Reflejo de las nuevas tecnologías en la expresión literaria
Por Emilia PereyraEs indudable que nosotros, habitantes de la sociedad global, aun los que pertenecemos al tercer mundo, nos encontramos impactados por los extraordinarios adelantos tecnológicos que se han producido en los últimos años y que están cambiando nuestra forma de comunicarnos, de escribir y de vivir el día a día.
Cuando hacemos uso de la computadora, a menudo nos preguntamos cómo pudo escribir Miguel de Cervantes su voluminosa y compleja obra “El Quijote de la Mancha” y cómo pudieron ser tan prolíficos y prolijos, en su producción literaria, autores como Shakespeare, Víctor Hugo, Gabriel García Márquez y otros que aún viven, pero que escribieron la mayoría de sus obras a mano o en máquinas mecánicas.
Muchos escritores de épocas pretéritas tuvieron que producir sus obras, incluso, bajo la luz temblorosa de las velas, en papeles inadecuados, que luego pasaron por manos de copistas, a los que hay que agradecerles que hicieran posible que ese gran legado literario llegara hasta nuestra generación.
En realidad, no nos imaginamos viviendo las trabajosas experiencias que tuvieron esos iconos de la literatura reescribiendo una y otra vez párrafos y páginas completas, durante el tortuoso y necesario proceso de corrección de sus historias de largo aliento.
Ahora todo sucede casi de manera vertiginosa, y el proceso de escritura de una obra, la revisión y las correcciones imprescindibles pueden hacerse con mayor rapidez, gracias a los programas informáticos que han hecho posible que el texto sea un material maleable, que puede ser transformado o modificado con absoluta facilidad.
Muchos de los escritores contemporáneos han tenido la oportunidad de vivir la transición, que le permitió pasar de escribir en máquinas mecánicas o a mano a crear por medio de la computadora. Hay notables ejemplos, como el mencionado de García Márquez, y señalamos también a Mario Vargas Llosa, Isabel Allende, Marcio Veloz Maggiolo, Andrés L. Mateo y muchos otros escritores nacionales e internacionales que tienen varias décadas de ejercicio literario sistemático e intenso.
Yo misma llegué a escribir mis primeros cuentos en una pequeña máquina mecánica, portátil, que me regaló mi madre cuando era una adolescente y empezaba a dar mis primeros pasos en la literatura.
Hoy nos parece inaceptable la sola posibilidad de pensar en que tendríamos que volver a la máquina de escribir. Nos resultaría tortuoso desandar el sendero que nos permite trabajar con más libertad y rapidez en la producción literaria.
Pocos dudan que el desarrollo del Internet y del resto de las tecnologías de la información esté causando un impacto de repercusiones insospechadas en las sociedades modernas, sobre todo en las más desarrolladas, que tienen mayores recursos y por tanto más acceso a los avances de última generación.
Es indudable que la irrupción de las nuevas tecnologías nos facilita la producción y nos proporciona herramientas impensadas que contribuyen a que nuestras obras se difundan con más rapidez y sean mejor presentadas.
Sin embargo, en esta ocasión deseo centrarme en dos vertientes, que creo muy importantes. Me refiero al impacto que ha comenzado a producirse en la forma de expresarnos literariamente y en las repercusiones que se están originando en la difusión de la obras.
En primer lugar, la literatura se produce con dos elementos esenciales: el lenguaje y la imaginación. El término literatura proviene del
latín "litterae. En latín, literatura alude a saberes o habilidades para
escribir y
leer bien, y se la relacionaba con la
gramática, la
retórica y la
poética.
Es evidente que nuestra lengua madre, el español, es influenciada en estos momentos por la terminología puesta en boga por las nuevas tecnologías de la información. Las palabras Internet, chat, solfware, hardware, bytes, píxel, chip, fax, backup, e-mail y hacker, ya forman parte de nuestra cotidianidad y empiezan a reflejarse en los textos literarios que se están produciendo.
Mencionaré algunos casos locales. El narrador Pedro Camilo tituló una novela con la palabra “Chat” y el escritor Pedro Antonio Valdez utiliza términos del nuevo universo tecnológico en su novela “Carnaval de Sodoma”.
Valdez usa la palabra píxel, en un episodio sobre una actuación de un inspector de sanidad, cuando recuerda a Lú-shi, uno de los personajes principales, de su obra. Píxel procede el inglés (picture element) y es la menor unidad en que se descompone una imagen digital. Una palabra, creemos, inexistente hace solo veinte años, pero que ya aparece incluida en el Diccionario de la Real Academia Española, que la define oficialmente como “superficie homogénea más pequeña de las que componen una imagen, que se define por su brillo y color”.
En el mismo el pasaje sobre el inspector, el narrador vegano Pedro Antonio Vadez agrega: “Durante mucho rato repasó la imagen en el televisor de la memoria, como si la sacara de un casete: le daba play, luego rewind en un círculo vicioso”.
Quien les habla, alude y usa la comunicación por correo electrónico en un cuento titulado “Corazón de viento”, que forma parte de un nuevo libro que saldrá publicado próximamente, bajo el título “El inapelable designio de Dios”, que difundirá Ediciones Cedibil, bajo la dirección de Miguel Collado.
En una novela inédita también he usado en algunos capítulos el recurso de la comunicación por chat, tan de moda en nuestro tiempo entre jóvenes y no tan jóvenes, y que impone una manera no tradicional de manejar los diálogos.
Como vemos, es inevitable que las novedosas formas de comunicarnos, que han llegado aparejadas con las nuevas tecnologías, no encuentren un espacio en la producción literaria. Y es comprensible, porque todo escritor o escritora vive su tiempo y si bien intenta de algún modo influir en él, también recibe las influencias culturales, sociales, económicas y políticas generadas por su entorno.
En estos tiempos, han comenzado a surgir nuevas definiciones que vinculan a la literatura con el ciberespacio y con lo visual. Así comenzamos a saber que ya es proyectado el Artenet, la literatura del ciberespacio o literatura interactiva y que existe la poesía visual.
Naturalmente, estamos hablando de algunos conceptos aún en construcción, que no están definitivamente perfilados, porque los cambios vertiginosos que ocurren en el campo de la tecnología también tienen un reflejo en la manera en que son conceptualizados.
Todavía no existe una definición acabada del Artenet. ¿Qué cabe en esta categoría? Sabemos que es arte, pero el arte tiene muchas vertientes, y lo que propone esta nueva palabra, Artenet, es una alusión clara al arte que se produce y proyecta a través de la Web, con las técnicas propias de ese medio revolucionario, para hacerlo más visible, participativo e impactante.
Para hacer Artenet hay que conocer las peculiaridades del ciberespacio, sus fortalezas y debilidades y la extraordinaria capacidad de llegar rápidamente a lugares y personas inimaginables y los sorprendentes recursos tecnológicos que pone en juego.
De hecho hay creadores, poetas, narradores y dramaturgos que están concibiendo sus obras como un todo, como un hipertexto; una mezcla de palabras, música, sonidos e imágenes en movimiento, que le agregan significados y completan su propuesta de contenido.
El desarrollo de las nuevas tecnologías favorece el cultivo de la denominada poesía visual, que, conforme explica la enciclopedia virtual Wikipedia, es una forma de poesía experimental en la que la imagen, el elemento plástico, en todas sus facetas, técnicas y soportes, predomina sobre el resto de los componentes. No hay dudas de que este tipo de
poesía no verbal es un género propio.
En el campo de la experimentación, creadores de la poesía visual se mueven en las frontera existentes entre artes distintos como la
pintura, la
música, el
teatro y la misma poesía, dando lugar a diversas formas de poética, como la
poesía fonética, la visual, el
concretismo, la
poesía sonora y el
letrismo.
En el estudio de la poesía visual se toman en cuenta elementos como el uso de la
tipografía y del color, la disposición del espacio y la inclusión del diseño gráfico... En general, lo verbal y lo icónico confluyen en una forma de arte de síntesis, en una forma de poesía iconoclasta, totalmente alejada de lo convenciona
l, que no nos remite a las magníficas producciones de Quevedo, Salomé Ureña o Pablo Neruda, poetas de otros tiempos.
Aunque parece que hablamos de recursos novedosos por completo; no es así. En el caso de la denominada poesía visual, tiene antecedentes. No fue creada en el
siglo XIX y ni siquiera en el
siglo XX. Aparentemente es vieja y eso lo demuestra la existencia de
caligramas, que son escritos, por lo general poéticos, en que la disposición tipográfica procura representar el contenido de los versos. Se considera el inicio de la poesía figurada en verso los caligramas atribuidos al poeta griego
Simmias de Rodas, hacia el año
300 A de C.
Se tiene constancia de que ya en el siglo XX el arte de la poesía visual existía, en
España, con figuras que lo cultivaban como los poetas
Gerardo Diego,
Juan Larrea y
Guillermo de Torre.
Es conocido que la poesía española de principios de siglo estuvo influenciada por el
futurismo italiano, el
dadaísmo y el
cubismo y que se hizo eco de la plasticidad y visualidad de las nuevas escrituras poéticas con sus caligramas y el uso innovador de la
tipografía, el
collage y de una nueva disposición del espacio.
Las vastas y singulares posibilidades que ofrecen el diseño gráfico actual, la musicalización y las imágenes en movimiento son recursos extraordinarios para trabajar de manera creativa la poesía y la narrativa virtual, de la cual casi no se habla, pero que estoy segura de que se pondrá en notable vigencia en los próximos años.
¿Por qué? Sencillamente porque la literatura del ciberespacio está cobrando cada vez más auge. Además, es indiscutible que se está creando una generación de lectores, desde ya acostumbrados a la pantalla del computador, a la música y al movimiento de la imagen. Ese público no se conformará con las páginas convencionales de un libro, donde no aparecen los recursos tecnológicos puestos en juego en los websites y en los sistemas de comunicación multimedia.
¿Esto quiere decir que desaparecerá el libro tal como lo conocemos hoy o que nuestras lecturas, en el futuro, se harán en el computador o en el libro electrónico, que ya ha sido creado?
Es un poco peregrino apresurarnos a decir qué va a pasar en el devenir próximo, dada la vertiginosidad y complejidad de los acontecimientos que nos tocan en materia de comunicación y en la literatura. Pero creo que habrá una coexistencia de las formas de lectura y de producción convencionales con las nuevas maneras de crear y difundir la literatura.
Por otro lado, se está originando un intenso proceso de difusión de las obras literarias y de contenidos analíticos en la web. La profusión de websites y de blogs relacionados con la literatura es extraordinaria. Ya el interesado en los temas literarios puede acceder de manera rápida y gratuita a una cantidad impresionante de contenidos que contribuyen a aumentar sus conocimientos y a conocer autores, cuyas obras no aparecen fácilmente en las bibliotecas tradicionales.
Para los escritores consagrados y para los noveles, Internet ofrece incontables posibilidades para proyectar sus obras y para lograr intercomunicar de manera veloz a comunidades literarias diseminadas en diversos puntos del globo terráqueo.
Parece magia, pero no lo es. La comunicación, la transmisión de data, de imágenes y sonidos son recursos que están al alcance de una conexión, de un teclado. Un escritor incluso puede contactar a una editorial extranjera o nacional por Internet o publicar una producción o parte de ella en un portal administrado por personas que él no conoce físicamente.
Como vemos, las nuevas tecnologías nos ofrecen múltiples posibilidades para hacer más eficientes y atractivas nuestras producciones y para conseguir que nuestras obras se proyecten a través del inmenso ciberespacio y lleguen a lugares y personas desconocidas.
Sin embargo, a pesar de tantas facilidades y avances, no podemos lograr que la tecnología suplante nuestra imaginación y nuestra capacidad de pensar, abstraernos, reflexionar y de ser críticos. Esos recursos de la inteligencia y materia prima esencial para la creación son netamente humanos. No obstante, es indiscutible que bien utilizados, en concordancia con los recursos que nos ofrecen las tecnologías de la información, contribuirán a que seamos más productivos y vanguardistas y a que lleguemos a públicos próximos y lejanos, con los que nunca habíamos soñado.
Conferencia pronunciada el 11 de septiembre, de 2007, en Centro Cuesta del Libro, dentro del Corredor Cultural, de la Secretaría de Estado de Cultura.
Panorámica de la narrativa dominicanaPor Rafael Peralta RomeroAl concluir el ensayo con el que acompañó su antología titulada “Veinte cuentos de autores dominicanos”, don Max Henríquez Ureña escribió lo siguiente:
“No son pocas las esperanzas que se cifran en la nueva generación, cuya labor es fecunda y brillante. A medidas que el tiempo pasa, vemos que tales esperanzas no son vanas, puesto que esa generación empieza ya a producir obras fuertes y bellas”.
Era 1938. Fabio Fiallo pasaba de los setenta y José Ramón López llevaba dieciséis años de fallecido. ¿A quién se refería Max Henríquez si Marcio Veloz Maggiolo sólo contaba cuatro años de vida, Virgilio Díaz Grullón y Manuel Salvador Gautier iniciaban la educación básica, en tanto que René del Risco Bermúdez, Miguel Alfonseca y Armando Almánzar recién nacían?Jóvenes de ese momento eran Juan Bosch que estaba por cumplir los treinta años, Tomás Hernández Franco, treinta y cuatro, Ramón Marrero Aristy, veinticinco y otros autores que publicaron sus primeras obras antes de 1930, tales como José M. Pichardo, Gustavo Adolfo Mejía, Manuel Patín Maceo y César N. Perozo y por supuesto José Rijo, incluido en la antología de don Max Henríquez, cuando sólo contaba veintitrés años y sobre quien cayó muy efectivamente el vaticinio del antólogo.
Con la mención de estos pocos nombres corro el riesgo de ocultar otros, pero apenas estamos comenzando este encuentro, además de que mi exposición ha sido definida como una panorámica de la narrativa dominicana. Panorámica es una visión amplia.
A propósito no he incluido el adjetivo “actual” en el título de la disertación, puesto en la comunicación que me dirigiera el padre Eduardo García Tamayo, y no lo puse como un mecanismo de defensa, pues si uno trata de usar conscientemente los adjetivos, mostrará mayor dominio de su propia expresión, en este caso el adjetivo “actual” serviría para especificar y por tanto para delimitar el tema.
Quien traza panorámicas, afronta un peligro y disfruta de una ventaja. El peligro consiste en el extravío en que puede incurrir al tratar de captar puntos de vistas muy amplios sobre el asunto tratado. Es como si al tomar una fotografía nos alejamos del objeto a retratar, la cobertura será mayor, pero los objetos o personas retratados quedarán más pequeños.
En el caso de un disertante, la ventaja que se le presenta viene dada en el hecho de que no se le puede exigir hondura en el tratamiento de los temas, porque está hablando de todo y talvez de nada. Tengo el miedo desde antes de acceder a este escenario, porque sé que ese es mi caso.Les ruego que no me tilden de pretencioso, pero dirigiré la visión hacia atrás para captar un poco los orígenes de nuestra narrativa. Me voy al siglo 19.
Los hermanos Angulo Guridi, Alejandro (1822-1906) y Francisco Javier (1816-1884) han dejado una tarea para historiadores de la literatura, investigadores y bibliógrafos. Me refiero al trabajo de indicar cuál ha sido la primera obra literaria, en el campo de la narrativa, producida por un autor dominicano.
Mientras por un lado se afirma que La campana del higo, Silvio y La Ciguapa, de Francisco Javier Angulo Guridi, publicadas en 1866, conceden a este autor el honor de la primacía en la publicación de obras narrativas. Otros citan insistentemente a La fantasma de Higüey, del mismo autor, como la primera novela nuestra.
Pero el acucioso investigador Miguel Collado ha escudriñado más al fondo y presentó la novela Cecilia, de Alejandro Angulo como anterior a ésta y también como anterior a El Montero, de Pedro Francisco Bonó (de 1856). De acuerdo a los datos de Collado en su libro Apuntes Bibliográficos sobre la Literatura Dominicana, Cecilia se publicó por entregas, como era costumbre entonces, en el periódico El Progreso en 1853.
Por cierto que en el citado libro de Collado aparece como apéndice el fragmento que se ha podido localizar de esta obra de Alejandro Angulo Guridi, autor del cual se incluye en el mismo volumen el relato El Garito, considerado por los investigadores la primera obra de la narrativa breve de nuestro país, que fuera localizado en el periódico El Orden, de 1854.
Tanto la novela El Montero, de Bonó, como La Fantasma de Higüey, de Javier Angulo, han sido editadas por instituciones culturales y presentadas como la primera novela dominicana. Recientemente se ha hecho una edición comercial de La Fantasma de Higüey.
En ese sentido dejaremos la palabra a los investigadores, para ser consecuente con una frase de Mao Zedung, político y escritor chino, quien enseñaba que quien no investiga no tiene derecho a la palabra.
La segunda mitad del siglo 19 ha servido para echar las bases de muchos aspectos de la dominicanidad. Tras la fundación de la República, en 1844, ocurre una larga lista de episodios para afincar la nacionalidad, o para negarla, que incluyen la entrega de nuestra soberanía a la antigua metrópoli, por consideración exclusiva de un inconsulto caudillo.
Esta acción genera como reacción, dos años después, la guerra por la Restauración, luego las montoneras, la prevalencia de caudillos que se consideraban dueños de la nación y las reformas sucesivas a nuestra Constitución. Baste con recordar que se produjeron diecisiete reformas en los 56 años de vida republicana correspondientes al siglo 19, como quien dice una alteración cada tres años.
Me parece que todo esto dejaba poco tiempo para el necesario reposo que conlleva la creación literaria de gran aliento, como es la novela. Pero tampoco para el cuento, si tomamos a la letra la expresión del profesor Juan Bosch según la cual es más difícil lograr un buen libro de cuentos que una novela.
Escribir una novela conlleva el despliegue de inteligencia, imaginación, formación y dedicación. La primera necesidad que ha de satisfacer un escritor que se proponga incursionar en la novelística, debe ser mirar lo que ocurre o ha ocurrido en su entorno, penetrar en ello, captarlo, asimilarlo, transformarlo, procesarlo y devolverlo a la sociedad como obra de arte.
La búsqueda de la identidad por parte de los pueblos de América originó un movimiento en la literatura que hizo volver la vista al pasado, hacia los aborígenes de estas tierras. Ejemplo de esto es la obra Los amores de los indios, de Alejandro Angulo Guridi, y otras expresiones en verso y prosa.
En consonancia con esta tendencia aparece Enriquillo, de Manuel de Jesús Galván, la cual se publica en formato de libro en 1882, aunque comenzó a difundirse en la prensa en 1879, hasta ahora considerada nuestra más importante novela. Es el tiempo de las Fantasías Indígenas, de José Joaquín Pérez, acoplada mixtura de poesía y relato.
Antes de terminar el siglo 19 aparecen dos autores que ganarían notoriedad en nuestra historia literaria. En 1892 se publica la bella novela romántica Baní o Engracia y Antoñita, de Francisco Gregorio Billini y un año después se conoce Madre culpable, de Amelia Francisca Marchena, recordada más por su seudónimo Amelia Francasci, quien publicaría otras tres o cuatro novelas.
Ella superó a tiempo el llamado síndrome de la novela única que ha afectado a muchos de nuestros autores durante mucho tiempo. Con Francasci y Billini asoman otros intentos literarios con los que cierra el siglo 19. Vale citar a Cosas Añejas de César Nicolás Penson, que si bien no son cuentos, acumuló el mérito de ser el primer libro dominicano constituido por narraciones en prosa.
Toda novela tiene que narrar una historia, o una sucesión de historias entrelazadas. Un novelista compone la historia con vistas a producir un cierto efecto en el lector, para retener su atención, conmoverle y provocar su reflexión.
La narrativa dominicana de final de siglo 19 y principios del veinte ha tenido como materia prima escenas y estampas de valor criollista, leyendas, y expresiones íntimamente asociadas a la vida de esa sociedad elemental y bucólica.
El trabajo literario ha venido en proceso de crecimiento, quizá no al ritmo deseado, pero hay constancia de la variación temática, la adopción de nuevas técnicas narrativas y de la elevación del volumen de obras publicadas.
Según datos del historiador Frank Moya Pons, en su valioso libro Bibliografía de la Literatura Dominicana, en dos tomos, durante el siglo 19 se publicaron 58 obras literarias en diez variedades de géneros, de las cuales hubo siete novelas y dos libros de cuentos.
Si comparamos estas cifras con lo ocurrido en el primer tercio del siglo veinte, concordaremos en el auge constante de la producción literaria narrativa. Veamos: En las primeras tres décadas del pasado siglo se publicaron, de acuerdo a los registros de Moya Pons, 42 novelas y 26 volúmenes de cuentos. La poesía, por supuesto, ocupó los primeros lugares con 228 libros en ese período.Nada han de extrañar estos datos, habitando como habitamos, en una tierra muy fértil para la poesía. Pero es bueno observar cómo viene creciendo el número de publicaciones de obras narrativas, ya que en el segundo bloque de tres décadas (1931 a 1960) se cosecharon 98 novelas y 67 libros de cuentos. La cantidad de libros de cuentos lanzados en esos treinta años resulta superior a la totalidad de obras de autores dominicanos editadas en todo el siglo 19.Es a partir de la tercera parte del siglo veinte cuando el cuento supera a la novela. Moya Pons registró para el período 1961-1990 un total de 151 novelas publicadas y 160 libros de cuentos.Es que los vientos de la libertad desatados a partir de la caída de la tiranía, en 1961, propiciaron cambios en todos los órdenes, sobre todo en el ideológico. Y claro, la creación literaria, y el arte en general, no pueden sustraerse al sentimiento ni al pensamiento.
Pero más adelante retomaré el asunto relativo a la producción de los años sesenta en adelante y quizás me decida por usar el adjetivo “actual” para aplicárselo a esta panorámica, como sugirió el padre García Tamayo, mientras tanto, para ser coherente con lo que he venido haciendo, debo retomar el hilo de la reseña histórica, el cual dejé finalizando el siglo 19.
El siglo veinte se inaugura con cuentistas de fina estampa, entre ellos José Ramón López, el de los Cuentos Puertoplateños, publicado en 1904. Con este autor comienza a hablarse del cuento en sentido estricto. Antes, muchos publicaron leyendas, consejas, cuadros de costumbre y otras formas de la narración breve. También hubo los cuentistas ocasionales que escribieron uno o dos cuentos.
Fabio Fiallo, más celebrado como poeta, ofrece en 1908 sus Cuentos Frágiles y en las dos décadas siguientes aparecen algunos cuentistas que motivan a Max Henríquez Ureña a expresar las palabras que hemos citado al principio de esta exposición: “No son pocas las esperanzas que se cifran en la nueva generación, cuya labor es fecunda y brillante”.
En este período surge también Sócrates Nolasco, quien ha ocupado posiciones señeras en la historia de nuestra narrativa con sus cuentos de tema sureño, interés por lo autóctono y la vida contemporánea.
La vida contemporánea, los conflictos sociales, las luchas por la subsistencia y por la libertad, estarán presentes siempre en la narrativa, con las necesarias variantes de una época a otra. En muchos casos, el autor contará los hechos en forma diferida porque los ha vivido, por ejemplo en su niñez, y los ha vertido tiempo después, intelectualmente procesados.
El vegano Federico García-Godoy, con su trilogía compuesta por Rufinito, Guanuma y Alma dominicana, es un buen ejemplo de ello. Pero también lo es Tulio M. Cestero con su novela La Sangre, clásico dominicano, y Andrés Francisco Requena con Los enemigos de la tierra, todas aparecidas en el primer tercio del siglo 20. Es un momento de gran crecimiento literario e impulso de la narrativa, cuando aparecen además, La Mañosa, de Juan Bosch, y Cañas y Bueyes, de Francisco Eugenio Moscoso Puello.
Es el tiempo que en aparecen dos escritores de discreto brillo, pero de obra consistente: Hilma Contreras y Ulises Heureaux hijo. Este último resultó favorecido por las circunstancias para trasladarse a Paris a realizar sus estudios, pero al parecer desfavorecido por la semejanza de su nombre con el de su tristemente célebre progenitor. ¿Será cierto que los pueblos no perdonan?
Hace falta detenerse en la apertura ideológica y política iniciada en los años sesenta, para referirse a lo que ocurre actualmente en la narrativa dominicana. Bajo el lema de que “cien flores se abran y compitan cien escuelas ideológicas”, los grupos culturales amamantados por la Universidad Autónoma de Santo Domingo regaron por todo el país la semilla del estímulo a la creación literaria.
Por todo el país nacieron talleres literarios hechos a semejanza del taller César Vallejo de la UASD. Allí cientos de jóvenes practican la literatura con el criterio de quien asiste a un taller artesanal a aprender un oficio.
A partir de los años sesenta, el cuento ha merecido el apoyo de varias instituciones para estimular su creación. La propia UASD, el Movimiento Cultural Universitario, instituciones bancarias, el obispado de la Altagracia, desde los tiempos del inolvidable monseñor Pepén, el Movimiento Cultural la Máscara, con el apoyo financiero de E. León Jimenes, apoyo que luego fue transferido a Casa de Teatro y también desde hace quince años a Radio Santa María, entidad que nos congrega hoy para dejar abierta la convocatoria a la XV versión.
Otras instituciones que mantienen premios literarios que incluyen el género cuento son Alianza Cibaeña, Sociedad Renovación, de Puerto Plata, la Fundación Juan Bosch, la Comisión Permanente de la Feria del Libro y más recientemente la Fundación Global, propiedad del Presidente Fernández. De igual modo, el Colegio Médico, para sus miembros, y el Banco Central, para su personal, premian la creación literaria y el cuento nunca se queda.
Durante el pasado cuatrienio, el Banco Central organizó un concurso de cuentos en una de cuyas ediciones me correspondió servir como miembro del jurado. Recuerdo haber contado 224 cuentos participantes, con buenos niveles de calidad, la mayoría de ellos. A esto hay que sumar el aumento de los montos en metálico de los premios nacionales que auspicia desde hace décadas el Estado dominicano.
Estos hechos me permiten afirmar que la situación actual del cuento en República Dominicana es auspiciosa. Me parece auspiciosa por la cantidad y la calidad de los cuentistas que han surgido en las últimas décadas y por los estímulos que recibe el género cuento de parte de algunas de las instituciones que cuentan con recursos para soportar publicaciones y premios.
Importantes editoriales internacionales se han establecido en territorio nacional, algunas con grandes infraestructuras y suficientes recursos, para incursionar en el negocio del libro tomando en cuenta la producción literaria de los autores dominicanos. Hasta ahora, esas empresas se han interesado sólo en cuentos y novelas, que son realmente más demandados que otros.
La preparación de algunas antologías de cuentos de autores dominicanos para presentarse en el extranjero, incluso en otras lenguas, indica que comenzamos a romper el cascarón y que nuestros libros tendrán otros mercados.
La forma en que los escritores nacionales desarrollamos nuestro trabajo, constituye verdadero ejemplo de firmeza en la vocación. Escribimos, revisamos, editamos, financiamos y vendemos. Aquí sale realmente caro el ser escritor.
Pero todos pensamos que un día nuestros libros tendrán mayor salida y todos confiamos en que en algún momento conquistaremos el mercado internacional. Y así tendrá que ser.
Hay muchos nuevos nombres en la narrativa dominicana, para anotarlos todos se requiere largo tiempo y dedicación muy serena. Las generaciones forjadas en los años 60, 70 y 80 ya han presentado frutos suficientemente maduros.
Formas de expresión y temas de las obras no han sido obstáculos. En este tiempo concurren narradores experimentalistas como ortodoxos y se cuentan historias realistas, fantásticas, absurdas y también las que no cuentan nada.
No sería bueno terminar sin señalar nombres como los de Diógenes Valdez, Pedro Peix, Federico Jóvine Bermúdez, René Rodríguez, Rafael García Romero, Pedro Valdez, Avelino Stanley, William Mejía, Nan Chevalier, Angela Hernández, Emilia Pereyra, Pedro Camilo, Luis R. Santos, Manuel García Cartagena, Edwin Disla, Rafael Darío Durán, Sélvido Candelaria… porque no resulta fácil mencionar a todos los que producen buenos cuentos y novelas, para atribuirles la expresión de Max Henríquez Ureña, escrita en 1938, pero traída, y no por los moños, a este momento auspicioso de la narrativa dominicana.
“No son pocas las esperanzas que se cifran en la nueva generación, cuya labor es fecunda y brillante. A medidas que el tiempo pasa, vemos que tales esperanzas no son vanas, puesto que esa generación empieza ya a producir obras fuertes y bellas”.
*Texto de la disertación del Lic. Rafael Peralta Romero en el acto de apertura de la XV versión del Concurso de Cuentos de Radio Santa María, el 21-11-07, en La Vega.
Protagonismo oculto de la mujer en la narrativa dominicanaPor Miguel SolanoLa hora y el lugar de este evento fueron concebidos con el claro objetivo de lograr el estricto respeto por el gran discurso: Un profeta no debe hablarles a más de doce apóstoles. Pero las cosas han cambiado; y mucho. Bueno, como ustedes, creo que el crecimiento poblacional lo justifica: ¡Bienvenidos todos! ¡Bienaventurados quienes entran al hogar del estudio de la lengua y el cultivo de las letras!
Gracias, muy especiales, a Don Manuel Salvador Gautier, Coordinador de Grupo Mester, por hacer este evento posible. Y mis abrazos de Sol a mis compañeros, prestigiosos intelectuales, Emilia Pereyra, Ángela Hernández y Rafael Peralta Romero por aceptar mi presencia entre ustedes.
Las palabras “gracias infinitas” no son suficientes para decirle al Presidente de la Academia Dominicana de la Lengua, Don Bruno Rosario Candelier, lo que quiero expresarle por hacer de esta institución lo que debe ser: Porque la lengua pertenece al pueblo y el cultivo de las letras debe procurar su felicidad.
El Sueño era Cipango: Primer casoEs como si la literatura nos dijera: Primero tenemos que saber quienes somos antes de ser alegres. Y una vez que sabemos quienes somos, entonces podemos cantar, ¡ah, bueno!, ahora debemos ser alegres, trabajar en conquistar la felicidad.
En el primer plano, el hombre empezó tan desesperadamente la búsqueda de su origen que creó toda clase de dioses. La búsqueda se le prolongaba y estaba retardando demasiado su natural inclinación hacia el logro de la felicidad, entendida como una mayor inclinación de la balanza hacia el lado donde se depositan los momentos alegres, frente a aquellos que pueden considerarse como tragedia o el lado oscuro de la comedia.
Así que al final decidió establecer como su origen un Dios, creador de todas las cosas y con el poder, como una forma de mantenerse ocupado, de escribir los diversos destinos, los infinitos destinos; y hacerlo de forma tal que ejerce con justicia su santo poder de repartir goces y castigos. Y el hombre, tan sabio como Dios, olvidó su gran dilema: Determinar, establecer el origen de Dios. Bastaba con saber que teníamos un creador, responsable de nuestros destinos.
Esa sabiduría se estableció como pacto síquico entre los humanos, quedando como gran tarea la búsqueda del momento feliz.
Ese mismo ciclo parece vivir cada ser humano. La peor tragedia es no saber quiénes son tus padres, desconocer tu origen sanguíneo. Y quienes han vivido esa trágica experiencia jamás se han podido dedicar a la búsqueda del momento feliz sin antes encontrar la respuesta de quién es su madre y quién es su padre. Para disminuir un poco el dolor de la tragedia hacen de esa búsqueda parte del destino por lograr el momento feliz.
Con los pueblos ocurre lo mismo, solo que en dimensión diferente, pero para estar satisfechos y para demostrar que no tenemos dudas, llamamos a nuestros fundadores, Padres de la Patria. Porque ya no se trata de alucinaciones con la diosa creadora, sino con el origen cercano de nuestros antepasados y el misterio que entrañan sus recuerdos, y la continuidad de su linaje pues de una u otra forma no queremos separarnos de nuestra integración divina.
En ese sentido, en El Sueño era Cipango, novela de la autoría del actual presidente de la Academia Dominicana de la Lengua, Don Bruno Rosario Candelier, fue establecido, divinamente, el origen del pueblo quisqueyano; y lo hizo en una forma tan excelsa y bella, que parece el mismo acto de creación universal en siete días, sólo que el presidente y fundador del Movimiento Interiorista no usó los elementos naturales con que Dios creó, a través de la palabra, sino que usó el más puro y terminado de todos: el amor.
Fue como si Bruno le dijera a todos los dioses antiguos: Miren, ustedes perdieron mucho tiempo en lograr armonizar materia, alma y espíritu para crear el Universo; yo voy a crear el mundo quisqueyano usando un solo elemento: el amor.
¿Y quién fue que decidió usar la capacidad creadora de Bruno para dejar establecido cual fue el origen del pueblo quisqueyano, el origen de nuestra quisqueyanía?
Lo hizo una diosa indígena llamada Toeya. Los hechos brotaron como un gran misterio. Propongo que a este misterio le llamemos, en la narrativa, “Misterio de la Fe Creadora”, La razón es que el autor fue atrapado por el personaje quien lo obliga a descartar la teoría de la racionalidad y a sustituirla por el caos, donde los hechos ocurren no por causa, sino por una imposición misteriosa y totalmente fortuita…Escuchen como Bruno lo narra:
“Los pocos habitantes que quedaban en la villa estaban a la expectativa del esperado ataque de Caonabo. Muchos salían y entraban de la Gobernación. Los soldados estaban preparados para cualquier cosa. También al Convento acudían en masa, afligidas y temerosas, las personas que se mantenían en La Isabela.
“El ultimo día en La Isabela no solo fue dramático y expectante sino sorprendente y curioso. La sorpresa que nos dejó a todos boquiabiertos, incluyendo a los mismos frailes, a pesar de las alarmantes circunstancias en que nos hallábamos, fue la inesperada noticia que protagonizó nada más y nada menos que Don Benigno de Rocaforte. Justo en la última hora del último día en La Isabela, poco antes de recibir la instrucción de embarcarnos, supimos que el ilustre Caballero de la Orden de Malta, el orondo Consejero del Almirante Mayor, se casó en secreto con la india Toeya, y de inmediato emprendió viaje hacia un lugar desconocido de la isla en compañía de un par de indios”, El Sueño era Cipango, pág. 252.
Allí, en medio de la tragedia, la bella e inteligente princesa Toeya, se hacía de la mano de todo un personaje español para crear al pueblo quisqueyano.
El fenómeno le resultó tan extraño que el propio autor, ejerciendo su magna vocación de maestro, trató de explicarlo diciendo que:
“Don Benigno se caso con la bellísima aborigen, partió de La Isabela y nunca más tuvimos noticias suyas. Suponemos, sin embargo, que la sorpresiva determinación de unirse en matrimonio con la agraciada princesa aborigen, no fue fruto de una improvisada decisión de última hora en atención al momento crucial que vivíamos los isabelinos, sino que fue previamente calculada, ya que es lógico suponer que el prestante funcionario mantuvo con la antigua criada de don Régulo algún tipo de relación, que todos desconocíamos, a propósito de sus frecuentes visitas a la residencia del acaudalado comerciante”.Pág. 253, tercer párrafo.
No conforme con esas suposiciones, agrega más:
“Y supongo también que debió operarse en su conciencia y su sensibilidad una radical transformación, ya que un hombre de su alcurnia y su mentalidad, que siempre adversó a los indios, es llamativo el hecho de que termine casándose con una aborigen, por bella e inteligente que fuere, como sin duda lo era Toeya, y sobre todo el hecho de quedarse a vivir en la isla en unas condiciones tan adversas, como fueron los últimos días en La Española”. Pág. 253, tercer párrafo.
Claro, en mi caso, las suposiciones, las explicaciones incrementaron las dudas, mi curiosidad.
Ahora sabemos que la mujer, como las demás especies femeninas, posee un detector cerebral que le permite localizar y reclutar al macho con que quieren prolongar su existencia como especie. Si asumimos que para Toeya, Benigno debía significar muy bueno, buenísimo; y Rocaforte, piedra fuerte, encontramos las razones que la llevaron a tomarlo de la mano y construir el pueblo quisqueyano que hoy somos.
Yo siempre me preguntaba quiénes somos. Y me respondía con orgullo diciéndome “somos esa mezcla bien lograda del europeo, africano y el indígena”. Era lo obvio, era lo que sabíamos, pero siempre me quedaba el vacío de saber cómo ocurrieron las cosas. No me satisfacía esa forma de cómo lo cuenta la historia de laboratorio, esos pedazos de párrafos mal sumados carecen del gran creador: el amor.
Y el día en que leí El Sueño era Cipango, mi corazón dio un misterioso salto y por mi cerebro empezaron a caminar las imágenes de la Princesa Toeya con Don Benigno de Rocaforte tomado de mano, guiándolo entre los bosques y haciendo posible que el sueño del amor, el sueño quisqueyano, renaciera. Entonces vi mi origen, lo vi con mis propios ojos.
La Princesa Toeya esperó 252 páginas para imponer en el creador Bruno Rosario Candelier, el “Misterio de la Fe Creadora”. Su protagonismo fue oculto; y valió la pena.
Yo le profetizo a ustedes que esta isla que se llama poéticamente Quisqueya, terminara llamándose, legalmente, el Estado Quisqueyano, porque esa bella e inteligente Toeya, que tomó misteriosamente la memoria de Bruno para dejar en claro cuál es nuestro origen, no dejará de trabajar, jamás; y como Melquíades, en Cien Años de Soledad, no se retirará de nuestra dimensión hasta ver su obra consumada.
TIEMPO para HEROES: Segundo caso.
Parece que como pueblo solamente nos encontramos cuando nos miramos a través de nuestros héroes, no del Dios creador, sino del humano visible y tocable, del simple humano que a través de su imaginación maravilla sus limitados poderes.
Don Manuel Salvador Gautier, nuestro laureado novelista y Coordinador del Grupo Mester, fue poseído por una maravillosa mujer que se hizo con todo el coraje, la belleza, la inteligencia y la astucia que debía tener una luchadora contra la maquinaria criminal de la tiranía Trujillo-Balaguerista.
La bella e inteligente Toeya reaparecía. No ya para crear un pueblo, que ya existía, sino para posibilitarle un estilo de vida donde pudieran ejercer, a plenitud, las maravillas del amor. Esa mujer, que ahora adoptaba apellido guerrero, Zaida Guerrero, como la Toeya de El Sueño era Cipango, también estuvo oculta durante 252 páginas. Tiempo para Héroes son cuatro novelas. La primera “El Atrevimiento”, tiene 242 páginas, en esa parte, Zaida Guerrero no aparece. En la segunda, Pormenores del Exilio, con 240 paginas, nuestra protagonista oculta inicia su vida en la página 13. La Tercera, con 217 páginas, lleva como título “La Convergencia”, y la cuarta, con 130 páginas, tiene por nombre y apellido “Monte Adentro”.
El propio Don Manuel Salvador Gautier confiesa, en una conferencia titulada “El arte y la técnica en la novela”, dada en la Biblioteca República Dominicana, el 26 de julio de 2007, que “Tiempo para Héroes se inicia en Santo Domingo, en el momento en que su protagonista principal, Guarionex Pérez, pelea con un compañero de escuela en enero de 1958, y termina cuando éste muere en julio de 1959. El pleito hace que Guarionex sea enviado a Santiago, donde conoce al otro protagonista, Publio José Santamaría; allá, sin proponérselo saca a su tío Tutín Tejera de un atolladero; el tío, un rico empresario, agradecido, paga su viaje a Nueva York…y así sigue. Lo curioso es que, cuando la comencé, no sabía que todo esto iba a suceder. No había establecido una trama a seguir. Fui creando los episodios, las situaciones y las intrigas según escribía la novela”.
Es importante esa última confesión de que “No había establecido una trama a seguir. Fui creando los episodios, las situaciones y las intrigas según escribía la novela”, porque es ella la que nos obliga a preguntarnos, ¿Cómo se mete un personaje en la cabeza del creador? ¿Hacen los personajes que el creador sienta la necesidad de ellos?
Zaida Guerrero y Publio José se encuentran, luego de estar más de siete años separados, en una fiesta que un tío del protagonista ofrece para bendecir su llegada a Nueva York. En esos momentos Publio José, con rango de Teniente de la Fuerza Aérea Trujillista, es un diplomático con un puesto en la ONU, conectado con los ricos liberales de Washington y estudiando economía en una universidad neoyorquina. Por su linaje en la Republica Dominicana es un hombreimportante; y se está preparando para ser más importante, quizás presidente de la República.Salvador Gautier define a Zaida Guerrero como portadora de una voz grave y una sonrisa encantadora, de dedos largos y finos, con una cabellera castaña desmelenada, ojos grandes con sombras marrones, cintura fina y pechos llenos y firmes. Cuando yo la veo como personaje me la imagino más hermosa, con mayor bravía; y siento que lo es.
Durante un tiempo estuvieron enamorados, e incluso hicieron planes, o soñaron con ellos. Pero ahora cuando se reencontraban, aunque el amor seguía siendo la fuerza dominadora, las posiciones políticas eran opuestas. Publio José, un funcionario, Zaida Guerrero, una conspiradora.
Como una maestra de la conspiración, Zaida Guerrero, quien ya maneja las relaciones con el protagonista principal, asume ante su grupo la responsabilidad de trabajar a Publio José y ponerlo a conspirar contra la tiranía; y lo logra. En ese momento Zaida, quien como dije, apareció en la novela después de haber pasado 252 páginas, adquiere el control de los personajes en la obra. Zaida ama a Publio José tanto como él la ama a ella, pero no le cedió hasta estar completamente segura de que el teniente Santamaría se integraba en cuerpo y alma a la lucha contra la tiranía. Como La Toeya de El Sueño era Cipango, con la fuerza del amor salvaba al país, a su raza; y para ello hacía uso del Misterio de la Fe Creadora.
Publio José y Guarionex, reclutados por Zaida Guerrero, se van al entrenamiento en Cuba. En junio de 1959 llegaron por Constanza, Maimón y Estero Hondo como hombres héroes que venían a ponerle fin a la tiranía que oprimía, salvajemente, al pueblo de la bella Princesa Toeya. Al saltar del avión que los trajo, Publio José siente como Zaida Guerrero lo acompaña en el campo de batalla. Así lo narra Don Manuel Salvador Gautier:
“Zaida fue la primera visión que dominó su imaginación. Zaida, esposa y señora. Sonrió, mientras la veía con su cabellera suelta domada por su mano, y su cuerpo maravilloso bajo el suyo. Era hermosa pensar ahora en ella, despejada de su inminencia, y resaltar en su mente cada pequeño gesto, cada bello atributo, cada manifestación espontánea de esa personalidad suya que él adoraba. La había pensado así muchas veces, durante el entrenamiento en Mil Cumbres; ahora la sentía envolviéndolo con su voz, alentándolo, proponiéndole un futuro juntos, aunados en propósitos, integrados en motivos”, Monte Adentro, Pág. 7, cuarto párrafo.
Las lágrimas de mi Papá: Tercer caso.A la humanidad le ha costado mucho entender; y aún no lo entiende perfectamente, que nuestra movilidad física es impulsada por la enorme necesidad que tiene la especie humana de preservarse. Nuestro movimiento migratorio es impulsado por una necesidad biológica interna que lucha por lograr, a través de las combinaciones de razas, una más hermosa, sana, poderosa e inteligente especie. Más aún:
La migración nos enseña a recuperar la fe que por engaño ya perdimos, nos enseña de nuevo a amar y a perdonar. Por esa razón cuando uno se divorcia debe irse lejos. Mientras más lejos más rápido recuperamos la fe perdida y más rápido aprendemos de nuevo a amar y a perdonar.
Y esa búsqueda, el amar de nuevo, el perdonar, el recuperar la fe; ese palpitar espiritual, el sabio hombre lo bautizó con la hermosa palabra llamada amor.
Nadie como la madre para concentrar y expresar la pureza de ese sentimiento. En Las Lágrimas de mi Papá, novela de la autoría de Miguel Solano, que soy yo, Josefina Rodríguez, la madre del protagonista, impone en la obra el destino del personaje. Y lo hizo poniendo en la mente del personaje principal un arma que ningún poder ha logrado derrotar: el amor en las misiones.
La novela es una obra de género vivencial en la que se presenta una batalla entre el padre y la madre por el destino del hijo. El padre usa su fuerza material, su poder económico; la madre, la ilusión del amor. Aquí reaparece el Misterio de la Fe Creadora. Ya, en El Sueño era Cipango, Toeya creó la raza, en Tiempo para Héroes, hizo el sacrificio que posibilitaba la libertad y en Las Lágrimas de mi Papá crea la esperanza de un destino sabio, justo y amoroso.
Mientras el padre trata de conquistar el destino de su hijo con poder económico, -le entrega el manejo del colmado-, la madre logra conquistarlo con la sabiduría del amor y pone en la cabeza del niño un recurso que lo proyecta en el tiempo más allá de sus propias posibilidades de existencia. Así lo narra el autor:
“Mi mamá entendió la táctica y en ese sentido actuó. Con la excusa de que viniera a desayunar me llamó a la cocina, me abrazó y adoptando una posición en la que sus ojos quedaban frente a mis ojos, y haciéndome entender la grandeza de su encomienda, musitó:
“Hijo, fruto de mi vientre, carne de mi alma, yo tenía que ir al Vaticano, pero ya me ha ocurrido algo y no podré ir, tú irás por mí. Para ir al Vaticano tienes que saber muchas cosas, muchas cosas hijo, muchas cosas.
“Aquella frase, aquel acto, aquellos sentimientos que se desprendieron de su corazón y que entraron en el mío, se expandieron dentro de mí como un vuelo de mariposa. Yo no tenía la más mínima idea de lo que era el Vaticano, pero tenía en mi alma una misión de mi mamá que debía cumplir, por encima de los vientos, de los mares, de las montañas, de los dioses y los hombres”, Págs. 25,26.
Con ese discurso, Toeya, ahora Josefina Rodríguez, haciendo uso del Misterio de la Fe Creadora, adquirió el dominio total del personaje, del protagonista. A partir de ese momento, cuando ya tenía raza y disfrutaba de libertad, debía vivir la aventura del amor. Y esa ha sido mi vida.
Y eso, la búsqueda del amor, que no parece ser encontrado hasta que hallamos al humano que posee las características biológicas necesarias para crear con nuestro aporte una especie que posibilite la supervivencia, es lo que obliga al humano a ir de un lado a otro buscando perpetuarse. Y una vez más, lo repito aquí, sólo la ciencia poética tiene oídos para escuchar, ojos para ver, dedos para palpar, narices para oler y lenguas para saborear y expresar esta exquisita verdad.
Un poco de lo universalEl caso más extraño de mujer que se oculta para imponer el destino del protagonista, lo es Dulcinea del Toboso. Ella es el más puro amor que caballero alguno haya encontrado, la más grande inspiración que héroe alguno haya tenido sobre la faz de la tierra. Lo misterioso de Dulcinea es que ella jamás actúa, deja que se actué en su nombre, y ese solo hecho basta para imponer la justicia y honrar al amor.
Y debemos preguntarnos: ¿Por qué Miguel de Cervantes usó esta mujer, su diosa, como la protagonista que hace posible la novela, pero que no aparece actuando?
Al usarla como Diosa, como su Magdalena, pero al impedirle que actuara, la liberó de las manos asesinas, la liberó de que, como a Magdalena, la acusen de prostituta, aunque en ninguno de los cuatro Evangelios aparece como tal.
Las tragedias que habían vivido las sabias mujeres del mundo debieron haber llevado a Miguel de Cervantes a esa conclusión. O, para seguir la tónica de nuestros discurso: Obligaron a Dulcinea del Toboso, ya en el cerebro de Cervantes, a imponerle a éste el que la convirtiera en un personaje intocable, inmodificable, el que la pusiera en un lugar donde las manos asesinas no lleguen, donde no lleguen ni los ladrones ni las polillas. Y ese lugar no podía ser otro que la ilusión inspiradora: el Misterio de la Fe Creadora.
Los propagandistas gubernamentales entendieron, mucho antes de Cristo, que cambiar dioses toma mucho tiempo, pero que va más rápido cuando la nueva historia asume, se pone el traje de la vieja. Diciembre 25, la fecha de nacimiento del dios persa, Mithros, se convirtió en el nacimiento de la navidad cristiana. Horus, el hijo de Isis, lo convirtieron en Jesucristo, el primogénito de la Virgen María. Poseidón fue convertido en el Diablo Pitchfork; el pentágono, pentacle, el símbolo del sagrado feminismo, lo asociaron al satanismo; y a las brujas, diosas de las tribus gitanas, las asociaron con los asesinos en serie.
Los gnósticos creen que la revelación espiritual es solo posible desde dentro, sin interferencias de sacerdotes o rabinos. Lo que el escritor hace es despertar a lo que es y descubrir el Dios que lleva dentro. Y ¿cuál es ese Dios? Dios es reconocer que todo es uno, “y eso es gnosis, conocimiento”. Y si tú logras amar, convivir armoniosamente con todo lo creado, has alcanzado el paraíso.
Es la madre o la hija, alguien quien mantiene entre nosotros esa conexión con lo divino. En la tradición judía esa figura es Shekinah, quien es la presencia de Dios y representa lo femenino. En la tradición islámica ella es llamada Sakina y se comporta de la misma manera o en forma parecida. Sakina acompaña el alma a través de la vida. En el mundo Gnóstico, ella vive una vida ordinaria, sufre, disfruta y comparte el entendimiento de la vida humana. Hace posible que cosas inusuales ocurran y es una mujer muy poderosa. En la tradición cristiana, la Virgen María o Magdalena deben cumplir esa misión, pero como la mujer fue acusada de poseer poderes satánicos, sustituyeron su representación con el fruto de su vientre: Cristo Jesús. Y entonces el espíritu femenino entendió que debía ocultarse para llevar su mensaje.
En Romeo y Julieta quien primero se suicida, aunque con la intención de renacer en 42 horas, es Julieta. Romeo la sigue. El mensaje allí es claro: si acaba la mujer, acaba el amor, acaba la vida. Cuando Julieta renace y descubre que Romeo se había suicidado para seguirla hasta el lugar donde se duerme en paz, entonces se clava su daga y muere realmente, dando el ejemplo de que una mujer no abandona en el camino a quien ha sacrificado lo máximo.
En el Mercader de Venecia, William Shakespeare, deja establecida, claramente, la gran diferencia entre las teorías cristiana del perdón y la clemencia; y las teoríasu judía del perdón y la clemencia. Y más importante aún, deja establecida la política que debía seguir la civilización occidental a la hora de elaborar, aprobar y poner en ejecución los códigos judiciales. A pesar de que la novela está fechada en el 1595, es una mujer, Portia, aunque Shakespeare la viste de hombre, -diosa en el más extenso significado de la palabra-, quien expone ante la Corte la funcionabilidad del aparato judicial, quien asume la defensa del acusado y quien explica la gran diferencia entre las teorías cristiana y las teorías judía en materia de perdón, justicia, acuerdos comerciales y clemencia.
Pero esa sabiduría se ha nublado con obsesiones e insanos deseos terrenales. Buda sostiene que nacemos con la sabiduría para sobreponernos al sufrimiento. La mujer ha encontrado en la poesía como ocultarse para enfrentar a esos deseos que nos distraen constantemente del camino al nirvana. Y quizás no representen todos los aspectos de la vida, pero representan cada aspecto de la vida. Nacimiento, crecimiento, búsqueda de la felicidad y disfrute del momento en que el amor se hace felicidad; vejez, enfermedad, muerte…Todo es parte de la vida y por más que se sufra, uno tiene que completar el viaje solo. Cuando Toeya se apoderó de la capacidad narrativa de Bruno lo hizo, cuando Zaida Guerrero se adueñó de la vocación creadora de MSG lo logró; y cuando Josefina Rodríguez tomó la prosa de Miguel Solano lo alcanzo.
Y el misterio está en que yo no he visto que la mujer haga eso, es decir, imponga o revele el destino del protagonista, cuando la narradora es femenina. Quizás lo hayan hecho, pero no lo he visto, yo no lo he visto.
Todos los humanos tienen la habilidad para canalizar su encarnación en el aparato de la existencia. Ese conocimiento tiene miles de años. Ahora, la pregunta está en ¿tienen las almas humanas la habilidad de programar la existencia de futuras generaciones, e incluso de pueblos enteros?
Sostiene Buda que a medida que envejecemos perdemos la habilidad para canalizar nuestra encarnación. La habilidad se recobra con dos condiciones: la primera es cuando estamos a punto de morir; la segunda es cuando se está dando a luz. Ambas situaciones le ocurren o solo pueden ocurrirles a las mujeres. Y yo agregó una tercera: la habilidad de la mujer para entrar en la mente de los narradores, de los poetas y continuar desde allí su mensaje de que la paz también puede imperar en el mundo de los vivos, de que no solo los muertos pueden detener la guerra.
Muchas gracias. Hallen paz para sus pechos. Y pernoten mis errores que yo también de barro fui formado.
*Conferencia pronunciada por el escritor Miguel Solano con motivo de su ingreso formal al Grupo Mester de Narradores de la Academia Dominicana de la Lengua.Santo Domingo, D.N., R.D.Octubre 24, 2007, 4:00 p.m.Los Procesos Creativos en la LiteraturaElementos comparativos entre la cuentística de Juan Bosch y la de Virgilio Díaz GrullónPor Manuel Salvador GutierIntroducción La literatura es uno de los quehaceres humanos con los que el hombre produce efectos y objetos que le sirven para vivir y sobrevivir. Está considerada un arte, es decir, está calificada entre los productos más representativos del hombre, aquellos que confirman el extraordinario hecho de su racionalidad. El hombre piensa, elucubra y, como resultado, manipula su entorno de acuerdo a las circunstancias que lo asedian. Para manejar su entorno, el hombre improvisa con su intelecto, inventa, crea. Es notorio que en este proceso de creación o invención de cualquier elemento que maneja el hombre, éste comienza con soluciones simples, a veces grotescas, y concluye con estilizaciones que demuestran su capacidad imaginativa y estética.
A través de dos maestros cuentistas dominicanos, demostraré cómo este proceso se manifiesta en la literatura de la República Dominicana, a partir del momento en la década de 1930 cuando se crea el cuento contemporáneo en la República Dominicana. Estos maestros son: Juan Bosch (1909 – 2001) y Virgilio Díaz Grullón (1924 – 2001).
El precedente histórico más antiguo sobre este proceso no lo encontramos en la narrativa, sino en la poesía. La obra literaria que tiene mayor reconocimiento como obra fundacional de la civilización occidental euro céntrica es La Ilíada, atribuida a Homero (siglo IX antes de Cristo). También a Homero se le atribuye La Odisea. Sin embargo, en su introducción a esta última obra, el crítico José Alsina, poniendo en duda esta supuesta autoría de las dos obras por un mismo autor, las compara de la siguiente manera: “El lector de la Ilíada sabe muy bien que, en ella, el curso de la acción sigue un claro proceso rectilíneo. Jamás el poeta se detiene para hacer marcha atrás. Los episodios siguen un proceso lineal, que se precipita en los últimos cantos del poema para conducirnos rápidamente al desenlace. Nada de eso ocurre en La Odisea. Su autor es un poeta de genio que, aunque ha aprendido posiblemente su técnica del autor de La Ilíada (aquí Alsina da a entender que no es el mismo autor), ensaya sus propios medios, dándonos una obra originalísima, tanto en la concepción como en la estructura” (1). “En definitiva, las dos obras siguen estilos muy diversos: la primera adopta la narración lineal o ficción tradicional del ochocientos, hoy en día considerada superada, en contraposición con la otra, que asume la narración compleja o ficción experimental considerada el requerimiento de la contemporaneidad. Es interesante cómo estos planteamientos se presentan en todas las épocas del acontecer literario, siempre y cuando guardemos las distancias ante la complejidad del desarrollo de la literatura narrativa de Homero a la de hoy” (2).
En la literatura española, la obra cumbre es la novela El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra (1547 – 1616), publicada en 1605, descrita por expertos de la siguiente manera: [Cervantes fue] capaz de renovar todos los géneros narrativos de su tiempo (caballeresca, pastoril, bizantina, picaresca, cortesana, etc.), y esto lo hizo con su indudable genio creativo, pues la novela se entendía por entonces a la italiana, como relato breve, y no estaba contemplada teóricamente en las retóricas. La fórmula novelesca empleada hay que ir a buscarla a sus propias obras, y no pasa de unas cuantas claves que han sido inteligentemente sistematizadas por Riley: verismo poético de los hechos, admiración de los casos, verosimilitud de los planteamientos, ejemplaridad moral, decoro lingüístico, etc. Son los mismos principios, por otro lado, que rigen en el resto de sus creaciones, siempre situadas en esa franja mágica que queda a caballo entre la vida y la literatura, la verdad y la ficción, la moral y la libertad... (3). Otro crítico añade dos claves más: La primera, salvaguarda de la organicidad del conjunto, bien que sometida al principio barroco de la unidad en la variedad; y la segunda, el punto de partida épico(…), fundado en la realidad más cotidiana(…), que estaba llamado a convertirse, sencillamente, en el patrón de la "novela moderna”(4).
A una manera que existía de escribir con sencillez, Cervantes propone el cambio hacia lo complejo, sujeto al movimiento cultural de su época, el barroco, un término que se deriva de la complicación arquitectónica impuesta a la simplicidad del Renacimiento y que se aplica a todo arte excesivamente recargado de adornos (5).
Para tratar la actualidad literaria, es imprescindible tomar en consideración los movimientos literarios que caracterizaron el siglo XIX y continuaron con las vanguardias durante el siglo XX. La diferencia entre éstos es que cada uno establece la manera de dar sentido al tema y su relación con la forma. A toda esa época literaria que coincide con el desarrollo industrial en el mundo, se le considera la época de la modernidad. En la actualidad estamos bajo un paraguas cultural muy amplio calificado de postmodernidad literaria que, según algunos críticos, comenzó a mitad de siglo XX, en 1941, con las muertes de James Joyce y Virginia Woolf (6).Con el fin de comparar las obras de los dos autores escogidos, usaré algunas claves, varias de ellas ya mencionadas, aplicadas a la obra de Cervantes, otras escogidas para demostrar la tesis propuesta. Estas claves son:1) Obra fundacional2) Movimiento literario a la que pertenece la obra.3) Consideración de estima por parte del autor del tema y el sujeto presentado en la obra.4) Adecuación del estilo de la obra literaria al género, al tema y a la condición social de los personajes.5) Salvaguarda de la coherencia de la obra.6) Punto de partida de la obra, fundado, o no, en la realidad más cotidiana.7) Imagen y lenguaje en la obra.8) Correspondencia entre sentido y forma en la obra.
Sobre la obra cuentística de Juan BoschEn la República Dominicana, Juan Bosch es el autor fundacional del cuento contemporáneo. Antes de 1930, había un dominio de la estampa, la anécdota, la sátira política o el cuadro de costumbres (7). Bosch transformó las viejas imágenes de la vida campesina (8) y dio a los narradores dominicanos una nueva manera de manejar el sentido, aunque no introdujo variantes a la forma, ya que la gran mayoría de sus cuentos son lineales, obligados a seguir el canon, propuesto en su obra “Apuntes sobre el arte de escribir cuentos”, de que el relato debe tener un hecho-tema único y una “fluencia constante” (9), lo cual ya habían concebido grandes autores de cuentos como Edgar Allan Poe. Bosch inició un movimiento literario sin precedentes en la República Dominicana, donde el cuento se ha desarrollado hasta alcanzar niveles universales.Hay dos fuentes literarias de donde Bosch pudo recibir influencia para realizar su obra: el verismo italiano de fin de siglo XIX o el “realismo social” que se cultivó a principios del siglo XX en toda Latinoamérica, una posible derivación del realismo socialista soviético, ya que muchos de sus mentores eran afiliados a los partidos comunistas de sus respectivas naciones (10).En el verismo italiano “se presenta un mundo campesino pobre y muy retrasado, visceralmente ignorante, supersticioso e íntimamente anclado a los prejuicios, aunque moralmente sano.... Tal situación induce al verismo hacia un pesimismo sustancial, que ve en el progreso un mecanismo destinado a chupar a los más débiles… (La obra)… de esquema… verista es siempre de argumento contemporáneo o, de todos modos, no muy lejano en el tiempo. Las descripciones de los ambientes naturales o humanos son precisas y minuciosas. El evento se desarrolla en un ambiente generalmente restringido, estudiado y descrito con precisión, para tomar los tratos característicos que determinan el comportamiento de los personajes de los cuales se profundizan con precisión "científica" los precedentes, las eventuales taras familiares y las condiciones económicas. Ambientes y hechos son vistos con los ojos de los personajes y son transformados con un léxico y un estilo que tiende a reproducir de lo que se habla, ya que la Lengua imita lo hablado conectado a las oportunas condiciones sociales y regionales, colorándose o contaminándose frecuentemente del dialecto” (11).
Esta descripción puede adoptarse para examinar los cuentos de Bosch. En un estudio comparativo entre un cuento de Giovanni Verga, el autor más representativo del verismo italiano, y uno de Bosch, pudo establecerse claramente esta correspondencia (12). Sin embargo, el paralelismo llega más lejos. De la misma manera que los italianos, instalada la República a fin de siglo XIX, tuvieron que mirarse hacia adentro, ver lo que tenían, con qué contaban, cuáles eran los problemas que debían resolver, los latinoamericanos, a principios de siglo XX, tuvieron que hacer lo mismo. En la década de 1920, a nivel cultural, surgió la influencia ideológica de la revolución mexicana, admirada por todos, con sus propuestas de liberación socialista. En la literatura, comenzaron a publicarse las obras descarnadas que correspondían a esas denuncias y soluciones sociales.
El verismo o “realismo social” que trabaja Bosch es básicamente descriptivo. El autor interpreta un mundo exterior que influye en las actitudes de los personajes, pone a estos en una situación dada y describe sus reacciones. Sea contada por un narrador omnisciente o en primera persona, la acción parte de una reacción estimulada por un elemento externo. En la mayoría de las ocasiones hay que interpretar cuál es el discurrir de los personajes al tomar sus decisiones.En Bosch también aparecen las tendencias de lo real maravilloso y del realismo mágico, Aunque algunos las consideran una misma, estas tendencias son más conocidas diversificadas en las obras publicadas de Alejo Carpentier, la primera, y de Gabriel García Márquez, la segunda. Se trata de un manejo realista del paisaje, los ambientes, los personajes, las escenas, las acciones, hasta que aparecen elementos que comienzan a no tener contrapartida con la realidad. La mayoría de las veces estas irrealidades vienen como producto de la alucinación de un personaje o de una comunidad, aunque no se presentan como tales, sino como producto de la experiencia que vive el personaje o la comunidad. En el cuento “El muerto estaba vivo”, basado en la creencia popular de que un muerto vuelve para vengarse de los vivos que lo han ofendido, Bosch entra en lo real maravilloso. Los protagonistas de este cuento son hombree comunes y corrientes que viven una experiencia irreal. Hay algunos cuentos más en esta vertiente, como “La bella alma de don Damián”.
Con el cuento “La mancha indeleble” Bosch se introduce en otra tendencia muy desarrollada en Latinoamérica, la de lo fantástico rayando en lo absurdo, aunque lo hace como metáfora, para desarrollar el tema del hombre que se atreve a desafiar el autoritarismo, como se atrevió a hacerlo él frente a la dictadura de Rafael Trujillo. Un hombre entra a una habitación y le piden que entregue la cabeza, nota en vitrinas miles de cabezas y por los alrededores sus cuerpos andando sin ellas, decide escapar, lo hace, etcétera.
Dado que la gran mayoría de sus cuentos están trabajados bajo la vertiente del verismo o “realismo social”, entendemos que Bosch debe ser considerado como el más extraordinario escritor de la modernidad dominicana.
Ahora bien, el genio de Bosch no está en que haya adoptado un movimiento literario o una tendencia dada, si no en cómo lo hizo. Este razonamiento puede aplicarse a Virgilio Díaz Grullón, el otro autor escogido.
No hay dudas que Bosch tenía una gran simpatía por la causa de los desamparados. En 1963, cuando fue Presidente de la República, la Constitución que hizo aprobar por el Congreso Nacional iba dirigida a comenzar la eliminación de esas grandes diferencias que había (y hay) entre la clase dominante y la clase dominada. Sus cuentos son una denuncia de las relaciones entre las clases; también son revelaciones de situaciones entre los integrantes de una misma clase. El tema del conjunto de sus cuentos es la miseria humana y los temas individuales son ilustraciones de cómo se verifica esta miseria en instancias particulares ocurridas a sus personajes. El sujeto es el campesino dominicano, el obrero, los pequeños empresarios y sus explotadores. Sus temas son evidentes y, hasta cierto punto, tienen características de moraleja, de enseñanza, de demostración. Entre otros, aparecen como temas individuales: la desconsideración del patrón al asalariado (“Los amos”); la solidaridad entre asalariados pobres (“Camino real”); la lealtad, aunque signifique mayor sufrimiento para quien la practica (“La mujer”); el hado, que contribuye a empeorar lo que es ya deplorable (“La Nochebuena de Encarnación Mendoza”). En todos sus cuentos, se siente ese convencimiento de que la humanidad debe ser rescatada, y que la vida debe y puede vivirse con dignidad.
Bosch es el defensor de una clase social a la cual él no pertenece. Dentro de esa clase es inclusivo, trata a todos sus personajes sometidos a una situación de subordinación y de desamparo. Sus finales sorpresivos son casi siempre reacciones inesperadas de los personajes frente a una situación de acoso. Hasta cierto punto, es una demostración de la estima del autor por esta clase, ya que con ello demuestra que hay posibilidades de que, eventualmente, estos personajes puedan reaccionar y enfrentar los requerimientos para su propia mejoría.
Las características estilísticas en los cuentos de Bosch van acorde a las reglas que el autor ha propuesto para su realización. El total del cuento relata un sólo hecho, sin desvíos, aunque con algunas posibles complicaciones en algunos de ellos, como en el caso de “La Nochebuena de Encarnación Mendoza”, en que hay dos historias paralelas, el del padre que busca a su familia y el del hijo que teme al posible muerto que amenaza el paraje rural donde vive. Sus relatos son lineales y secuenciales, lo cual conlleva a otro de los señalamientos de Bosch, el de la “fluencia constante”. Hay pocas metáforas. Las oraciones son cortas o no muy largas. En los diálogos entre los campesinos se usa la deformación dialectal del español hablado. En cuanto al tema, es uno sólo, tratado en base al desarrollo de la trama, a las caracterizaciones de los personajes y a las descripciones del paisaje y los ambientes, todo enmarcado en la condición social del personaje principal, casi siempre un campesino.
Los cuentos de Bosch son coherentes en su correspondencia entre el tema y su desarrollo. También lo son en la relación del espacio y el tiempo de la trama contada. En el cuento “La Nochebuena de Encarnación Mendoza”, donde, en las dos historias paralelas, podría darse un lapso, los tiempos y los recorridos de los personajes principales, el padre y el hijo, coinciden totalmente. Se trata de lo siguiente: El padre, un convicto, anda huyendo y quiere pasar la Nochebuena en su casa, con su familia; al amanecer del 24 se esconde entre los cañaverales para esperar la noche y alcanzar su casa. Ese mismo amanecer, el hijo sale de la casa; encuentra al padre sin reconocerlo, y lo cree muerto. Podría pensarse que si el hijo tuvo esa facilidad de encontrar al padre en un recorrido que no parece muy largo desde donde salió, el padre pudo hacer un esfuerzo supremo para llegar a su casa antes de que amaneciera; pero entonces, no habría cuento. Además, por su coherencia conceptual, este cuento es quizás uno de los mejores de Bosch.
Todos los cuentos de Bosch describen una realidad social que se presenta a través de las condiciones económicas de los personajes y en las actitudes y las relaciones entre ellos; también en los lugares y ambientes donde se encuentran. Son realistas en cuanto esa realidad se describe crudamente, dentro de la cotidianidad en que viven.
Las imágenes que surgen de la cuentística de Bosch son nítidas, sin dobleces. La mayoría de las veces vienen de las relaciones entre los personajes, y entonces encontramos la violencia, la terquedad, la amistad, el amor, en acciones bien definidas. Pocas veces hay descripciones de paisajes; cuando los hay, el autor lo hace con parquedad y gran belleza lírica. A veces Bosch detalla con mucho cuidado la fisonomía o la facha de un personaje, o algún artefacto que éste maneja, para que el lector lo capte tal como el autor lo quiere; también puede describir con cuidado un ambiente, para ubicar la acción adecuadamente. La secuencia de escenas es continua, concatenada, de acción. Hay pocas reflexiones de conciencia; si el autor siente que debe hacerlo, prefiere expresarla a través de un personaje. Sin embargo, cada cuento, en su totalidad, es un planteamiento para el llamado a la conciencia del lector, con el fin de que enfrente esa realidad social que a lo mejor éste desconoce o quiere ignorar.
En estos cuentos, sentido y forma se manejan para apoyarse mutuamente, de manera que haya claridad conceptual. Encontramos sencillez en la adopción del lenguaje de manera que no existan dobles sentidos, aunque sí, sentidos que el lector deberá descubrir. Hallamos verosimilitud; las imágenes son las que son, sean éstas: descripciones, paisajes, ambientes, acciones, actitudes, sentimientos, no se pretende que signifiquen otra cosa de lo que el autor propone. Para mantener la simplicidad de la propuesta, la forma es directa, continua, secuencial, sin ambigüedades ni circunloquios. El cuento entra enseguida en la acción y atrapa el interés del lector. Normalmente, en una escena hay sucesivamente, manejados con fluidez, la descripción de una acción y la animación de un diálogo. Las explicaciones son compactas, interesantes. La descripción de una acción dada es impecable, a veces, sencillamente genial, como en el cuento “Mal tiempo”, que trata el viaje por el río del muchacho que persigue un tronco en un cayuco y tiene que vérselas con las oleadas de una inundación. Con una técnica descriptiva concisa y tenaz, Bosch crea en el lector la misma angustia por la que pasa el personaje.
Sobre la obra cuentística de Virgilio Díaz GrullónEn la República Dominicana, Díaz Grullón no es el autor fundacional de la literatura sicológica ni de la fantástica o de lo absurdo, las dos vertientes literarias en que se clasifican sus cuentos; pero sí es el autor que, en el cuento, desarrolla estas vertientes al máximo de sus posibilidades.Para tratar la literatura sicológica de Díaz Grullón damos la siguiente definición: “En el cuento psicológico, por lo general, el proceso asociativo, analítico, etc., del inconsciente es igual o tiene mayor importancia que el evento externo -es decir, el evento que se cuenta se registra subjetivamente en la mente del protagonista. Así en el cuento psicológico, es muy común que el cuentista enfatice la vida subjetiva y emocional del protagonista”. Esta definición aplica al manejo que hace Díaz Grullón de sus cuentos sicológicos. “En inglés, los mayores exponentes (del cuento sicológico) fueron… Katherine Mansfield (Nueva Zelanda, 1833 – 1933) y James Joyce (1881 – 1941), William Faulkner (1897 – 1962). En italiano, Alberto Moravia (1907 – 1961), y Cesare Pavese (1908 – 1950). En español, los mayores exponentes han sido, quizás, Eduardo Mallea, Juan Carlos Onetti, Filiberto Hernández, y Mario Benedetti” (13). Es a estos grandes autores que se iguala Díaz Grullón. Si aceptamos que la postmodernidad comienza en 1941, varios de estos autores vienen de la modernidad, otros de la postmodernidad, lo que significa que la literatura sicológica se montó a caballo sobre los dos períodos.
En cuanto a la literatura de lo absurdo, un crítico señaló sobre la obra de Franz Kafka (1883 – 1924), iniciador de esa vertiente literaria, que su prosa “no se distorsionaba jamás. Había una lógica, una naturalidad, un razonamiento tan claro y veraz en los acontecimientos reales o imaginarios que nos presentaba... que tornaba hasta lo aparentemente más delirante y absurdo en una verdad irrefutable” (14). Esta definición aplica a la obra de lo absurdo de Díaz Grullón. El surrealismo o la literatura de lo absurdo o realidad fantástica puede considerarse también a caballo de los dos períodos, modernidad y postmodernidad, ya que Kafka murió en 1924, pero su influencia perdura hasta el día de hoy.
Por su incursión a partir de 1958 en las vertientes sicológica y de lo absurdo de la literatura universal, podemos considerar a Díaz Grullón como uno de los grandes autores de la postmodernidad dominicana.
El tema principal que Díaz Grullón trata en su obra es la insatisfacción del hombre con la vida, sus acechos y sus perfidias. Los sujetos más tratados en sus cuentos son miembros de la clase alta y media, niños y adultos con algún problema de indefinición subjetiva o de locura. “Ser niño y no entender al hombre; no entender al hombre y serlo; ser hombre y encontrar tan sólo la muerte —en este silogismo descabellado se mueven sus personajes, niños y hombres socialmente normales, aunque síquicamente inseguros o inestables, a veces incomprensibles, descritos con un realismo que raya en el hiper realismo, tanto cuando nos conduce por vericuetos temáticos esencialmente (sicológicos), como cuando lo hace dentro de un periplo ingeniosamente surrealista o de lo absurdo” (15).
El tema de la muerte está presente en muchos de sus cuentos. “En los catorce cuentos de Crónicas de Altocerro (16), sólo dos de ellos dejan de tratar la muerte, aunque en varios hay que entender a qué modalidad de la muerte se refiere el autor. Podemos dividir estas modalidades en dos grandes grupos biológicos: el de la muerte natural y el de la muerte violenta; en estos dos grupos la persona expira y se inicia inmediatamente la descomposición de su cuerpo. Pero podemos señalar, también, un tercer grupo: la muerte sicológica, donde el cuerpo del individuo sigue ejerciendo todas sus funciones biológicas, pero su mente se ha trasladado a otra dimensión, desarraigada de la realidad, o, por lo contrario, donde el individuo vuelve de la irrealidad a vivir la vida consuetudinaria y aborrecida de todos los días. Tenemos, finalmente, un cuarto grupo, donde la muerte es utilizada como recurso literario por el autor; se trata de la muerte no especificada, que sólo se constata por sus efectos. Díaz Grullón juega con los cuatro grupos” (17).En “Cómo matar un ratón”, el primer cuento escrito por Díaz Grullón ya adulto (18), el tema es lo propicio que es destruir todo lo dañino, sea una alimaña o un ser humano. Junto con “Edipo”, es uno de los pocos cuentos que hace referencia a la dictadura de Rafael Trujillo, contra la que el autor combatió. En “Edipo”, el tema es la desesperación por superar la etapa del autoritarismo; en “La enemiga”, es el egoísmo que llega al extremo de matar, con tal de lograr sus fines; en “El reloj”, es la necesidad íntima de sustituir afectos cuando uno de ellos, como el de la madre, desaparece; en “El pequeño malvado”, es la amenaza a la inocencia de la niñez cuando se conozca la verdad. En todos estos cuentos manejados dentro de la tendencia sicológica, hay una introspección subjetiva donde el sujeto, el niño o el hombre, presenta sus dudas y sus desazones.En la tendencia de lo absurdo los temas se mantienen hacia lo inadecuado de la vida. En “Más allá del espejo”, el tema es la búsqueda de una vida mejor, donde el protagonista “prefiere vivir en otro mundo a seguir en el que está… dentro de una situación muy similar a la que corresponde a la creencia cristiana de una nueva vida después de la muerte” (19). En “Círculo”, es “el terror como el elemento fundamental (de la vida), terror por contraste, terror por la imposibilidad del protagonista de manejar (una) experiencia alucinante como hacía con su vida usual, donde éste disponía de lo que haría en cada momento” (20).
Díaz Grullón tiene consideraciones muy definidas sobre los temas y sujetos que trata. Cuando se le señala la supuesta poca importancia de los temas (ya hemos determinado que no es así), sobre todo en su primer libro, Un día cualquiera, en que maneja situaciones muy triviales, el autor aclara “para mí, la importancia del hecho no reside en el hecho en sí, sino en la capacidad de ese hecho para generar una reacción de interés en el carácter, en la personalidad de aquel que lo afronta” (21). Es decir, para el autor, no hay temas ni hechos triviales, todo está en cómo el sujeto reacciona ante las situaciones que enfrenta y cómo estas se presentan al lector. Aunque en algunos cuentos Díaz Grullón trata sujetos de las clases más bajas, su preocupación está en los de la clase media o de la alta, a la cual él pertenece; su propósito es presentar las zozobras interiorizadas de las personas que lo rodean, con las cuales se trata todos los días. Su obra no es crítica pero sí cruda. Pretende dar a conocer los problemas de esas clases sociales, supuestamente sin enjuiciarlos, aunque con el sólo hecho de escogerlos para su exposición hay ya un juicio de valor. Hasta cierto punto en su obra se siente una corriente de simpatía, de identificación, hacia estos personajes mortificados por los avatares de la existencia. No hay maltrato hacia ellos, sólo concretización de sus percepciones, sean éstas normales o anormales.El cuento psicológico y de lo absurdo, que desarrolla Díaz Grullón requiere introspección. El autor tiene que meterse dentro del personaje y asumir la responsabilidad de su actuación. El personaje se encuentra en un entorno que percibe a través de la situación emocional en que se encuentra. Díaz Grullón admite que su obra se somete a la corriente de la psicología llamada behaviorista o conductivista, adoptada, según él, por autores como Hemingway. Sobre cómo la aplica a su obra, dice lo siguiente: “El relato siempre lo hace un (narrador) neutro, que no interviene en nada, no opina, no lleva de la mano al lector ni le infunde, ni insufla ninguna idea. Se limita a fotografiar la realidad, como si fuera una cámara de cine. El autor se limita… a narrar los hechos…”. El autor no pretende “conducir del cabestro” al lector, sólo presentarle los hechos para que los juzgue (22).
Hay otra influencia que Díaz Grullón percibe en su obra, la de la novela policíaca. “Yo siempre he sido un apasionado del cuento y de la novela policíacos, desde muy joven… Las lecturas asiduas influyen mucho en la manera de escribir, en la manera de plantear los problemas. El final sorpresivo… es una característica de la literatura policíaca. En las novelas policíacas no se conoce el asesino hasta el último capítulo, y siempre existe un desafío al lector…” (23).Estas influencias, más otras que el autor acepta, como la muy prominente de Bosch, la de Kafka, Hemingway, Cortázar… hacen que Díaz Grullón cree un estilo consecuente con el género, el tema y la condición social de los personajes. Como Bosch, Díaz Grullón entra directamente en la acción, a veces de una manera activa, como con la frase: “¿Por qué no te casas, tía Julia?”, del cuento “Martillazos en la noche” (24); en otras, reflexiva, como con la frase: “Soy un hombre ordenado. Extremadamente ordenado y cuidadoso”, del cuento “Círculo” (25). En ambas frases, aparece la génesis del cuento, la propuesta de su contenido. En la opinión de un escritor dominicano, hay “dos características que son esenciales en la obra narrativa de Díaz Grullón: sencillez expresiva y concisión, o, lo que viene a ser lo mismo, una tendencia decidida por la frase precisa, breve, de muy escasa adjetivación, que huye de los incisos y del rebuscamiento y en la que no hay cabida, salvo en muy raros casos, para espejismos metafóricos ni complejidades sintácticas” (26). Mientras algunos críticos, incluyendo a Bosch, proponen que Díaz Grullón inscribe la literatura dominicana en el tema urbano, otro escritor dominicano ve en su obra “una unidad de vida donde el dominicano no está dividido entre el hombre de campo y el de la ciudad sino que constituye una amalgama de la que podemos obtener tipologías ambivalentes” (27). Esta condición se aprecia, sobre todo, en Crónicas de Altocerro, donde el lugar es un enclave urbano metido en una montaña, y sus habitantes son urbanos y rurales a la vez, como ocurría en las ciudades dominicanas hasta mitad de siglo XX. Sin embargo, en estos cuentos, en ningún momento el personaje, de la condición social que venga, actúa fuera de clase. En ningún momento el planteamiento de lo psicológico o de lo absurdo crea rechazo en el lector. En muchas ocasiones se siente el humor negro, el juego del autor con el lector.
Díaz Grullón mantiene en la mayoría de sus cuentos el tratamiento de causa–efecto predominante en la narrativa del siglo XIX, que tiene inicio, desarrollo, crisis y final. En casi todos sus cuentos, la crisis está, precisamente, en ese final inesperado que tanto le atrae. En algunas ocasiones el cuento se desarrolla en forma circular; finaliza donde comienza; y queda todo sin conclusión, sujeto a un nuevo comienzo. También utiliza la técnica de la regresión, que usó Alejo Carpentier en su cuento “Viaje a la semilla”: la historia comienza al final y vuelve linealmente en el tiempo, hasta el comienzo. El lenguaje de Díaz Grullón es el de un hombre educado, diestro en el uso de las letras, que no precisa utilizar palabras inusuales para deslumbrar a su lector, aunque podría hacerlo. Su poca estima por la metáfora viene, probablemente, de su deseo de lograr esa neutralidad conductivista que no admite posibles ambigüedades o interpretaciones asumidas.
Todos los cuentos de Díaz Grullón, hasta los más fantásticos, son coherentes. En “Círculo”, la secuencia de la transformación del personaje y su vuelta a la cotidianidad sigue una lógica que va, con toda naturalidad, de la realidad, a la irrealidad, de nuevo a la realidad. El cuento más difícil, “Punto de vista”, que leí varias veces para entenderlo, una vez captado, resulta aleccionador: un ser desprecia a otro por monstruoso sin darse cuenta de que es más monstruoso que el otro. “No debemos burlarnos de los demás por sus defectos” es, quizás, un planteamiento moral que el autor no se propuso hacer.
A pesar de que sus cuentos responden a las corrientes sicológica y de lo absurdo, y de que entran de lleno en la intimidad o subjetivismo de sus personajes, los puntos de partida de Díaz Grullón están fundados en la realidad más cotidiana. “Caín” expone las relaciones entre dos compañeros de la Primaria que se encuentran después de años que no se ven; el ambiente, el trato entre ellos, las introspecciones que se hace el narrador, todo es de una ordinariez que no prepara al lector para el final desolador, coherente con la reacción sicológica del narrador. “Más allá del espejo”, un cuento del absurdo, comienza en una tienda de antigüedades igual a cualquier otra conocida por el lector, que sigue con interés lo inesperado de la maniobra del personaje desde que pasa por delante de un espejo y no nota su imagen reflejada, hasta que entra al espejo para hablar con el ser que lo espera del otro lado.
La concisión de Díaz Grullón, con “una tendencia decidida por la frase precisa, breve, de muy escasa adjetivación”, hace que las imágenes que crea también sean concisas, aunque no tan breves, porque algunas son secuenciales, siguen una a la otra para crear la imagen totalizadora que, en el caso de los cuentos sicológicos, deberá ilustrar al lector para entender los apremios del personaje, y, en el caso de los cuentos del absurdo, deberá abrumarlo para obligarlo a encontrar la razón lógica a lo ilógico de la situación. La secuencia de imágenes en “El pozo sin fondo”, de tendencia sicológica, da una idea al lector de cómo el niño se mueve en su ámbito, qué busca, cómo se entretiene, y cómo, finalmente, encuentra un hecho real que lo ayuda a descifrar un hecho figurado que lo inquieta. La secuencia de imágenes en “Círculo”, de tendencia del absurdo, en la que el personaje se transforma y pierde su movilidad, es la misma que se obtiene con un grupo de fotografías que se pasan rápidamente una tras otra, una sobre otra, para crear la idea de movimiento (en este caso, de inmovilidad), el principio en que se basa la cinematografía.En la relación entre el sentido y la forma, lo importante del sentido es el tema; cómo éste se desarrolla; cómo, según se maneje de una u otra manera, se logra impactar al lector. De ahí la trascendencia de su relación con la forma. Hay estudiosos que consideran el sentido y la forma una misma cosa (28), ya que dar sentido a algo sin considerar la forma adecuada para hacerlo, no tendría los resultados que se proponen. En Díaz Grullón, esa secuencia de imágenes, ese ser conciso, ese tratamiento conductivista del cuento, logran una total correspondencia entre sentido y forma, ya sea en la interpretación lógica de una narración sicológica, con un personaje que hace interiorizaciones y toma decisiones en base a éstas, ya sea en la visualización ilógica de una narración del absurdo, donde el personaje se deja llevar por la irrealidad interpretada como la realidad. Hay algo muy curioso en Díaz Grullón: debido a que el autor se precia de no pontificar y se cuida de no ser explícito, los temas de sus cuentos no son evidentes, tampoco hay en ellos propuestas de moralejas (no importa si un lector avispado las quiera encontrar), aunque sí aparecen situaciones humanas muchas veces desgarradoras. Esto hace que el lector se deleite en seguir la trama, en descifrar al personaje, en tratar de descubrir el final inesperado, y se olvide de que existe un tema que fusiona y le da coherencia al todo, por lo que le resulta tan grata la lectura que hace de la obra. Este manejo positivo de hilos ocultos como los que mueven a un títere es sencillamente genial.
Entendemos que en la obra cuentística de Bosch se dan incursiones de lo simple a lo menos simple. En todos sus cuentos, Bosch mantiene las reglas que había propuesto: “persistir en el tema central; extraer al tema elegido las consecuencias últimas, con garra de animal de presa; hacer que el relato conserve el tamaño de su propio universo; no darle al relato medidas fraccionadas y distintas; y conseguir un final que sea siempre sorpresivo para el lector…” (29). Manteniendo estas reglas, en sus primeros cuentos escritos antes del exilio (30) Bosch concibe cuentos directos, de temas perceptibles, basados en la realidad que viven los personajes, manejados dentro del verismo o el “realismo social”. Algunos pretenden que con el cuento “Dos pesos de agua”, incluido en este período, Bosch se inicia en lo real maravilloso. Yo no estoy tan convencido. En este cuento aparecen las Ánimas del Purgatorio, seres irreales provenientes de la cotidianidad tradicional, nada fuera de lo común, aunque actúen fuera de contexto. Como cualquier autor de cuentos de hadas, ogros o gnomos, construidos para entretener o ilustrar, nuestro autor utiliza aquí un recurso de la imaginería popular religiosa con el propósito de presentar un tema sobre un principio muy valorado por los socialistas: la inutilidad de buscar soluciones a los males a través de la religión. Bosch sencillamente enriquece una tradición cuentística que viene de centurias. Ya en los cuentos escritos en el exilio, aparecen “El difunto estaba vivo” y “La mancha indeleble”, con sus influencias de lo real maravilloso y de lo fantástico absurdo. La diferencia entre “Dos pesos de agua” y estos cuentos es que, mientras en el primero los protagonistas son las Ánimas, personajes imaginarios, que actúan de acuerdo a su irrealidad, en los otros dos los protagonistas son hombres comunes y corrientes que viven una experiencia irreal, pero humana, lo cual crea lo mágico, lo maravilloso en su realidad personal. “El difunto estaba vivo” y “La mancha indeleble” significan un cambio hacia la complejidad en el manejo de la imagen.
Hay, además, un cuento, que deja de tener ese relatar sencillo, consecuente, atractivo que Bosch maneja genialmente. Se trata de “El indio Manuel Sicuri”, en el que Bosch abandona el lugar de todos sus otros cuentos, la región del Cibao, y se mete por las “pétreas vertientes de los Andes” (31). Aunque impecable en su confección, su relato aquí es extenso, con descripciones y explicaciones que abruman al lector, acostumbrado al Bosch ágil y consecuente; es como si la falta de familiaridad con los ambientes y grupos sociales conocidos lo forzara a explayarse. Este cuento, además, es uno de sus más largos. Para claridad de la argumentación, hay que entender que estas complejidades en el recontar de Bosch fueron sólo digresiones a su vertiente principal, el verismo o “realismo social”, donde prácticamente, no hubo cambios de contenido y sí aumento de la riqueza expresiva. Estas digresiones son interesantes porque nos dan una idea de lo que hubiera podido ser el Bosch más maduro, el cuentista que se dedicó a la política.
En cuanto a Díaz Grullón, entendemos que trabaja con dos tendencias literarias secuenciales en el tiempo histórico que significaron un enriquecimiento en la narrativa universal. La introspección sicológica, iniciada en el siglo XIX por Stendhal como una asociación de ideas, culminó en el siglo XX con el monólogo interior de James Joyce. El absurdo de Kafka tenía precedentes en el siglo XIX en la narrativa de ciencia ficción de Julio Verne, pero es Kafka quien le da el sentido de una experiencia interior del hombre en su interpretación de la vida, y lo lleva a una aventura sobrenatural y, en algunos casos, hasta metafísica, como en “La pareja”, de Díaz Grullón, donde un suicidio se convierte en una revelación del ser (32). Ambas tendencias implican un paso de complejidad en la narrativa del siglo XX. Esta narrativa, donde prevalecen las particularidades de la psiquis, es la más apreciada por los críticos como Milan Kundera, y continúa con gran fuerza en el siglo XXI. Siguiendo esta línea, la mayoría de los críticos postmodernos consideran un retroceso literario adoptar las técnicas y los temas del siglo XIX, especialmente la linealidad y el historicismo. Asimismo, el “realismo social” desarrollado a principios del siglo XX es considerado “político”; para que tenga vigencia en la actualidad, debe “humanizarse”, es decir, debe ofrecer “respuestas desideologizadas a los problemas de miseria, desintegración familiar, drogas, delincuencia, paro, etc., que se dan en la sociedad de nuestros días” (33).
En la comparación entre las dos cuentísticas tratadas, en el caso de la de Bosch predomina la enunciación de confrontaciones entre los hombres como resultado de eventos exteriores, y en el caso de Díaz Grullón predomina la exposición de la realidad síquica del hombre. Es el paso a una complejidad temática apoyada en una estructura secuencial que eventualmente conducirá a los autores del cuento dominicano a la adopción de técnicas como el monólogo interior, la no continuidad del tiempo y el espacio, la intertextualidad, y otras, de las cuales hacen uso autores de la década de 1960, como René Del Risco Bermúdez y Enriquillo Sánchez, quien además adoptará un surrealismo subjetivo e ilógico, ambos del Círculo Cultural El Puño, fundado en 1965. En la década siguiente, con una primera publicación de cuentos en 1978, surgirá Pedro Peix, quien, basado en la experiencia de los otros, incursionará en casi todas las técnicas de las vanguardias. Todos ellos son autores extraordinarios del cuento dominicano.
1) Homero, Odisea, Barcelona, Clásicos Universales Planeta, 1990
.2) Gautier, Manuel Salvador. “Una incursión tardía en el clasicismo. Principios, características, imágenes. Inicio del Período Clásico en la Literatura Griega y Universal”, Ensayos, en Pasión por la Literatura.
3) Miguel de Cervantes. autor de El Quijote de la Mancha. La Biografía. Dirección Google:
www.aache.com/quijote/autor.htm - 35k –
4) Sevilla Arroyo, F. El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha. Enciclopedia Universal /Micronet/ 1998. Dirección Google:
http://www.aache.com/quijote/libro.ht5) Pequeño Larousse Ilustrado. Editorial Larousse. 1969. P. 137.
6) Postmodern literature. Wikipedia, the free encyclopedia. Dirección Google:
http://en.wikipedia.org/wiki/Postmodern_literature7) Céspedes, Diógenes. “Los cuentos dominicanos más sobresalientes del siglo XX”. Ob. Cit..
8) Céspedes, Diógenes. “Los cuentos dominicanos más sobresalientes del siglo XX”. Ob. Cit..
9) Céspedes, Diógenes. “Los cuentos dominicanos más sobresalientes del siglo XX”. Ob. Cit..
10) Diego Rivera. De Wikipedia, la enciclopedia libre. Rivera se inscribió en el partido comunista en 1922. Dirección Google:
http://es.wikipedia.org/wiki/Diego_Rivera11) Verismo. De Wikipedia, la enciclopedia libre. Dirección Google:
http://es.wikipedia.org/wiki/Verismo12) Ferro, María Antonietta. “Juan Bosch y Giovanni Verga, algo más que el mismo nombre. Comparación entre dos cuentistas”. Viernes 27 de abril. Feria del Libro 2007.
13) Librería hispana. Virgilio Díaz Grullón. Dirección Google:
http://www.libreriahispana.com/virgilio/14) Barna, Tomás. “La Introspección y el Sueño en el Microcosmos KAFKA”. Dirección Google:
http://www.lamaquinadeltiempo.com/Kafka/TomasKaf.htm15) Gautier, Manuel Salvador. “Nadie sabe vivir o morir”. Ensayo, Sobre Crónicas de Altocerro, cuentos de Virgilio Díaz Grullón, Panel sobre la vida del autor, organizado por el Departamento de Letras, Universidad Autónoma de Santo Domingo, 2001
16) Díaz Grullón, Virgilio. Crónicas de Altocerro. Editora Alfa & Omega, Santo Domingo, República Dominicana. 1994.
17) Gautier, Manuel Salvador. “Nadie sabe vivir o morir”. Ob. Cit.
18) Díaz Grullón, Virgilio. Cuentos completos. Editora Cole. 2002. P.52. En esta publicación este cuento se llama “Ratones”.
19) Gautier, Manuel Salvador. “Nadie sabe vivir o morir”. Ob. Cit.
20) Gautier, Manuel Salvador. “Nadie sabe vivir o morir”. Ob. Cit.21) Díaz Grullón, Virgilio. Cuentos completos. Ob. Cit. P. 59.
22) Díaz Grullón, Virgilio. Cuentos completos. El behaviorismo. Ob. Cit. P. 47
23) Díaz Grullón, Virgilio. Cuentos completos. Ob. Cit. P. 53.
24) Díaz Grullón, Virgilio. Cuentos completos. Ob. Cit. P. 109.
25) Díaz Grullón, Virgilio. Cuentos completos. Ob. Cit. P.131.
26) Díaz Grullón, Virgilio. Cuentos completos. Opinión de Pedro Vergés. P. 36.
27) Díaz Grullón, Virgilio. Cuentos completos. Opinión de Manuel Rueda. Pp. 39 – 40.
28) Meschonnic, Henri. CRISIS DEL SIGNO política del ritmo y teoría del lenguaje. Ediciones Ferilibro 2000. Traducción de Guillermo Piña Contreras. P. 26.
29) Bosch, Juan. Cuentos más que completos. Prólogo de Sergio Ramírez. Ediciones Alfaguara. México D. F. 2001. Pp. 14-15.
30) Bosch, Juan. Cuentos más que completos. Ob. Cit..
31) Bosch, Juan. Cuentos más que completos. Ob. Cit. P. 241.
32) Díaz Grullón, Virgilio. Cuentos completos. Ob. Cit. P. 244
33) Cine social: un género europeo.
http://www.conferenciaepiscopal.es/cine/pantalla_90/2004/FEBRERO/flashbac.htm*Conferencia dictada el 5 de julio de 2007, en la sede de la Academia Dominicana de la Lengua, en la Calle Mercedes de la Ciudad Colonial.