados de otros personajes de la tradición judeocristiana, contenidos en la Biblia.
Uniendo los dos temas anteriores tratados, podemos reconocer que el sarcasmo, la ironía y la sátira son columnas vertebrales de su estilo escritural, con los que, a veces con maestría, Solano nos sacude y nos pone a reflexionar. Pero donde se regodea el escritor es en echar manos a sus recuerdos, a su vida pasada, a su nirvana infantil, ya que este no cree en el Paraíso, poblado de los mejores personajes de su realidad pasada, ya ida, pero que él en su ficción recrea con acierto. Así, en los tres volúmenes analizados, la evocación de sus mejores días, en el Este del país, al amparo de sus padres y abuelos, y en el calor de la familia extendida, por amigos, compañeros escolares, profesores, vecinos y amantes de su abuelo, etc., es la argamasa primordial de sus relatos. Es su gran y verdadero relato, con toda la ficción que puede soportar en su interior, sin desnaturalizarse. Aquí, nadie puede, por avezado que sea, contradecir o dudar del autor, y este nos cautiva con la belleza y la profundidad con que mantiene el hilo de ese gran relato. Acudimos entonces a bañarnos en el charco de su verdad,  y salir airosos con él, triunfante, desde su fondo, luego de darse la mano con la muerte.
Este relato narrativo, con muy pocas acciones narrativas, atinadamente usa de trasfondo lo costumbrista, lo autóctono, para desde su pequeña y primera patria, el batey San Miguel, contarnos, por medio del niño que se trasforma en adolescente, en su despertar a las pasiones, al amor y a la muerte, a la lucha y al aprendizaje, lo que es a sus ojos la Vida. Es, entonces, Las Lágrimas de mi papá, su libro de vida. Su apoteosis evocativa, y, a la vez,  el memorial tributo a su padre, a su madre y a su abuelo materno, artífices de su vida.
De manera conversacional, fácil de enlazar en él las coordinaciones expresivas, como ya dijo el académico Ramón Emilio Reyes, en la contraportada de la misma, Miguel Solano nos entrelaza una serie de relatos, que pudieron estar aislados, de manera coherente, casi sucesiva en el tiempo, para armarnos una historia personal y familiar, confesional y muy íntima, a manera de testimonio. Nos retrata a una familia patriarcal de un pequeño batey cañero del este de la República Dominicana, entre los años de los 50 a los 70, aproximadamente, en el que podemos ubicar la historia. Así como los típicos hechos sociales, civiles y políticos de la época. Las costumbres clásicas entre varones y hembras, entre marido y mujer, entre madre e hijos, abuelos y nietos, y suegros y nueras y yernos.
Sobre ese trasfondo socio-político, nos retrata la trata (in)humana en la migración haitiana para el corte de la caña, y nos retrata, de manera perfecta y responsable, las actitudes esquivas y cómplices de los jefecitos que, desde abajo, también se beneficiaron con dicha trata; y de cómo estos amasan sus grandes pequeñas fortunas. Su padre, y su familia, fueron parte del entramado, y sin tapujos, quizás sin caer en cuenta, nos hace una denuncia sociopolítica de considerables dimensiones. Es ese tenor, nos dibuja con atinado acierto, la figura del jefe y patriarca de la comarca, su padre, del cura que viene y va, de los asaltantes y bandoleros itinerantes, del hombre trabajador y esforzado y del político aprovechado, todos salpicados del machismo ancestral que lo definen y lo moldean y de creencias y supersticiones que lo completan. Algunos dueños de una sabiduría natural y autentica aunada a la experiencia maestra, bien ganada en la vida. Solano nos esboza claramente los personajes y sus circunstancias, sus afanes y sus peripecias, para retratarnos la realidad del campo cañero dominicano de esa época. Para ello no escatima esfuerzos y, en pinceladas, nos muestra la gallera, la escuela, la contienda política, los bares, los prostíbulos, las reuniones sociales a campo abierto y la comunión de los hombres con la naturaleza, para su provecho y supervivencia.          
Al ser, sobre todo,  una historia personal, el autor pone una dosis de pasión importante al contarnos cada hecho vivido; vivido y ficcionado por el alma de un niño, que en medio de un ambiente de supersticiones, y con la autoridad y el bagaje de gozar de principalía en su patria chica, ve la vida con ansias, desplegando un liderazgo inicial, con la protección de sus padres, que lo colocan en la escalera del protagonismo, más allá del relato. De esta manera nos forja al héroe de la novela, con todas las características clásicas. Es el niño que desafía al abuelo materno, que aborda a la madre de manera madura, que enfrenta solitario a sus propios miedos en la oscuridad del camino, que se le escapa al padre en sus planes familiares; es también el mismo que si sucumbe a la seducción de la compañera de clases, que lo instruye en la pasión primera, se yergue macho sensible ante la necesidad corporal de la maestra, mujer, amante  del abuelo, y quien sin temor, ve la muerte cara a cara, la toca y hasta la carga a la casa de manera ingenua y valiente. Héroe puro que pasa por todo el relato, narrándolo, y sale airoso, triunfante, a manera del clavadista de la obra anterior, que desafía todo el peligro, consciente, y gracias a su valor personal, se libra de las lianas subacuáticas del turbio fondo que pretenden retenerlo. Típica e ilustrativa forma de contar nuestras historias, en la niñez y desde la niñez, aun pasada, en la que un narrador personaje asumía todo el peso del relato con un final feliz, para su vanagloria, entre sus pares. Relatos pueblerinos y de barrios, en nuestras pasadas infancias. Ese dulce sabor de la infancia no trae el autor en Las lágrimas de mi papá, al evocar su vida nos hace evocar cada una de nuestras historias personales, haciéndonos, además, recordar una época, con muchas de sus características, sociales, políticas, personales, etc.
Por último, con su lenguaje fácil, su estructura sencilla, sin varias sub-tramas, sin recursos intrincados en el manejo del tiempo, sin intertexto engorrosos, de una manera lineal nos construye una historia que muy bien se inscribe dentro del gran relato de los doce años. Época insuficientemente contada y analizada, de la vida nacional, con características comunes a una misma causalidad latinoamericana, que permanece como deuda pública, aún, y a la que nos debemos los escritores nacidos y crecidos en la post Era. El período del balaguerato, que tuvo sus características propias, y cuyas expresiones se dieron en lo rural y en lo urbano de manera distinta, es abordado por Solano, por medio de sus pinceladas, pero debe ser motivo de una mayor cantidad de novelas, profundizando en sus pormenores y en sus consecuencias, así como se ha hecho, casi hasta hartarnos, con el trujillato, para pasar facturas, enmendando las condenas impedidas por el borrón y cuenta nueva, que si bien evitó males mayores y la fractura de una sociedad que jamás se ha repuesto por completo de un contienda fratricida, facilitó la libertad y la limpieza de las historias personales y la permanencia en un protagonismo político-social de aquellos que se enriquecieron sobre las vidas de muchos y el esfuerzo de todos los demás. La narrativa sirve también para eso, no es solo para la ficción.    
Enero 2015


  




Acerca de obra literaria del escritor Miguel Solano

                         Análisis sobre obras literarias del escritor  Miguel Solano,              

                     La sagrada familia una acuarela de dramas, sensualidad y poesía                                  

 Por Víctor Escarramán Hernández


“La existencia tiene tres temas: El amor, la vida y la muerte. Yo creo que no debe haber más de siete tipos de alma: El valiente y el cobarde, el honesto y el deshonesto, el frívolo, el ferviente y el indiferente. Esos siete caracteres que el alma usa para expresarse, juegan dentro del mapa de esos tres grandes temas.” (Pág. 111).   

    Probablemente Francisco de Goya nunca soñara que el título de su majestuosa obra pictórica “La Sagrada Familia”, serviría también de lienzo escritural, para que sobre él, un narrador se atreviera a dibujar sublimes fragmentos narrativos. Tampoco Gaudí, el más genial y vanguardista de los arquitectos españoles, pensó que sus intrincados dibujos expuestos en el “Templo Expiatorio de la Sagrada familia”, en Barcelona, se convertirían en cobijo de metáforas de una novela dominicana.  
   Entre otras cosas en la “La Sagrada Familia” de Solano encontramos: componendas y drama para asesinar a humanos y animales, acuerdos oscuros en el manejo de negocios personales y empresariales, sobornos a policías para no enfrentar la ley, infidelidades, posiciones críticas del autor a través de personajes que teorizan sobre: ciencia, ecología, familia, filosofía, moralidad y economía. Estos tópicos son tratados en un andamiaje  narrativo de 18 capítulos, 122 páginas, 20 personajes, 2 caballos y 5 perros. 
   Utilizando un lenguaje formal y directo, que le inyecta buen ritmo, sin el uso de rebuscamiento de palabras, con una técnica narrativa muy aproximada a la del cuento, haciendo vuelos retrospectivos, con un narrador omnisciente objetivo, manejando capítulos cortos, dualidad de historias y abonada con pinceladas poéticas la obra se desarrolla en un ambiente tenso y dramático que mantiene al lector en atención.  
   Desde el primer párrafo, la novela nos atrapa cuando  Julia María, mujer inteligente, pero implacable, visitó en secreto el apartamento de Pedro Julio, su amante, y auxiliándose de una aguja inyectó el virus de la rabia en el sistema sanguíneo del perro para que el animal se convirtiera en asesino. De inmediato salió del lugar a reunirse con él en un bar, donde le  haría creer que el plan de divorciarse o asesinar a su esposo Armando Alejandro ya estaba en marcha. Entre tragos y música, le dijo que si no podía separarse de su esposo, buscaría  alguien para que lo asesinara y luego se mudarían juntos. Terminada la cita del bar, Pedro Julio se fue a su casa y cuando el perro lo vio entrar se abalanzó sobre su cuello con el mayor grado de furia, destrozando la vida de su amo.  
    Alfonso Alejandro, esposo de Julia María leía el periódico y se sorprendió  al encontrar en el diario un informe policial sobre el asesinato de Pedro Julio e hizo gestos de alegría como si hubiese tenido conocimiento de la trama. Tomando precaución llamó a un abogado criminalista y le preguntó si en todos los casos, sin preguntar categoría, intervenían patólogos forenses. El letrado le respondió que de la única manera que no intervenían los expertos forenses era desapareciendo el cadáver. A seguidas y con la asistencia de amigos de la policía, investigó el nombre del patólogo que había sido asignado para realizar el análisis forense al cadáver.  Alfonso Alejandro se preocupó cuando le informaron que era el doctor Miguel Santos. El especialista forense tenía fama de ser certero en los informes de patología, inflexible e incorruptible. De nuevo a Alfonso Alejandro se le alegró la vida,cuando se enteró que el doctor Miguel Santos sufría de una fuerte diabetes y que todo el dinero que producía, lo gastaba comprando insulina para subsistir. 
   Preocupado porque el doctor Santos en su informe forense no descubriera el crimen cometido por su esposa, también maquinó para entrar clandestinamente al apartamento del patólogo. Estando allí  fue a la nevera, sacó y escondió la insulina que el doctor debía inyectarse al llegar a su casa para sobrevivir. A seguidas agarró el envase que contenía el fármaco y lo sustituyó por otro de la misma forma y tamaño, pero en vez de insulina, este contenía cocaína. 
   Cuando el galeno llegó a su casa,  ansioso por la medicina fue directo al refrigerador, sacó el frasco, luego la aguja, se acomodó en un sofá y la clavó en su abdomen.  Luego de que el cuerpo recibió la mortífera sobredosis, no pasó mucho tiempo para que el organismo se agitara con intensidad. Como Alfonso Alejandro había permanecido oculto en el apartamento, percibió el momento en que el doctor Santos zarandeó sus piernas  y murió.  Después, sacó el frasco  donde había estado la cocaína, lo metió en el bolsillo de su chaqueta y con las manos enguantadas regresó al congelador y colocó las dos jeringas llenas de insulina.
   Al lado del doctor Santos vivía una anciana también diabética a la que el doctor Santos, le suministraba la dosis de insulina. Esta condición provocaba que la mujer estuviera muy atenta a todo cuanto acontecía en el apartamento de su vecino.  Fue la anciana quien describió con lujo de detalles las características del hombre a quien vio usar una llave maestra para entrar y luego salir del lugar del crimen. Días después la pareja fue citada por un teniente policial de apellido Bayo, y estos para evadir el brazo de la Ley se auxiliaron de artimañas legales y sobornos.
   Para que el lector no insista en mantenerse pensando en la acción del próximo capítulo, el autor se auxilia de la retrospectiva y nos vuelve atrás para introducirnos en un complicado enredo amoroso. Era el momento en que Julia María y Pedro Julio trataban de realizar negocios con un  empresario petrolero iraní. Luego de haber pasado varios capítulos, el narrador nos recuerda que esto había sucedido en el marco de la discusión de un negocio y que en una de esas reuniones hubo tragos. En ese instante la mujer, tratando de concretar el acuerdo, se deja llevar por las insinuaciones del millonario y de su inagotable furia sexual y cae en la infidelidad. Luego de concluida la transacción ella se va a su casa, donde sorprende a su esposo con la siguiente pregunta: ¿¨Por qué será que el dinero siempre fastidia el amor? Eso puso  a volar la imaginación del marido, pero él  no logró descifrar la razón de la interrogante. En la habitación con su esposo,  como fiera callada, asume una posición de esposa dócil y amorosa y a seguidas le pide que la toque y la posea porque seguía furiosamente enamorada de él.    Aquella pareja estaba borracha de una magia extraña, que la envolvía. Por ejemplo en otra escena, cuando Alfonso llegó a la casa cenaron bien, escucharon buena música y recrearon un ambiente de sensualidad como el siguiente:  
“Julia María quiso ocultar el influjo sexual que la envolvía, pero sus labios la traicionaron, fueron tan provocativos como una rosa abriéndose a la lluvia; Pedro Julio  no tuvo que ponerse las espuelas” pág. 31.     
Una segunda historia 
   Frente a la existencia de dos historias en un título, los críticos le llaman: Historias entrecruzadas. En la segunda, el narrador relata el amor de Lucía, hija mayor  de los fundadores de la Sagrada Familia. Tratándose de una estirpe rica y con ínfulas de un linaje superior, odiaba que su hija se emparentara  con un hombre que no perteneciera a su misma clase social. Es por eso que a Lucía, aun estando locamente enamorada de Jaime Salvador, no la dejaban casarse con él. En el marco de una cena donde Lucía lo presentaba a sus padres, Julia María se da cuenta de que ese muchacho era el hijo abandonado  de un embarazo oculto de Gloria Soledad, quien también era parte de la Sagrada  familia. Frente a aquella situación, Julia María y Gloria Soledad prepararon un plan para convencer al muchacho de  que aceptara alistarse en la marina, porque ahí tendría un futuro promisorio, debido a las relaciones que la Familia tenía, con los altos estamentos militares. La idea era que él saliera del país por mucho tiempo y Lucía lo olvidara. 
   Pues bien, a pesar del rechazo Jaime Salvador y Lucía habían logrado una sólida relación. Durante los preparativos del viaje  Jaime Salvador  se dio cuenta de la trama, para alejarlo de su novia, y pensó también en los riesgos que correría en alta mar. Por eso entendió razonable que debía provocar el momento, para estar con Lucía y tratar de dejar algún heredero, por si acaso. El día en que el barco debía partir, buscó a su amada, para sostener con ella un encuentro amoroso. Sobre ese momento el narrador dice:
 “Jaime Salvador tomó la precaución, pues quería dejar heredero, y compró una caja de condones, los sacó de su estuche y con una aguja a cada uno lo perforó sucesivamente. Él, insaciable, como si no fuese a verla nuevamente, o para asegurarse que esta querría verlo eternamente, le hizo el amor. Allí en la cama, en las nubes del placer y el dolor Lucía preguntó: ¿Por qué ocurren estas cosas?” Pág. 111.
   El plan funcionó a la perfección, porque Lucía quedó embarazada. En el desarrollo del embarazo ella se dio cuenta que lo amaba locamente y que debía recuperarlo. Lucía investigó el día en que el barco debía regresar. A punto de parir, fue al puerto a esperarlo. Desesperada, buscaba la cara de cada marino que pisaba tierra. Cuando salió el último y no vio a su amado, decidió preguntar y allí se entera que su hombre no regresaría. Un amigo de él le dijo que el capitán de la nave junto a otro marino, ambos homosexuales, se habían fascinado con Jaime Salvador y que como éste los rechazó, lo lanzaron al mar. La información provocó que Lucía cayera en un trance que pareció morir. La llevaron al médico y nació un bebé al que llamaron Salvador Alejandro. Fue ese niño el que  complementó   la Sagrada familia de la obra narrativa, pues en la pintura si hay  un niño, que entendemos es la imagen de Jesús. Hasta ese capítulo a la novela de Solano le faltaba el niño. Esta es una de la razones por lo que más adelante tratamos de hacer un cierto paralelismo entre las dos obras, específicamente sobre las simbologías o mensajes que cada creador quiso expresar. La novela termina con una cena en la mansión de la sagrada familia. Ya en la mesa el niño Salvador Alejandro hijo del marinero aunque la madre le reclamaba silencio, dijo que había escrito un discurso y comenzó a leer:
“Todo debe hacerse por el bien de la familia. La familia es el universo social, pero no basta con buscar el bien y preservar la unidad de la familia, también hay que tener suerte: a veces, para proteger a la suerte, aparece la muerte; y a veces la droga sustituye a la muerte.(…) para preservar a la familia; y hay que hacerlo, lograrlo, conseguirlo, haciéndoles el bien a las otras familias. Y será esa conducta, esa cristiana la  forma de actuar, lo que creará la sagrada familia, porque amigos; no hay ley justa; lo que existe es quienes hacen justicia ajustándose a la ley”pág.133
   Desde el punto de vista social y humano, de ambos  argumentos extraemos cuatro conclusiones: a) La degradación de la sociedad a causa de la corrupción; b) Deshumanización del hombre; c) El conflicto de la lucha de las clases sociales, y por ultimó d) El trauma de la discriminación social. 
 Intemporalidad de la novela
   Pudimos notar  que la narración es atemporal  o (intemporal). Con esto quiero decir, que no define la secuencia del tiempo. Me refiero al encuadramiento de años, meses o días. En su libro: “Cartas a un joven novelista”(pág.77), Mario Vargas Llosa  califica esa técnica como “tiempo muerto”. Y además señala: “Sin embargo, sería injusto reprochar a un novelista la existencia de tiempos muertos(…). Ellos son también útiles, para establecer una continuidad e ir creando esa ilusión de un mundo, de seres inmersos en un entramado social, que ofrecen las novelas”           
   Como la narración trata diferentes temas sociales de vigencia trascendente, la intemporalidad en vez de empequeñecer el libro, lo vigoriza. Dado que nuestra sociedad evoluciona lentamente, pudiera ser que “La Sagrada Familia” se mantenga  actualizada  por décadas. Me atrevo a sostener que leyéndola en el año 2025 podría ser estudiada, como si se hubiese escrito  en ese  año. Para sostener ese criterio veamos el siguiente ejemplo inserto en la  página 84. En ese capítulo Julia María y Armando sostienen la siguiente conversación sobre el tema de  la violencia. El cáncer que carcome nuestra sociedad.   
“—La violencia es un desafío humano, puramente humano. No parece tener relación con el régimen político social. No podemos afirmar que la genera la riqueza porque entonces Luxenmburgo, Bélgica, Dinamarca, Suecia serían los países más violentos del mundo. No podemos afirmar que la produce la pobreza porque entonces La India, Camboya, Haití, Bolivia serían los países más violentos del mundo. Dos cosas si son claras: La violencia es mayor en aquellas sociedades en donde la corrupción política y la falta de institucionalidad consumen legitimidad.”  
      —¿ A qué se debe eso? —preguntó Armando. 
“—Al hecho de que quienes ejercen la violencia como medio de diversión, encuentran en los degenerados políticos fuerzas aliadas….”  “…La violencia es mayor en aquellas civilizaciones que carecen de voz moral, que no tienen líderes… (…..) para servir de muro de contención contra aquellas almas sedientas de sangre”.
   En otra conversación, esta vez, entre Lucía y Jaime Salvador, charlaban sobre la teoría del materialismo y el idealismo, específicamente sobre el interés de los gobiernos de mantener divididos a los pueblos. Ella sustentaba su posición de la siguiente forma: “Los idealistas dicen que el alma es invisible, inmedible, intocable, eterna. Los materialistas sostienen que la materia no se destruye, solo se transforma; y que en su forma de expresión más alta el quantum, es invisible, inmedible, intocable y eterno. Ve, son las mismas cosas, pero los estúpidos discuten diciendo que tienen contradicciones. A seguidas Jaime Salvador la invitó a dormir con la justificación de que al día siguiente le esperaba un día largo.  Sin embargo, antes de eso le dijo: “Antes de que te duermas te daré un ejemplo de lo que es la materia transformándose en gemidos”.Pág. 112. Esos dos personajes también  teorizan sobre ecología (pág. 73), sobre historia en las págs. 94,  96 y 97. De negocios y finanzas en la (pág. 107). Es por esa diversidad temática y la intemporalidad que sostengo que constituye un acierto del autor. Difícilmente haya pasado un año desde que la sociedad ha estado medianamente organizada, en que esos temas no hayan sido trascendentes en la existencia del  hombre. Al hablar así, en especial de la violencia, se pudiera pensar que tengo un bajo grado de optimismo, pero  es que aún no logro ver el punto de luz, al final del túnel.     
El siguiente ejemplo lo incluí por su contenido tierno:      
 “—lo que acabas de decirme me recuerda un hecho que ocurrió cuando yo estaba en la primaria.  La profesora estaba dando clases de ciencias naturales, e hizo una gran comparación entre el humano y el animal, entonces preguntó:—“¿Quién es más inteligente la gente o los animales?”. “Los animales respondió una niña que debía andar por los cinco años. Todos sonreímos y la miramos como el ser más bruto de la tierra. La profesora, incómoda, le recrimina, “¡Como tú dices que los animales!”. “¿Por qué dices eso?” La niña, en la forma más natural del mundo respondió: “porque cuando yo le hablo a mi perro él me entiende, y cuando él me habla a mí yo no lo entiendo”.  Pág. 121.  
Dos obras, un mismo nombre (Un intento de interpretación)   
   Eruditos de las artes plásticas españolas como F. J. Sánchez Cantón, en su trabajo: “La Pintura de Goya dentro de la Europea” y Juan Carrete en el ensayo: “Los Caprichos de  Goya”, se afanaron en la idea de interpretar el significado que quiso expresar el Maestro en su famosa pintura “La Sagrada Familia”. Luego de analizar todos los tópicos, consideraron como una aproximación al significado místico del cuadro que presenta al niño en los brazos de María, protegido por José, donde pareciera jugar con un crucifijo colgado sobre el cuello de su madre como una premonición retrospectiva y simbológica al destino fatal en que moriría Jesús.         
Miguel Solano nos muestra una familia y una sociedad en total descomposición. Es una especie de alegoría al estado actual de nuestra colectividad. Muy diferente al trato piadoso y tierno  que  quiso darle  Francisco de Goya a su pintura. Solano nos enseña una fotografía de los problemas propios y regionales en sus diferentes matices. Ejemplos aparecen en la página 74, cuando la esposa de Alfonso descubre y casi celebra que él  haya provocado la muerte del doctor Santos. En la página 124, cuando Julia María comete el más descarado acto de infidelidad en el jardín de su casa. En la página 126, nos mete en las entrañas del libro del Génesis 19:30, donde reproduce la historia de Lot y la materialización del acto sexual con sus hijas. Pudiéramos juzgar que con este último caso el autor quiso hacer un paralelismo entre comportamientos de los tiempos bíblicos y las familias de hoy. También aflora la discriminación al permitirse que la hija se case con una persona de una clase económica inferior.
   Dada la temática tratada tenemos que ubicarla dentro de la tipología de novela social.  En cuanto al ritmo, la obra avanza con rapidez, porque como señalé al principio, Solano utiliza una técnica narrativa muy próxima a la del cuento y por tanto no da muchos detalles de lugares, ni da descripciones sobre la forma en que se desarrollan los hechos. En esas condiciones, es el lector quien tiene que poner a volar su imaginación y formar  su propia idea. Significar también la simbiosis que se hace entre la riqueza temática y el lenguaje culto, contextos  donde el autor utiliza al personaje Julia María para hacer sus razonamientos. En cuanto al título, tenemos que interpretarlo a la inversa, pues en vez de sagrada, es una familia diabólica.               
No podemos terminar sin decir que el Miguel Solano  economista, el poeta y narrador; autor de 18 libros, miembro correspondiente de la Academia Dominicana de Lengua; también se auxilió de su vena bucólica y aderezó su novela con fragmentos de prosa poética como los siguientes:   
“terminó su sueño poniendo un pie fuera de la cama. ¡La aurora se había levantado! Allí apareció el cuerpo de su tigresa humana clavando en él su mirada de hojas”. Pág. 52.
“Esa ciudad que amarra sus propios siglos. La noche se fuga en el silencio de sus piedras. Los barcos son desatados de las piernas de sus puertos para llevárselos a recoger vidas apresadas en aletas. Cada gota que golpeaba la tierra es un cuerpo sin ruedas que se desplaza. Ya no se embriagan los sonidos de las sombras. Es el canto de la luz lo que aterra al asesino…”.  Pág. 69.
“Las olas marinas volaban en el cielo pariendo de sus implaneados choques, esplendorosa luz. El día lloraba, sus lágrimas eran largas como el arcoíris, sus luces, el ir y venir de sus pájaros.” Pág. 71.

 Notas: La Sagrada Familia. Miguel Solano, editorial Santuario, 2010.
                        
              
Un enfoque sobre Sinfonía del águila

Por Emilia Pereyra

Diecinueve textos componen el libro de cuentos,  del creador interiorista Miguel Solano,  denominado Sinfonía de Águila, hermoso título que él explica en una instrucción nombrada Edad del águila, en la que refiere que es un apasionado de la danza afrodisíaca sin fin de esta bella ave depredadora, dotada de gran poder.  
 La primera historia, Vacío y dolor, está narrada en primera persona. Una voz femenina relata un encuentro con Don Diablo.  El personaje airea el vacío interior que prevalece en su existencia, a pesar de que posee toda la riqueza que puede necesitar. Es un cuento existencialista, de tipo psicológico. Se trata de una exploración interior de una mujer arrasada.
 “Ese vacío genera una necesidad, un deseo de castigar el cuerpo, la carne, un deseo de ver cómo el castigo genera dolor y cómo ese dolor produce un cambio en el vacío, en el estado del vacío. Sé ahora que quienes promueven el dolor, la violencia, no lo hacen porque deseen hacer el mal o hacerse mal. En su búsqueda, en su exploración por una respuesta a un estado de vacío, de acumulada violencia, ven crecer una espantosa ansiedad que reclama como castigo darle dolor a las fuerzas físicas que creen lo generan”, dice la protagonista.
 El Diablo, figura mítica recurrente en esta obra, vuelve a ser personaje en el cuento Experiencia propia, donde el ángel caído, tiene una singular conversación con Dios, al que reconoce como padre.
 El Todopoderoso es de nuevo personaje en el cuento Edad del hombre, una versión libre, fantasiosa y maravillosa, sobre las ansias atribuidas a Dios.
 A propósito, relata el narrador: “Más de quince mil millones de años le tomó el trabajo de crear la naturaleza tal y como la conocemos hoy, pero ya podía sentarse debajo de una mata de mango y descansar. ¡Qué cosa!, pero para Dios descansar es pensar; así que al mirar a los animales se dio  cuenta de  que le faltaba algo, ya había creado el libre albedrío, con lo cual eliminó la posibilidad de que alguien viniera a quejarse por su suerte, entonces una idea brilló ante sus ojos: ¡Institucionalidad! Eso es, aseguró, hay que definir funciones”.
 En el ingenioso y divertido cuento se continúan plasmando las quejas y las solicitudes de animales y del mismo ser humano a Dios, que busca el modo de complacer peticiones.
 Dos mundos es el relato acerca del encuentro sexual de dos amantes, Cindy y Manuel Emilio, dos universos que terminan separándose. La narración tiene párrafos singulares en que se registran exploraciones sobre el pasado,  y cito: “Y no sólo era la separación del objeto sino que sus mentes habían regresado al estado anterior, un estado de felicidad, de armonía en que desaparece el sentimiento de aislamiento o separación. Golpeaba en su interior el extraño eco, el regreso a sus primeros nueve meses de existencia, él dentro y ella sintiendo esa mágica sensación, ese sentimiento de omnipotencia que al conectarnos con el universo nos hace sentir como si todo fuera posible”.
 En el Costo de la belleza, se recurre de nuevo a la primera persona para contar el encuentro de un hombre con una chica de belleza embrujadora en el hotel Lina, donde vivía entonces, en 1996. Con ella sostiene un diálogo chispeante, en el que negocian las condiciones de un acercamiento sexual.
 Otro cuento sobre seducción y dinero es El origen de la dignidad, en el que se relata una sugestiva conversación entre una pareja de hoy, Adán y Eva, que se produce en clave bíblica y tono moderno.
 El origen de la justicia es una historia perspicaz, sobre las búsquedas espirituales a través del taoísmo, el budismo y otras corrientes. Lo protagoniza la doncella Chang-Lien Lu, que había iniciado “su conexión suprema con los dioses” cuando tenía trece primeras. Contada en la tercera persona, esta historia muy bien hilvanada y recreada termina arrancándonos una sonrisa, cuando se devela el resultado del prolongado estado de ensimismamiento con la gran revelación: “¡El sol sale para todos!”
 ¡Paren eso!, es el siguiente cuento del mundo terrenal, sobre el abogado Manuel Caldosanto, caído en desgracia después de vivir una época de bonanza,  debido a un cambio de gobierno, y en consecuencia se ve en las garras de los bancos a causa de un prolongado endeudamiento.
 El repartebien es un relato de cariz político, corto, de dos páginas, sobre aspectos de la realidad vernácula: la corrupción y el clientelismo, el manejo del poder y las truculencias, retratados en unas escenas palaciegas que se producen en cuatro templos del Palacio del León. A saber, la Consultoría Jurídica, la Secretaría Administrativa, el Secretario del Rey y la Cueva del Reynazo. Es un texto cargado de ironía y doble sentido, hilvanado con tiempos políticos de nuestro pasado reciente.
 Otro relato sobre clientelismo, extraído de nuestra realidad socio-política, es Yo sé dónde venden. Desarrolla el plan concebido por un gobernador para lograr un asiento en el parlamento con el uso de los bienes públicos.
 Zigzaguendo en Washington es otro cuento crítico, sobre el ámbito político, narrado con ironía. Se produce en Estados Unidos, donde en los meses de septiembre y octubre del inolvidable 2002, “el Francotirador se apoderó de las calles de Washington y los halcones de la capital del sacrosanto lugar plantearon que la mejor medida de protección era no caminar derecho sino zigzagueando”.
 Parto imposible se refiere el escabroso tema del bestialismo. Ha sido narrado con gracia y la delicadeza que en literatura requieren los temas espinosos. “Los muchachos vieron a Marcial relinchar y haciendo fila; y permitiéndole al marido su retorno cada vez que este lo solicitaba. Fueron aprendices de esposos. De acuerdo con la sonrisa de Novia, unos fueron caballos, otros potros y otros apenas potriquillos”, escribe el narrador.
El virus es una narración hiperbólica en torno al encuentro entre la doctora Amelia y Pablo del Robo, su paciente. “Miró el universo a través de la ventana del consultorio y empezó a reír, a carcajada, a plena felicidad; sonrió como a quien le han regalado el don de la felicidad eterna: la locura. Al voltearse y quedar frente aquellos ojos color oro de Amelia, impidió su penetración en su recién pasado mundo con una pregunta:   ̶ ¿Y si son bacterias?”
Otros cuentos forman parte del volumen, como son Siete letras, de corte social, y ¿Lo sabía?, que versa acerca de un mujeriego tentado por el homosexualismo. Solano remata el libro con dos microrrelatos, con apariencia de versos, titulados Con destino y ¡Rosa Roja!
 Nuestro sagaz autor explora temas diversos en su Sinfonía del águila. Se percibe claramente que a él le interesan Dios, el Diablo, las filosofías orientales, el sexo, la seducción, el vacío existencial, el clientelismo, la política y la crítica social.
 El autor cultiva un estilo propio, el indiscutible estilo Solano, salpicado de humor, picardía e introspección, y de la búsqueda de las verdades profundas. Lo hace empleando un lenguaje directo y estructuras gramáticas sencillas.
 Miguel Solano sabe pincelar atmósferas con eficacia, y en gran parte de sus cuentos resaltan el tono crítico, la tendencia a satirizar y a narrar de forma distintiva.


De cómo simplificar lo intrincado

Sobre el libro de cuentos de Miguel Solano ¡Explorando! La Imaginación Infantil.

Por Manuel Salvador Gautier

 Los cuentos que yo leía de niño, como “Caperucita roja”, “La bella durmiente” o “Los tres cerditos”, tenían como fin entretenerme para que me estuviera tranquilo por un rato mientras los mayores hacían sus tareas. Vistos desde mi adultez, son cuentos de contenido violento que tienen algún tipo de enseñanza para el niño, que debe cuidarse de que no le ocurra lo que pasa en ellos. En “Caperucita”, el lobo persigue a la niña y se come a la abuela, y el niño aprende que hay seres malos fuera de la casa a los que hay que evitar; en “Cenicienta”, el niño comprende que existen personas que hacen la maldad para su propio beneficio y hay que aprender a juzgarlas; en “Los tres cerditos”, el niño aprecia que cuando unimos esfuerzos podemos enfrentar cualquier cosa. Por supuesto, de que yo entendiera esas enseñanzas en aquel momento, queda en entredicho; creo más bien que estas pasaban a ser advertencias en mi subconsciente. Lo que sí confieso con toda sinceridad es que esos cuentos y otros parecidos me fascinaban. Había uno en particular que me atraía y, al mismo tiempo, me horrorizaba, de una niña que, cada vez que los hermanitos halaban de una mata de higo para arrancar uno, ella cantaba: “Hermanitos, hermanitos, no me jalen mis cabellos, que mi madre me ha enterrado por un higo que ha faltado". El horror venía por el castigo tan despiadado que le había impuesto la madre a la niña y la indiferencia de los hermanos hacia ella. Eran relaciones entre familiares que yo sufría en mi imaginación, puesto que en mi casa eso nunca ocurría entre mis padres, mis hermanos y yo. Eran las experiencias de otras personas que, para mí, no dejaban de ser estremecedoras. Es lo que hacen los libros. Nos apoderamos de su contenido, que se convierte en información para enriquecernos intelectualmente o, más intrigante, en una experiencia propia.
Esos cuentos eran escritos por sus autores con mucho detalle, la mayoría en continuidad tiempo-espacio y en tercera persona. Era el momento literario en que el autor daba toda la información al lector, que no tenía que adivinar qué ocurría en ellos, sino apropiarlos tal y como se lo relataban, para entonces hacer sus deducciones.
En ¡Explorando! La Imaginación Infantil, su autor, Miguel Solano, tiene una manera muy particular de publicar y escribir estos cuentos para niños. En la publicación del libro, Solano se ha esmerado en presentar una obra hermosísima, cuidadosamente diagramada, donde los cuentos están ilustrados con impactantes dibujos de colores. En su escritura, Solano los trabaja en la modalidad del cuento breve, algunos de una sola oración; redactados, en ciertos casos, con frases sencillas que proponen un significado fácil de entender, y en otros, con frases simbólicas o surrealistas que el lector tiene que interpretar para entenderlas, sea adulto o niño.
Esto último es el resultado del proceso creativo que comenzó a finales del siglo XIX, con el simbolismo de escritores como el poeta Stéphane Mallarmé (1842-1898), que el ensayista y poeta Paul Valery (1871-1945) definió con gran autoridad, indicando que, en la poesía, la forma debe de predominar sobre el sentido: “En este universo poético, tiene una importancia primordial la resonancia, que prevalece sobre la causalidad, y es imprescindible el efecto de la ʻformaʼ, como si estuviera reclamada por este”, dijo Valery (2). Este proceso continuó a principios del siglo XX con el surrealismo del poeta André Bretón (1896-1966), quien llegó a proponer que se podían tomar frases al azar de cualquier periódico, juntarlas y, simplemente por su proximidad, convertirlas en una propuesta literaria, ya que supuestamente una influenciaba en la otra. Estos planteamientos simbolistas y surrealistas fueron adoptados universalmente por la mayoría de los poetas del siglo XX y principios del XXI. Eventualmente, también fueron tomados por los narradores, especialmente, los cuentistas, y son los que maneja Miguel Solano para escribir la mayoría de sus cuentos.
De acuerdo al título de la obra, su objetivo es estimular la mente infantil, y es obvio que Solano entiende que la manera de lograrlo, quizás la única, es obligar al niño, no a recibir historias elaboradas por su autor, sino presentadas para que tenga que apropiarlas, como estaría obligado a hacer para descifrar la mayoría de estas frases. En definitiva, Solano somete al niño a una experiencia que lo transformará en un intérprete de lo que lee y, como consecuencia, en un creador.
Sobre estos cuentos, la poeta Romina Bayo nos dice:

“La primera vez que tuve en mis manos un borrador de este libro, me sorprendí ante el ingenio de Solano, pero a la vez, me invadieron algunas dudas. ¿Podrán los niños entender esto?
“Llevé esa copia a casa, y tentada por la curiosidad, fui a la casa de mis vecinos y me senté a leerlo rodeada de tres niños, Lucía, Agustín y Mateo.
“Sus padres y yo, comenzamos a leer los cuentos en voz alta, intentando dar forma a los dibujos que serían incluidos en el mismo. Y nada, ni una idea salía de mi cabeza. Fueron ellos, los niños, quienes, en respuesta a mi lectura, comenzaron a dibujar sueños en el aire…” (3).

La pregunta que yo me hago es si los niños, al leer u oír estos cuentos, descifran la historia de Solano o realmente hacen su propia historia, estimulados por una que otra frase que leen u oyen en cada cuento y los dibujos que los acompañan. Por supuesto, esto no lo sabremos nunca a menos que hagamos el mismo ejercicio que hizo Romina Bayo. Pero con dudas o sin dudas sobre la verdadera interpretación del cuento por los niños, lo cierto es que, al leerlos u oírlos, estos son estimulados a imaginar, a pensar por sí mismos, y eso, de por sí es lo que persigue Solano en esta obra y es su triunfo.
Tratemos ahora algunos aspectos puntuales sobre estos cuentos. Advierto que yo me comportaré como los niños, haciendo mi propia interpretación de estos, es decir, elaborando mis propios cuentos donde lo considere, ya que yo también quiero ser estimulado a imaginar.
Conviene aclarar que la apreciación de estos cuentos debe ser intuitiva. Tan pronto los sometemos al escrutinio de la lógica (como haré yo) , comienzan a aparecer significados inferidos que están más allá de su propio significado, como en el simbolismo, o frases incoherentes, contrasentidos y demás recursos del surrealismo, que hacen una tarea casi imposible encontrarles sentido. Sin embargo, tanto las obras simbolistas como las surrealistas lo tienen. No nos engañemos. Los simbolistas, y un tanto menos los surrealistas, no producían poesía o narrativa simplemente para juntar frases y encontrar belleza en esas aproximaciones. Esta era su meta principal, pero también incluían significados ocultos que el lector debía descubrir.   
Este es el caso de Solano en muchos de sus cuentos. En cada uno de ellos hay un significado que en primera lectura puede escapársenos, envueltos en la estética de su narrativa.
Veamos uno, “Resistencia” (p. 13):

“Le ofreció la mitad de su millonaria fortuna, las tres cuartas partes si se tornaba exigente; quería corromperlo; pero el Miedo se negó a venderse, no le resultaba atractivo comerciar con su alma; prefirió seguir siendo pobre, pero fuerte”.


 Este cuento se entiende intuitivamente. Es una historia escrita con cierta sencillez, donde alguien le ofrece una fortuna a otro para corromperlo y este se niega a aceptarla porque tiene miedo a perder su alma. Lo curioso es que se trata de un cuento como los tradicionales de “Caperucita” y demás, que con sus historias proponen lecciones en el comportamiento humano. Solo que los seres humanos que aparecen aquí no son fantásticos como el lobo antropomorfo de “Caperucita” o la maga de “La bella durmiente”. Una característica de todos los cuentos de Solano es que presentan situaciones humanas que demuestran lo que ocurre en la vida real. En este caso, se trata de una situación humana  más común de lo que se quiere aceptar, que muchos hombres y mujeres han tenido que enfrentar y en la cual muchos han caído. Y es, como los cuentos tradicionales, una advertencia a todos, de que estas situaciones se dan y que hay personas que las rechazan por su propio bien, aunque se basen en el miedo para hacerlo.
Veamos un segundo cuento, “¿Edad?” (p. 33):

“Acudió a su memoria sin memoria. Sus recuerdos no los sacó de su decodificado cerebro, sino de los viejos apuntes que ya se habían hecho polvo y olvido”.


Aquí la intuición tambalea. Se juntan frases que puestas una al lado de otra se relacionan, aunque esto no sea tan evidente como en el cuento anterior. Sin embargo, en su primera leída, el lector entiende que en la contraposición de la “memoria sin memoria” donde no hay recuerdos y “los viejos apuntes que ya se habían hecho polvo y olvido” hay un planteamiento oculto que podría descifrase, y aquí entraría la imaginación del lector. Mi interpretación es que a pesar de que ya con el tiempo los humanos olvidamos muchas cosas importantes que nos ocurrieron, guardamos ocultos en nuestras memorias testimonios de estos hechos que podrían aparecer en cualquier momento. Es un planteamiento simbolista, que dramatiza el hecho de que mientras vivamos estamos sujetos a todo lo que hemos vivido, aunque no lo recordemos.
Veamos un tercer cuento, “Regreso” (p. 39):

“El corazón de la casa olía bien. El canto del gallo estaba en el horno nadando en vino. Ella vestía de sombras luciendo sus ojos de mar. El tiempo y el amor hicieron lo único que los dioses sospecharon: ¡Depositaron en sus cerebros las cenizas!”.


Aquí la intuición engaña. Tomando en cuenta el título del cuento, todo parece coincidir con el regreso feliz de alguien que ha abandonado la casa por un tiempo, hasta que encontramos la frase final que trastorna este parecer; dice: “El tiempo y el amor hicieron lo único que los dioses sospecharon: ¡Depositaron en sus cerebros las cenizas!”. Se trata de un contrasentido surrealista, puesto que “cenizas” además de su significado obvio, o sea, el producto de algo que se quema como la madera, tiene un significado simbólico: las consecuencias de los estragos que dejan las malas experiencias en los humanos, un significado que no es precisamente acogedor para alguien ausente. Esta frase se contrapone negativamente a la alegría de su regreso y crea una gran confusión que se debe aclarar para entender el cuento, o dejarla como está y conformarse con saber que el cuento trata sobre una anécdota que tiene algún tipo de significado.
Para narrar los cuentos que aparecen en ¡Explorando! La Imaginación Infantil, Solano adopta estos tres movimientos literarios, el tradicional con sus variaciones actuales, el simbólico y el surrealista. La pregunta sigue siendo: ¿Son cuentos para niños? Si aceptamos que, sin tener que entenderlos, estos estimulan la imaginación, debemos concluir que son aptos para cualquier edad. Esta es la manera más expedita que se nos presenta para simplificar lo intrincado. De esa manera nos enriquecemos con nuestras lecturas simbólicas y surrealistas, puesto que con estas no solo nos deleitamos con textos de gran calibre estético, sino que adquirimos conocimientos con los cuales, para alcanzarlos, desarrollamos nuestra imaginación. Solano sabe que esto es así y, con la adopción de este planteamiento, logra su cometido de explorar y estimular la imaginación infantil (y la adulta).
Con este libro, Miguel Solano nos presenta una de sus mejores obras narrativas.

Notas:
1. Miguel Solano. ¡Explorando! La Imaginación Infantil. Exploring childrenʼs imagination. Santo Domingo, Ediciones AQI, Editora Búho, 2006.
2. Paul. Valery “A propósito de ʻEl cementerio marinoʼ”. Goggle, Wikipedia, julio 2014: http://www.lamaquinadeltiempo.com/valery/cementvale.htm

3. Romina Bayo. ¡Explorando! La Imaginación Infantil. Exploring childrenʼs imagination. “¿Lo entenderán?”. Santo Domingo, Ediciones AQI, Editora Búho, 2006,p. 11.

Textos leídos en el encuentro del Ateneo Insular Internacional, en La Vega, R.D.
                         27 de agosto de 2016. 

                                                            


martes, 25 de noviembre de 2014

Enfoque crítico sobre la novela El grito del tambor de Emilia Pereyra

El inglés Francis Drake en Santo Domingo  (1586)

Por Manuel Salvador Gautier

Francis Drake es un mito, una leyenda, un ser sobrenatural que contribuyó a que, a partir del siglo XVI, la corona inglesa dominara por varias centurias todos los océanos y mares del mundo, enriqueciera a su país y lo convirtiera en una potencia mundial.

En la novela El grito del tambor (1), Emilia Pereyra hace una deconstrucción postmoderna de ese mito, dando detalles precisos sobre el personaje invasor que la dirige, y, como buena novelista, inventando sobre este, para demostrar lo que realmente fue. 

Drake es un personaje fabuloso para novelar. Nació en 1543, a mitad de un siglo que será fundamental en definir la orientación civilizadora de los europeos, los cuales actuaron espoleados por las ambiciones desmedidas de cada uno de ellos por lograr que su país dominara y explotara su propio continente y el mundo. Drake era hijo de un predicador protestante que, en 1549, tuvo que trasladarse de ciudad con su familia durante la revuelta católica contra la opresión protestante. En ese entonces, tenía seis años, suficientes para entender lo que era el acoso y el abuso en su propia carne y no querer aplicarlo por su cuenta. También para odiar todo lo que oliera a catolicismo. A los 13 años abandonó a su familia para hacerse marinero. A los 24, comenzó el periplo que lo llevaría a convertirse en mito. Con su primo hermano John Hawkins salió en una expedición que tenía por misión el comercio de esclavos. Seguirá en esas maniobras de dudosa moralidad, hasta que, en 1577, Isabel I de Inglaterra le encarga la organización de una expedición contra los españoles en la costa americana del océano Pacífico. Drake logra cruzar el estrecho de Magallanes, azotar los barcos y pueblos españoles en esa costa, fundar un lugar misterioso que llama Nueva Albión (2), en California, y asolar las islas del Pacífico hasta alcanzar África, para convertirse en el segundo nauta en circunnavegar el mundo. En ese momento comienza el mito. No importa si Drake triunfa o fracasa en otras hazañas que realizará después, esta hazaña sobresaliente lo destaca de entre todos los otros navegantes ingleses, lo honra y lo hace inmune a críticas negativas. Drake mantendrá el favor de la reina Isabel para seguir siendo su peón en la conquista del mundo. En 1581, Isabel lo hará caballero de la Corte y continuará asignándole tareas de corsario, el nombre que se da a un pirata que no asola los mares por cuenta propia, como hizo Drake al principio de su carrera, sino bajo el mandato de un soberano. Entonces, en 1586, Drake sale de Inglaterra para asaltar la ciudad de Santo Domingo en la isla de La Española, que ocupó con 1.200 hombres. Para retirarse, exigió a las autoridades españolas un rescate cuantioso de 200,000 ducados. Un mes más tarde, después de haber asolado la ciudad, especialmente, sus iglesias; robado todas las riquezas que ubicó, y recibir, en vez, 25.000 ducados, se marchó rumbo a Cartagena de Indias, a hacer lo mismo.

En El grito del tambor, Emilia Pereyra crea dos personajes que no solo tratan estos antecedentes del protagonista y algunos pormenores de la invasión a Santo Domingo, sino que, desde sus perspectivas personales, definen la personalidad de Drake. Ellos son: un compueblano de Drake, criado junto con él, que lleva la bitácora del navío que los transporta a La Española, un fiel servidor que se preocupa por el bienestar de su señor y lo cuida de sus desvaríos, y el embajador español ante la corte de Francia, Bernardino de Mendoza, que odia a Drake a muerte y critica negativamente todo lo que hace. Son voces discrepantes, posiciones encontradas, asumidas por el amigo y el enemigo. En esta contraposición de pareceres, surge la desmitificación del personaje.

Hay algo más. Si ahondamos en el tratamiento que Emilia Pereyra da al personaje de Drake, descubriremos que estamos ante un individuo en lucha consigo mismo. Para la escritora, las fechorías que Drake comete lo hace un renegado de su religión, un hombre que guarda cierto pudor en demostrarlo y que simula buscar su expiación. Ese será el rasgo más desconcertante de una personalidad compleja que se mueve entre su narcisismo, que lo lanza a las más pavorosas actuaciones, y su protestantismo, que lo coarta aunque con muy poco éxito. En El grito del tambor, esta situación es notoria en la costumbre que Drake impone a sus subalternos en las naves que comanda, a quienes obliga a asistir dos veces al día a los servicios religiosos dirigidos por capellanes de la flota (3). También aparece en su relación con otro personaje creado por Emilia Pereyra, Sadá, una criolla, negra liberta, a la que Drake trata como a una esclava solo digna de ser gozada sexualmente, una condición que él desprecia, y, al mismo tiempo, como a una mujer a retener y dominar, no solo por su extraordinaria belleza, sino por su arrojo y valentía, cualidades que él admira.
Desarmado el mito, Francis Drake emerge como lo que es: Un hombre perverso que abandonó todo el sentido de moralidad que le inculcaron de pequeño; un ambicioso que se impuso la tarea de destacarse y enriquecerse a como diera lugar. Estamos ante un individuo impetuoso, muy parecido a cualquier otro en cualquier época, que tuvo la disposición, el arrojo y las oportunidades para triunfar, pero con saña.

 En El grito del tambor, es evidente que Emilia Pereyra no siente simpatías por el personaje de Francis Drake, ese desalmado que no tiene escrúpulos en saquear y destruir una ciudad abandonada por sus habitantes y sus autoridades; pero tampoco las siente por esos habitantes y esas autoridades que no tuvieron el coraje de defenderla, como lo demuestran los capítulos que describen la acción de los invasores y la reacción de los asediados. Por eso tiene que crear a Sadá. Con este personaje, Emilia Pereyra puntualiza que, a pesar de que en el mundo hubo, hay y habrá personas despiadadas que son admiradas por sus fechorías y convertidas en ejemplos impropios a seguir, también hubo, hay y habrá personas dignas, con estatura moral suprema, que quizás logran triunfar, o no, y que permanecerán en el anonimato sin alcanzar jamás el nivel de mito o leyenda. Sadá es el símbolo de la encarnación de la libertad sin condiciones y de la resistencia al abuso. Drake y sus secuaces de ayer, hoy y mañana podrán vapulearla, pero jamás vencerla. El grito que el tambor de Emilia Pereyra lanza en su novela es una acusación contra hombres despiadados como Drake y un reclamo contra esa tendencia de la humanidad de admirar los falsos ídolos, los que con sus hazañas se encumbran y logran considerables riquezas, pero a costa del dolor y el empobrecimiento de los demás.

NOTAS
1.     Pereyra, Emilia. El grito del tambor. Colombia. Alfaguara- Santillana, 2012, Primera edición, junio.
2.     Albión: nombre dado por los griegos a Gran Bretaña.

  * Panel “La narrativa actual dominicana”
Grupo Mester de la Academia Dominicana de la Lengua
UASD, Biblioteca Pedro Mir, Sto. Dgo., D.N., R.D

           19 de noviembre de 2014